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Poner en alto
Por Raúl de la Horra - Guatemala, 10 de marzo de 2007

Y es que el mundo nos conoce por nuestras carencias y barbaridades.

Hay una frase estereotipada que nunca he entendido y que traduce nuestra sensibilidad meliflua al referimos a nuestro país. Se trata de la expresión: “Hay que poner en alto el nombre de Guatemala”.

Es una máxima que las almas ingenuas y poco cultivadas emplean con frecuencia y con las mejores intenciones, pero sin saber exactamente lo que significa.

En una cultura saturada de ambigüedades (“tal vez, puede que sí, veremos”) destinadas a camuflar nuestra falta de claridad y de precisión en casi todo, “poner en alto” parece ser la frase cantinflesca que pretende lanzar el nombre de nuestro país hasta las cumbres del Himalaya con el propósito de provocar la admiración universal.

Piadoso e inútil deseo, puesto que el nombre de Guatemala destaca ya bien alto en el firmamento, aunque no como astro incandescente, sino como agujero negro. Y es que el mundo nos conoce fundamentalmente por nuestras carencias y barbaridades, y no por lo que aparentamos ser. Nos conoce por aquello en lo que descollamos, en lo que somos expertos: en el arte de la ignominia.

“Poner en alto” suena tan insulso y carente de sentido como “colocar arriba” o “meter encima”.

¿Arriba o encima de qué? ¿Acaso en la techumbre de nuestras conciencias para silenciar el horror de tanto cadáver, de tanta injusticia, y taparle el ojo al macho, como decimos?

Pienso que cuando en nuestra sociedad se respeten las leyes y se practique la moral cristiana, cuando cada persona tenga acceso a la educación, a la salud y a un puesto decente de trabajo, entonces no habrá necesidad de poner el nombre del país en ninguna parte, porque seremos nosotros mismos, como ciudadanos, los que habremos alcanzado las alturas de la dignidad y resplandeceremos con luz propia.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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