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Vulnerabilidad
Por Raúl de la Horra - Guatemala, 24 de marzo de 2007

Por eso es que somos presa fácil de la corrupción.

Los seres humanos somos altamente vulnerables: nos atemoriza la posibilidad de ver amenazada la propia integridad física o psicológica, así como la de nuestros seres queridos. Si se carece de una estructura psicológica fuerte y estable, validada socialmente por la confianza en las instituciones (familia, leyes, Estado) y por una cultura de la solidaridad (hábitos y actitudes de nuestros congéneres), entonces nos sentiremos impotentes ante la arbitrariedad de los diferentes poderes que tratarán de doblegar nuestra voluntad en función de sus intereses.

En un país como el nuestro, donde el tejido social está lleno de agujeros por los que se cuelan los vientos de la injusticia y la impunidad, sería como pedirle peras al güicoy pretender que nuestros ciudadanos no sucumban ante las diferentes formas de presión que intentan hacernos bajar la cerviz.

Tres son las estrategias más utilizadas para manejarnos, sobre todo si somos débiles e ignorantes (y todos lo somos un poco): 1) El soborno: “Si haces lo que quiero, te daré lo que necesitas”. 2) El chantaje afectivo: “Si no haces lo que quiero, sufriré y tú tendrás la culpa”. Y 3) La amenaza: “Si no haces lo que quiero, lo pagarás caro”.

Por eso es que somos presa fácil de la corrupción: porque nos sentimos indefensos ante tales manipulaciones, lo que explica el estado de descomposición o de “anomia” (pérdida del vínculo social, ausencia de normas) en el que nos encontramos. El único vínculo que todavía nos protege es la identificación con la familia y con la tribu, pero ello ya no basta para sobrevivir en un mundo en el que las luchas por los mercados y por la rentabilidad se han convertido en la motivación más poderosa de la acción humana, valga decir, en el Dios supremo.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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