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Dolor de alma
Por Raúl de la Horra - Guatemala, 21 de marzo de 2007

Si sufrimos de un dolor de muelas, vamos al dentista. Y al gastroenterólogo si nos duele el estómago. Sin embargo, nos da miedo ir al psicólogo, al psicoanalista o al psiquiatra cuando nos sentimos abrumados o tenemos algún problema personal, familiar o laboral, porque creemos que “eso es para locos” o “qué dirá mi familia”.

Visto el interés que el tema suscita y el poco conocimiento que tenemos al respecto, explicaré hoy, y los dos sábados venideros, cuáles son las diferencias que hay entre los distintos profesionales que se ocupan de la salud mental, esperando que sea de utilidad para los interesados.

El psicólogo clínico es un profesional que ha estudiado el funcionamiento de la mente y del comportamiento humanos y, si es competente, estará en capacidad de guiar a las personas para que éstas resuelvan sus dificultades. Es deseable, sin embargo, que posea una formación suplementaria en psicoterapia, es decir, que sea psicólogo-psicoterapeuta.

El psicoterapeuta es un experto (psicólogo, educador, médico, trabajador social, etc.) que se ha especializado en alguno de los diferentes métodos psicoterapéuticos que existen. De entre estos métodos, quizás el más famoso sea el psicoanálisis, aunque en los últimos 25 años han surgido otros, inspirados en distintos modelos (terapias cognitivas, sistémicas, integrativas, etc.).

El psicoanalista es un psicoterapeuta que no necesariamente es psicólogo ni médico, pero que se ha capacitado en psicoanálisis. Sin embargo, muchos psicólogos y algunos psiquiatras practican este enfoque. El inconveniente de esta psicoterapia es que suele ser larga y costosa, y sus resultados no necesariamente superiores a otras, más cortas y menos onerosas.


Este es el segundo de tres artículos sobre las diferencias entre los profesionales de la salud mental. Puesto que muchos lectores no tienen noción de quiénes son estos enigmáticos “médicos de almas” ni qué hacen, tal vez estas líneas aclaren algo al respecto. Vimos ya las características de los Psicólogos, de los Psicoterapeutas y de los Psicoanalistas. Veamos ahora la última categoría, la de los Psiquiatras.

Los Psiquiatras son médicos que han seguido alguna de las infinitas especialidades de psiquiatría, que es la disciplina que se ocupa del tratamiento de “enfermedades” de índole psicológica (psicopatologías) desde una visión organicista y a menudo patologizante de los problemas humanos, y por eso la terapia que aplican suele centrarse en el uso de fármacos. Algunos utilizan, además, métodos psicoterapéuticos, pero pocos poseen una formación en ese campo. A las personas que están siendo tratadas por psiquiatras se les recomienda que hagan también una psicoterapia, pues los medicamentos actúan a nivel químico pero no simbólico, es decir, que si los problemas no se hablan o ventilan, no cicatrizan.

¿A quién dirigirse entonces? Difícil pregunta. En Guatemala hay psicólogos clínicos y psiquiatras competentes, pero pocos psicoterapeutas especializados en el extranjero. La recomendación derivada de pacientes es el método más utilizado para contactarlos, aunque no siempre el profesional que funciona con unos funcionará igualmente bien con otros. Cada uno posee habilidades específicas y es de esperar que muestren también empatía, sentido del humor, inteligencia, apertura, disponibilidad y respeto, cualidades fundamentales cuando se trabaja con el interior del ser humano.


Este es el tercero y último de los artículos consagrados a las disciplinas de la salud mental. Decía al inicio que si uno tiene dolor de muelas, va al dentista; y si nuestra empresa está en crisis, no dudamos en consultar a un experto; pero si nos sentimos agobiados por algún problema, antes que ir al psicólogo o al psicoterapeuta preferimos insistir en soluciones que no dan resultado y hasta lo empeoran, o bien intentamos ignorarlo. El resultado final es similar al del diente enfermo: tarde o temprano nos hace tanto daño que creemos enloquecer.

Bajo ninguna circunstancia debería avergonzarnos consultar a un profesional para que nos ayude a resolver las dificultades de relación que tenemos con el mundo. De hecho, todo problema suele ser de índole relacional y repercute negativamente tanto en lo psicológico como en lo orgánico. Buscar orientación no es una prueba de debilidad o de cobardía, sino de inteligencia y de valor. El psicólogo puede servirnos para ver lo que está funcionando mal y guiarnos en la búsqueda de un punto de vista más objetivo con respecto a lo que nos aflige.

Todos poseemos un sinfín de capacidades y habilidades que hemos aprendido en determinados contextos, pero que no sabemos aplicar en el ámbito de nuestro problema. A menudo ni siquiera estamos conscientes de que las tenemos, y el trabajo psicoterapéutico consistirá en conectarnos con ellas para descubrirlas (descubrirnos a nosotros mismos), creando nuevas y más productivas opciones de sentir, de pensar y de comportarnos. La psicoterapia nos hace así más libres al enseñarnos a dejar de ser víctimas de una situación, transformándonos en sujetos de nuestra historia. Por eso es que yo la recomiendo fervientemente.

Fuente: www.elperiodico.com.gt - 17, 240307 y 030307


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