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Mayo en nuestros corazones
Por Ruth del Valle Cóbar - Guatemala, 8 de mayo de 2018

En 1984 mayo se convirtió en un mes fatídico para la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU) «Oliverio Castañeda de León», pues varios de sus dirigentes fueron detenidos y desaparecidos por el régimen militar que dirigía el general Oscar Humberto Mejía Víctores, quien llegó al poder después de derrocar al general Efraín Ríos Montt, de quien había sido su ministro de Gobernación. Varios cientos de dirigentes sindicales, campesinos, religiosos, indígenas y estudiantiles fueron víctimas de la represión militar ese mismo año.

Empezó con la captura, el 15 de mayo, de tres de los principales dirigentes de la AEU, a inmediaciones del Conservatorio Nacional en la zona 1 capitalina: Carlos Ernesto Cuevas Molina, estudiante de Sociología, presidente del Comité Ejecutivo de la AEU; Otto René Estrada Illescas, estudiante de Ciencias Económicas y miembro del Sindicato de Trabajadores de la USAC (STUSC) y del Comité Ejecutivo de la AEU, y Rubén Amílcar Farfán, estudiante de Humanidades, miembro del Comité Ejecutivo de la AEU, trabajador de la Editorial Universitaria y delegado en el Consejo de Representantes del Sindicato de la USAC (STUSC).

Cuatro días después, el 19 de mayo, es capturado y desaparecido en la zona 8, Sergio Leonel Alvarado Arévalo, estudiante de Ciencias Económicas y miembro del Comité Ejecutivo de la AEU.

Dos días después, el 21 de mayo, en varios operativos, son detenidos Gustavo Adolfo Castañón Fuentes, Irma Marilú Hicho Ramos y Héctor Alirio Interiano, quienes también eran miembros del Comité Ejecutivo de la AEU.

Ninguno de estos siete dirigentes de la AEU regresó a sus hogares y sus familias, fueron «desaparecidos» por las fuerzas de seguridad del régimen militar de Mejía Víctores.

Todos eran jóvenes que buscaban cambiar las estructuras desiguales y excluyentes del país, cada uno desde sus intereses profesionales y académicos, pero les unía el amor a la gente de Guatemala.

La detención y posterior desaparición forzada de este grupo fue lo que estimuló a sus familiares que se quedaron en el país, a organizarse para buscarlos; otros familiares tuvieron que irse para salvar sus vidas. De ahí surgió el Grupo de Apoyo Mutuo (GAM), el 4 de junio de 1984.

Las mujeres –principalmente– que fundaron el GAM recibieron presiones, amenazas e intimidaciones, para que dejaran de reclamar a sus familiares. Recuerdo a Rosario Godoy Aldana diciendo: «O me devuelven a Carlos [Cuevas] vivo o me llevan a mí también». El 30 de marzo de 1985, después de una reunión con el gobernador departamental de Guatemala, «hombres desconocidos, vestidos de civil, capturaron a Héctor Orlando Gómez Calito», quien era el vocero del GAM; su cadáver torturado apareció al día siguiente. Rosario hizo un discurso en el entierro de Héctor.

El 4 de abril Rosario salió de su casa con su hermano, Maynor René, y su pequeño hijo de dos años, Augusto Rafael. No regresaron, por lo que la madre comenzó a buscarlos; sus cadáveres fueron encontrados por Villa Canales, lugar lejano al que Rosario se dirigía cuando salió de su vivienda. Los cadáveres estaban torturados, incluso el de Augusto Rafael, según declararon testigos, a quien le habían arrancado las uñas.

En el conocido como Diario Militar aparecen la mayoría de los dirigentes estudiantiles que fueron detenidos y después desaparecidos por el régimen de Mejía Víctores; todos ellos tienen la anotación «300» y una fecha. Según quienes han analizado estos documentos, 300 significa que habían sido ejecutados. Las investigaciones también han permitido identificar la responsabilidad del Ejército y la Policía Nacional en las detenciones, torturas y ejecuciones de quienes ahí aparecen, lo cual fue ratificado con la identificación de los restos de al menos 5 personas que están fichadas en el Diario Militar y cuyas osamentas fueron encontradas en el destacamento de Comalapa. Esto no deja lugar a ninguna duda sobre la responsabilidad militar en los hechos.

La captura de la dirigencia desarticuló a la AEU, provocado que pasaran varios años hasta que volviera a reorganizarse.

Hoy pareciera que nuevos vientos soplan y se ha logrado recuperar la AEU de las mafias que se la habían adueñado. Hoy más que nunca siguen vigentes los principios, ideales y luchas que aquellos jóvenes veinteañeros que enarbolaban por una Guatemala distinta, justa y humana.

Fuente: http://gazeta.gt


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