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Retos de las izquierdas guatemaltecas[i]
Por Ruth del Valle - Guatemala, 30 de octubre de 2007

Introducción

Hace diez años, escribimos un artículo con Miguel Ángel Albizures, hablando de la renovación de la izquierda en Guatemala. He releído nuestras ideas, y considero que mantienen su vigencia.

Para empezar, creo que debemos ratificar que hay varias versiones de izquierda, hay varias izquierdas, pero consideramos izquierda en general a aquellas posiciones transformadoras, revolucionarias, no reformistas ni obstaculizadoras de procesos. Aquí, me referiré siempre con el singular, aunque ello involucra a todas las izquierdas guatemaltecas.

Como dice Frei Betto, ser de izquierda es, desde que esa clasificación surgió con la Revolución Francesa, optar por los pobres, indignarse ante la exclusión social, inconformarse con toda forma de injusticia o, como decía Bobbio, considerar una aberración la desigualdad social.

Ser de derechas es tolerar injusticias, considerar los imperativos del mercado por encima de los derechos humanos, encarar la pobreza como tacha incurable, creer que existen personas y pueblos intrínsecamente superiores a los demás.

La izquierda camina hacia la utopía de concretar los ideales de justicia, equidad, libertad y democracia. Para ello, debe buscar el poder, pues sólo desde el poder se pueden hacer estas construcciones. Ello no significa que sea únicamente el poder del Estado, sino también puede ser el poder social.

Sin embargo, algo está claro desde el principio: o la izquierda produce una revolución a su interior o nos vamos a quedar diletando y lamiéndonos las heridas.

La izquierda en la historia guatemalteca

En la historia de Guatemala, la izquierda ha estado presente permanentemente, siendo protagonista de los grandes cambios históricos: la insurrección de 1920 con el surgimiento del Partido Comunista y el anarquismo; la lucha contra la dictadura de Jorge Ubico con la Revolución de Octubre; la resistencia a la Contrarrevolución; la lucha contra la dictadura de Ydígoras y el aporte de las jornadas de marzo y abril, el inicio del movimiento guerrillero; la lucha contra los gobiernos militares de los años 70-80; la lucha revolucionaria, guerrillera; las negociaciones de paz que, aunque no produjeron un marco ideal, es una base para la construcción de una Guatemala diferente; la defensa abierta de los derechos humanos y la lucha contra la impunidad.

Ser de izquierda en aquellos años, significó muerte, desaparición, tortura, exilio… hoy debemos rendir homenaje a quienes nos precedieron en el camino, muchos de ellos los más preclaros y preparados hijos de la revolución. Ser de izquierda implicó abanderar la lucha armada, porque los espacios políticos fueron cerrados; alzarse en armas, porque no se podían combatir las balas sólo con pensamiento… significó la vida clandestina incluso para el movimiento social.

La izquierda ha entregado sangre a la patria para que hoy podamos estar sentados en un foro hablando sobre la izquierda, para que hoy podamos reconocer nuestra militancia revolucionaria y decir, con orgullo, que somos de izquierda, que somos socialistas, que somos comunistas, aunque no estemos libres de los dinosaurios que siguen atentos nuestros pasos, para dar el zarpazo asesino.

Ser de izquierda
Entre algunos se ha vuelto una moda decir que son de izquierda, porque ahora ya no es mal visto. Incluso hay quienes inventan un pasado de izquierda que no tuvieron, pero que en el medio de la lucha social es importante porque da cierta posición.

Ser de izquierda es trabajar por una Guatemala que no sea excluyente, que no sea injusta e inequitativa en la distribución de la riqueza, que garantice el desarrollo de los más pobres, que escuche las voces de la diversidad y aproveche esa riqueza, que no discrimine a los demás por ningún motivo, que respete plenamente los derechos humanos de todos y todas, donde cada persona sea importante y tenga oportunidad de participación. Queremos un Estado de Derecho, pero donde las leyes no criminalicen la pobreza, la lucha social, la defensa de los derechos humanos, donde las leyes sean justas y donde la justicia no tenga privilegios.

Ser de izquierda es trabajar por estas transformaciones profundas, de esencia y no sólo de forma. El hecho de que un proyecto de socialismo haya sido desvirtuado no anula los grandes principios ideológicos, teóricos y políticos del pensamiento de izquierda.

Los espacios de acción de las izquierdas
Las izquierdas tienen muchos espacios de acción, entre ellos el electoral y el social. A nivel electoral, ya hemos visto un retroceso en las intenciones de voto, hemos metido menos diputados al Congreso, hemos perdido espacios de alcaldías, entre otras cosas. Pero también hemos sido víctimas de fraudes abiertos y técnicos, y no hemos tenido la capacidad de pararlos (en parte, porque los fraudes se han cometido con todo el respaldo del aparato del estado y del poder económico, legal e ilegal).

Hay quienes dicen que la izquierda no está preparada para incursionar en el proceso electoral y, posiblemente, tengan razón. Es cierto que nos preparamos para la lucha clandestina, política y militarmente, y que los espacios “legales” no son nuestro fuerte; sin embargo, a quienes sostienen esta idea, les digo que deberíamos revisar también dentro de qué ambiente electoral nos movemos, hecho a la medida para los partidos del capital y no los partidos de la población.

En lo social, lamentamos mucho cómo muchos de los llamados de izquierda ya ni siquiera marchan el 20 de octubre, reivindicando la Revolución. Este pasado 20 de octubre hubo mucha gente ausente y, en el parque, los discursos fueron débiles, con poco contenido, y entre las pancartas se demandaba más la libertad de Nery Barrios que los efectos de la globalización y el TLC. En las organizaciones sociales también encontramos a personas que quieren parecer “neutrales”, sin identidad político-partidista, sin reconocerse de izquierda, incluso encontramos uerrenegistas vergonzantes (aquellos que niegan haber sido miembros de URNG… ¿para qué? ¿para congraciarse con quién? ¿Por qué están en posiciones cercanas al gobierno?)

Los retos de las izquierdas
Uno de nuestros retos, aunque no le guste a muchos que lo recordemos, es superar el autoritarismo, el hegemonismo, el comandantismo, el verticalismo, que en otros años, en los momentos más álgidos de la guerra, fue en alguna medida necesario (aunque personalmente pienso que se abusó de él). Hay que reconocer que los viejos vicios están arraigados y que, permanentemente, nos encontramos con acciones autoritarias de compañeros y compañeras dentro del movimiento de izquierda. Sin ir muy lejos, en el reciente esfuerzo de MAIZ escuché a alguien decir que la democracia es una cuestión teórica, al ser cuestionado por no tomar en cuenta una propuesta mía en una asamblea. Teoría sobre la democracia y sobre la izquierda hay mucho escrito, pero falta la práctica y voluntad real de cambio.

Otro reto es responder a las demandas de la población, abordando los temas de género, etnia, juventud, diversidad sexual, etc., de manera profunda, superando el patriarcalismo, el machismo, el racismo, la homofobia, dentro de las que hemos crecido. Un reto que tiene la izquierda en el movimiento social es convertirlo en un movimiento antisistémico, que se comprometa con la lucha contra el imperialismo, el neoliberalismo, y no sólo por sus demandas específicas, donde si bien es cierto es necesario hacerlas notar, hemos perdido el bosque por pensar sólo en las ramas, ni siquiera en los árboles. Recuperar todas las fuentes de ideología de izquierda, la teología de la liberación, nacionalismo, jacobinismo, marxismo, indigenismo, combinándolas para obtener un pensamiento propio guatemalteco, que pueda generar acción popular y movilización de los sectores pobres de la población. Habrá que generar la discusión sobre los temas específicos, sobre las acciones de grupos que no se reconocen de izquierda y con los cuales nos sorprendemos cada cierto tiempo cuando se sientan a negociar con los militares, los diputados del FRG, los oligarcas, entre otros, para lograr apoyos en sus agendas particulares…

Debemos recuperar la mística, la entrega, el compromiso, que caracterizaron a la izquierda y al movimiento social en los peores años de la guerra, cuando estudiantes, trabajadores, campesinos, confluían en una sola lucha contra los regímenes represivos. Debemos promover un pensamiento crítico y autocrítico, pero también propositito.

Otro reto es la unidad de las izquierdas, porque efectivamente la historia nos ha mantenido divididos, pero no hay posibilidades de ir hacia delante si no nos unimos, si vivimos vetando a los otros por no ser nuestros “amigos” o porque en el pasado tuvimos enfrentamientos con ellos. Debemos encontrar elementos de unidad en la diversidad, unirnos por las cosas comunes y no ver sólo las diferencias.

Romper con esa ya tan comentada capacidad de gente de la izquierda de sentarse a negociar con su peor enemigo y no a conversar con otros colegas de izquierda.

No debemos pensar tampoco que somos los únicos que tenemos la verdad, pues hay otras fuerzas democráticas y progresistas que, sin identificarse como izquierda, van por el mismo camino, pero tampoco debemos ser hegemonistas de que se unan pero a nosotros.

La agenda de las izquierdas
Para empezar, es necesario que las izquierdas nos sentemos abiertamente a debatir qué país queremos construir, cuáles deben ser sus bases y cómo lo vamos a lograr. Con quiénes nos vamos a aliar y cómo lo vamos a hacer. Aquí se hace importante el debate de la relación de la izquierda electoral con las izquierdas en los movimientos sociales, no para controlarlos y coptarlos como sucedió en el pasado, sino para caminar juntos. Seguramente ambos tenemos los mismos intereses generales.

Debemos comprometernos con la refundación del Estado, con cambiar las bases excluyentes sobre las que fue creado, dando prioridad a los grupos en sus necesidades más urgentes: alimentación, vivienda, salud, educación para abolir el apartheid social. Debemos trabajar por las demandas locales y específicas, tanto como por las demandas nacionales más globales.

Otro de los temas que la izquierda debe abordar es que su agenda debe, obligatoriamente, demandar una reforma agraria, se le llame como se quiera, pero abordando el tema agrario a fondo, tomando en cuenta la cuestión del desarrollo sostenible por sobre todas las cosas. Demandar reforma agraria en Guatemala es bastante mal visto no sólo por los dueños de la tierra, sino por las capas medias que no comprenden la situación y sólo piensan que tocamos temas
peliagudos. La tenencia de la tierra en Guatemala es un mal endémico que ha frenado el desarrollo y ha permitido la apropiación de un pequeño grupo.

Por otro lado, debe mantener una demanda de dignidad nacional, no entreguismo al capital extranjero, que es lo que se está haciendo con los recursos naturales y la minería a cielo abierto o las petroleras. Sin embargo, el discurso de que éstas sirven al desarrollo y generan empleos, no ha sido contrarrestado contundentemente con los efectos de la minería, y algunos sectores ven mal esta oposición.

Las demandas de mejores condiciones de vida para la población, también pasan por mejorar las condiciones laborales, garantizar el empleo, reducir la miseria y el hambre, etc. Esto no será posible si no tenemos un mejor sistema fiscal, más integral, efectivo, justo y equitativo, que no es de ninguna simpatía para quienes evaden permanentemente los impuestos en el país.

La izquierda debe asumir que su lucha también debe incluir a los nuevos movimientos sociales, aquellos que durante los últimos años han venido fortaleciendo su presencia y haciendo la diferencia en las luchas populares. Los pueblos indígenas, las mujeres, los grupos de derechos humanos, los grupos de la diversidad sexual, los artistas, las personas con discapacidades, entre otros. La lucha por los derechos de los pueblos indígenas es de primera línea para la izquierda, sobre todo en un país permeado por el racismo y la discriminación, a pesar de que no desconocemos el apoyo de organizaciones y elementos del movimiento indígena a gobiernos represivos. Con los pueblos y los movimientos indígenas hay que abrir el debate, para luchar juntos por la transformación de Guatemala, pero respetando sus reivindicaciones propias. El trabajo por la equidad de género y los derechos de las mujeres también deben estar presentes en la lucha de la izquierda, superando los viejos conceptos de que sólo la clase es importante, pues ha sido demostrada la importancia de considerar la condición étnica y de género en la lucha social. Debemos abordar a profundidad los temas étnicos, de género, de diversidad sexual, de juventud, etc., pero a profundidad, no de manera superficial y condescendiente, sino superando nuestro racismo, nuestro patriarcalismo, nuestra homofobia.

Pero hay otro elemento al que la izquierda no siempre se compromete, y es el tema del pasado… de la justicia por las violaciones a los derechos humanos, cometidas básicamente por el Estado. Los grupos de izquierda, especialmente la izquierda partidista-electoral, no se han comprometido con esta demanda de verdad, justicia y reparación que tienen las víctimas que sobrevivieron a la guerra.

Por otro lado, entendemos que es difícil para los grupos de izquierda que participaron durante la guerra, pero debemos enfrentar con hidalguía los errores cometidos durante ese período, los abusos, los asesinatos cometidos, informar a las víctimas sobre los restos de sus familiares, porque esa sombra no se borrará hasta que reconozcamos y pidamos perdón por estos hechos. En esta discusión, realmente no importa si el 3% de los hechos de violencia fueron cometidos por la izquierda y el 94% por el ejército y sus huestes… cada vida es importante, cada hecho es importante, y desde nuestra concepción humana distinta a la de los asesinos genocidas, debemos reconocerlo, ayudar a esclarecer los hechos y a sanar el dolor de quienes lo sufren.

Además, deben enfrentarse las acciones de intolerancia, autoritarismo, reñidas con el pensamiento de izquierda, que llevaron a varios compañeros críticos a ser víctimas de sus propios correligionarios. Uno de estos casos es el conocido de Mario Roberto Morales y, por qué no decirlo, yo también fui víctima de la estupidez de un militante del Partido Guatemalteco del Trabajo en la Nicaragua sandinista, donde se llenaron la boca de ser revolucionarios, y hoy tienen hasta ONGs de defensa de los derechos humanos o de investigación social.

Renovarse o Morir, sigue siendo la máxima para la izquierda... seguir renovándose, seguir buscando su propio camino ideológico y político dentro de una sociedad conservadora, machista y discriminadora, golpeada por la guerra, acostumbrada a la violencia, que diariamente se enfrenta a la miseria, la inseguridad, el hambre y la opresión. Si la izquierda no comprende esta necesidad, estará destinada a morir.

[i] Ponencia presentada por Ruth del Valle en el Foro "Presencia Política de la Izquierda: Pasado y Presente", realizado el 26 de octubre de 2007, dedicado a Oliverio Castañeda de León y Alfonso Bauer Paiz.

Guatemala, 30 de occtubre de 2007


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