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Ecuaciones
Por Raúl de la Horra - Guatemala, 21 de abril de 2007

Un pueblo condenado a repetir el pasado piensa que el mundo es como él supone.

Hay una ecuación que no falla: a más pobreza, menos lectura. A menos lectura, menos ideas. A menos ideas, más imbecilidad. Y a más imbecilidad, más intolerancia, más apatía, más autosuficiencia.

Un pueblo que no lee –aunque conozca el abecedario– es un pueblo iletrado que vive en una sola dimensión, plana y rectangular, donde la complejidad del universo se reduce a cuatro verdades infranqueables como tapias.

Un pueblo que vive al interior de cuatro verdades infranqueables no se cuestiona y no busca, porque cree haber encontrado. Y un pueblo tan candorosamente sabiondo es un pueblo ciego, aburrido, incapaz de reírse de sí mismo.

Un pueblo incapaz de reírse de sí mismo no imagina, no sueña y no inventa. Y un pueblo que no inventa es un pueblo sin futuro que carece de presente porque está condenado a repetir el pasado.

Un pueblo condenado a repetir el pasado piensa que el mundo es como él supone. Por eso no entiende a otros pueblos y ni siquiera se entiende a sí mismo. Su mente se ha petrificado ante la galaxia de Gutemberg y su gran temor es que ésta lo engulla y lo arrastre hacia la modernidad.

Un pueblo que rehusa entrar en la modernidad odia leer libros y por eso no sabe de qué hablar ni cómo, pues su vocabulario es pobre, sus ideas son limitadas y su comunicación es escasa. Un pueblo así vive en el limbo: no escucha, no dialoga, no discute, sólo repite fórmulas vacías y estereotipadas.

Un pueblo que repite fórmulas que remedan el pensamiento es un pueblo descerebrado al que se le cae la baba. Por eso resulta terriblemente fotografiable y manipulable, y cualquier retrasado mental con un poco de astucia puede prometerle desde una tribuna que modificará todo en el país para que nada cambie, y el pueblo lo aplaudirá.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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