Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 13 - 2018

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Memoria y derechos humanos
Por Ruth del Valle Cóbar - Guatemala, 12 de diciembre de 2018

Hablar de violaciones a derechos humanos en estos tiempos pareciera trillado, un lugar común para quienes todos los días leemos las noticias y vemos que algo, un poco, ha cambiado desde los tiempos del «conflicto».

Durante esos años de represión, era una política estatal la detención arbitraria, el secuestro, la desaparición de personas, la tortura, las ejecuciones extrajudiciales, así como las masacres y el genocidio. Hay suficiente documentación no solo en los informes Guatemala Nunca Más y Guatemala Memoria del Silencio, también en las sentencias emitidas por la Corte Interamericana de Derechos Humanos y los tribunales guatemaltecos en casos de esa época, en los que abundan los peritajes y las declaraciones de expertos.

En esa vorágine de violencia, todos los sectores sociales fueron afectados con la detención-desaparición, la ejecución extrajudicial y la tortura de sus dirigentes; así como la persecución, intimidación y amenazas hicieron salir del país a muchas personas con algún nivel de liderazgo, pero también diezmaron a las organizaciones sociales y desmovilizaron a buena parte de la población.

Toda la historia del «conflicto armado» está llena de ejemplos de violaciones a los derechos humanos, porque ese período realmente no fue de conflicto, sino de represión abierta del Estado contra el pueblo. El cierre de espacios de participación se dio con la prohibición legal de la creación y participación en movimientos revolucionarios, además de impedir a la oposición legal participar en procesos electorales por la eliminación física de sus liderazgos.

Se violaron derechos individuales y colectivos, derechos civiles y políticos, pero también derechos económicos, sociales y culturales. El 83 % de la responsabilidad por dichos hechos corresponde al ejército y las fuerzas de seguridad. Los años más cruentos por la represión colectiva fueron 1982 y 1983 [1].

También se crearon mecanismos como los comisionados militares [2] y las Patrullas de Autodefensa Civil [3], como formas de involucrar a las personas en la represión (los Mecanismos del Horror, como los llama el informe Guatemala Nunca Más), rompiendo más el tejido social, sembrando desconfianza al interior de las comunidades. Asimismo, se tuvo «la colaboración directa o indirecta de sectores económicos y políticos dominantes», como lo señala el informe Guatemala Memoria del Silencio [4], muchas veces incluso financiando a los grupos de control social, como la Policía Militar Ambulante y la Guardia de Hacienda.

¿Por qué es importante recordar?

Maurice Halbwachs [5] decía que «La historia no es todo el pasado, pero tampoco es todo lo que queda del pasado». Se refiere a una historia viva y no a hechos que quedaron relatados en un documento.

La historia la hacen los pueblos, pero la historia que se publica, la historia oficial, ha cortado la acción de los pueblos en los libros que se enseñan en las escuelas. De esa cuenta, hay mucha gente que no sabe que hubo «conflicto armado», que no entiende lo que significaba la represión, la huida en la noche por las terrazas o tejados vecinos para salvar la vida. Hay mucha gente que no sabe cómo la intervención del gobierno de Estados Unidos fue clave para el derrocamiento de Jacobo Árbenz Guzmán y la destrucción de todo lo que se había avanzado en cuanto a democracia y desarrollo en los 10 años que son conocidos como los 10 años de primavera o la Revolución de Octubre de 1944.

Además, muchas personas que han sido víctimas de la represión, también se convirtieron en víctimas del silencio; no tenían a quién contarle lo que les pasó, porque podría ponerles en mayor riesgo; hubo casos en los que gente de la propia comunidad les señaló como «guerrilleros», «comunistas», y cosas por el estilo, que les puso en la mira del ejército.

Recordar no es «pasear» por las atrocidades que fueron cometidas contra el pueblo, sino también conocer las historias de resiliencia, de resistencia y afrontamientos, porque la historia del país está llena de represión, sangre, muerte, pero también de mujeres y hombres valientes que defendieron sus vidas, que huyeron en las peores condiciones para sobrevivir. Están las historias de quienes tuvieron que mimetizarse en la selva para que el ejército no los encontrara; las experiencias de quienes escondieron sus varas, su sut, porque no podían celebrar abiertamente el Xukulem (ceremonia).

Para construir la democracia y cimentar la paz, es necesario enfrentar los efectos de la guerra, abordando las consecuencias y asumiendo las responsabilidades institucionales, garantizando que se conozca la verdad de los hechos, se haga justicia por los crímenes y violaciones a derechos humanos cometidas y reparando el daño ocasionado; todo ello es lo que se llama justicia transicional.

¿Qué es la justicia transicional?

La justicia transicional es el término que se ha acuñado para hablar de los procesos que deben darse en sociedades que han pasado por conflictos armados, guerras o grandes desastres. La idea es que, a través de una serie de acciones, la sociedad pueda irse reconstruyendo, sobre todo restableciendo su tejido social, su salud mental, logrando justicia y reparación cuando haya violaciones a derechos humanos.

En ese sentido, la justicia transicional se compone de varios elementos: la verdad, la justicia, la reparación y las medidas de no-repetición.

La verdad se refiere a la posibilidad de reunir información de los hechos acontecidos, incluyendo el paradero de las personas desaparecidas, las razones por las que fueron asesinadas las personas, qué sucedió, cómo y por qué. Es lo que llamamos memoria histórica, que se nutre de las diversas memorias de la gente que vivió los hechos y que, poco a poco, los va reconstruyendo, resignificando.

Solo sabiendo las causas de los hechos (por qué) y el detalle de los mismos (qué y cómo) es posible identificar a quienes fueron responsables y buscar justicia para las víctimas. En muchos casos, esa justicia no necesariamente es penal o jurídica, sino puede ser simbólica, en la medida en que muchas personas lo que quieren es entender por qué la violencia se ensañó contra sus familiares, por qué los deformaron con la tortura, por qué persiguieron a las familias… e incluso por qué ellos mismos y ellas mismas tuvieron que desplazarse de sus comunidades, huir a otros pueblos o ciudades, cruzar la frontera y mal vivir en los campamentos de refugiados en graves situaciones de miseria, hambre y enfermedad. Muchas veces está el agravante de que al volver a sus tierras, estas habían sido ocupadas por otras personas, incluso a través de traslados organizados por el ejército de Guatemala.

La justicia transicional también habla de reparación; en Guatemala le llamamos resarcimiento, pero se refiere a la restitución de las condiciones en las que se encontraban las personas antes de la violación a derechos humanos. Está claro que en el caso de una persona muerta o desaparecida, posiblemente no pueda repararse el daño como sería ideal, pero la idea es que se busque la mejor manera de que las personas que fueron victimizadas durante la represión tengan condiciones para seguir sus vidas y, de alguna manera, recuperen o restablezcan un proyecto de vida.

Y por eso es que el elemento complementario de la justicia transicional se refiere a las medidas de no-repetición, que establecen que deben tomarse todas las medidas necesarias para asegurar que nunca más se repitan hechos como los acontecidos. Esto incluye estudiar la historia, analizarla, discutir cuáles fueron las causas que provocaron los hechos, para impedir que vuelvan a suceder. También generar una cultura de paz y respeto a los derechos humanos, donde se privilegie el diálogo y la búsqueda de consensos. Cambiar los estereotipos y paradigmas que sostuvieron culturalmente la represión, como la supremacía militar, el racismo y la discriminación, el desprecio a la vida, entre otras cosas.

Solo de esa manera podremos cimentar nuevos valores y principios que nos permitan construir una sociedad sin prejuicios y sin discriminación, que son los primeros pasos para comprender que todas las personas somos iguales y tenemos los mismos derechos, por lo que debemos tener las mismas oportunidades. Hilando nuestras experiencias podremos reconstruir el tejido social que fue dañado por la guerra y por tantos siglos de desigualdad, iniquidad e inequidad.

 

[1] Gobierno de facto del general Efraín Ríos Montt.

[2] La figura de comisionado militar fue creada en 1938 para el reclutamiento militar, replanteándose en 1954 con la contrarrevolución, quedando bajo la dirección del Estado Mayor del Ejército. En 1963 la contrainsurgencia incluyó a los comisionados militares en toda la cadena represiva e, incluso, muchos de ellos utilizaban uniformes militares, como puede ampliarse en el informe Guatemala Nunca Más, de la Iglesia católica, especialmente el Tomo II: Los Mecanismos del Horror; y el informe Guatemala Memoria del Silencio, de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico. Según la Ley Constitutiva del Ejército, artículo 92, la fuerza disponible del ejército estaba constituida por los comisionados militares y sus ayudantes, quienes estarían sujetos a fuero militar y gozarían de todas las obligaciones y derechos correspondientes a la fuerza permanente cuando estuvieran cumpliendo «una misión ordenada por la autoridad competente».

[3] Las PAC nacieron como «una milicia civil impulsada por el general Benedicto Lucas García, entonces jefe del Estado Mayor del Ejército, en 1981, pero fueron constituidas ya como aparato de control permanente y fuerza de choque antiguerrillera, en 1982, durante el período del general Efraín Ríos Montt». Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala (1998) Guatemala Nunca Más. Informe del Proyecto REMHI. Guatemala. Versión digital. En: http://www.odhag.org.gt/html, consultado el 10 de octubre de 2018.

[4] Comisión para el Esclarecimiento Histórico (1999) Guatemala Memoria del Silencio. Conclusiones. Pág. 9.

[5] Halbwachs, Maurice. (1995). Memoria colectiva y memoria histórica. En: Revista Reis 69/95. Pp. 209-219.

Fuente: http://gazeta.gt


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.