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Guatemala: 25 años después
por Kajkoj Ba Tiul y Amalia Velásquez Pérez - 16 de enero de 2005

Presentación

Xmulew[1], uno de los Estados de Abya Yala[2] con mayor población indígena, siendo estos descendientes de los “antiguos mayas”. Aquella civilización que inventó el cero y el sistema vigesimal. Una civilización que tuvo la capacidad de crear un sistema calendárico, el más completo que la humanidad haya tenido. Civilización que construyera grandes ciudad y templos como: Tikal, Zaculew, Waxactun, Iximch’em entre otros. Una sociedad indígena que diera a luz tantos hombres y mujeres con sentimiento de lucha y de perseverancia, como: Xmukane[3], Xkik[4], Usumanche, Oxik Kej, Belejeb Tzi, Kai Imox, Belejeb Kat, Kaib Balam (estos últimos lìderes de los k’iche, kaqchikel y mam) quienes enfrentaron al poder español durante la invasión en 1524. También cuenta con Manuel Tot (líder q’eqchi), Anatasio Tz’ul y Lucas Aguilar (líderes k’iche de Totonicapán), que también se sublevaron a la corona española y fueron los primeros que se enfrentaron al poder criollo que se estaba constituyendo en ese momento, en los primeros momentos de la “supuesta” independencia con España.

Este bello lugar de montañas, cerros y planicies, en donde anida el q’uq’, el utiw, el ix, el cuc, el kej y otros más. En donde el sol que nace en la mañana ilumina sin descansar el recorrido de hombres y mujeres, que buscan el maíz para las tortillas, el atole, el tamal. Lugar en donde la lluvia es como el tesoro que cae del cielo para fecundar la tierra. Este lugar rodeado de cerros ceremoniales y espirituales de los mayas, como: el panixkalera, xukaneb, wuqub xikin, kana itz’am, la sierra de las minas y la sierra de los cuchumatanes ó como dicen los maya q’eqchi, rodeados de Oxlaju Tz’ultaq’a[5].

Desde esta tierra de grandes sabios y sabias, grandes abuelos y abuelas, pensando en el porvenir de nuestros hijos y de nuestras hijas, trazado por los cuatro primeros hombres: B’alam Kitz’e, B’alam Aqab’, Majukutaj e Iq B’alam y de las cuatro primeras mujeres: Kaja’ Palona’, Chominaja’, Tz’nunja’ y Kaqixaja’. Escribimos estas palabras de aliento y de esperanza, a fin de encontrar el equilibrio y la armonía como principio ordenador de nuestros pensamientos y actitudes.

Xmulew un pueblo que sufre y lucha

Desde la llegada de los invasores españoles en 1523 a tierras mayas, “cuando pasó por ellas un capitán de Hernán Cortés, llamado Pedro de Alvarado, rumbo a Guatemala… En 1545 llegan los primeros dominicos, nuestro antepasados sufrieron todas las desgracias que trae la guerra y la ocupación militar: la muerte en batalla, la pérdida de la libertada, la violación de las mujeres, el robo de sus pertenencia, el trabajo forzado, la esclavitud”[6].

Otra situación que vivieron nuestros abuelos y abuelas, fueron las enfermedades desconocidas que trajeron consigo los españoles y que debilitaron el cuerpo y el espíritu de nuestros antepasados. Debilitados, fueron repartidos “entre los invasores con el fin de trabajar y tributar para ellos”[7].

A esta etapa que vivieron nuestros abuelos mayas, unos le van a llamar el “anochecer maya” y otros el primer holocausto, que culmina en el año de 1827, con el inicio de la reforma liberal[8].

Después de esta etapa, se inicia el periodo de gobiernos militares (1900 a 1985), que trae consigo persecución, muerte, represión y opresión, llegando a tal magnitud que indígenas, campesinos, estudiantes, intelectuales progresistas tuvieron confluir en un movimiento revolucionario armado. Esta situación dejó más de 400 aldeas arrasadas, una gran cantidad de muertes, viudas, desplazados, refugiados y huérfanos. Etapa que termina con sendos acuerdos entre ellos el Acuerdo Sobre Identidad y Derechos de los Pueblos Indígena –AIDPI-, esta etapa será llamada el “segundo holocausto”. Acuerdos que no son cumplidos hasta aún.

Qué pasó el 31 de enero de 1980

Cuando el calendario sagrado de los mayas, marcaba Oxib (tres) Kej (venado), campesinos indígenas provenientes de varias aldeas de El Quiché, junto con algunos estudiantes, ocuparon pacíficamente las instalaciones de la Embajada de España en Ciudad Guatemala con el afán de denunciar la represión que sufrían sus comunidades ubicadas en el altiplano. Tras negociar con los ocupantes y llegar a algunos acuerdos, a pesar de la intervención del Embajador de España Don Máximo Cajal, el gobierno de Guatemala optó por quemar vivas a las 37 personas que habían encontrado refugio en la oficina del Embajador, en el primer piso del edificio, entre ellos el padre de Rigoberto Menchú, Don Vicente Menchú. Dos personas sobrevivieron a esa masacre: el embajador Cajal, que por milagro salió herido pero vivo del cuarto, y Gregorio Yujá, campesino que había sido cubierto por los cuerpos calcinados de sus compañeros, protegiendo su vida de las mortíferas llamas. Si el embajador logró ser repatriado a España gracias a la solidaridad y valentía de sus colegas embajadores, el compañero Yujá fue secuestrado al día siguiente en el hospital dónde había sido trasladado, y posteriormente torturado, ejecutado y finalmente tirado su cuerpo frente a la Rectoría de la Universidad de San Carlos.

Estos hechos de “lesa humanidad”, se suma a tantos más como la Masacre de Panzos Alta Verapaz el 29 de diciembre de 1978, la masacre de Rio Negro en 1982, la de Plan de Sánches en ese mismos años, la Masacre de San Cristóbal Verapaz, el 20 de febrero de 1982 y otros más que actualmente son recogidos en sendos libros como el Informe de la Recuperación de la Memoria Histórica, el Informe de Comisión sobre el Esclarecimiento Histórico.

Después de veinticinco años de haber sucedido los hechos, hasta ahora hay demandas antes la justicia guatemalteca y española, en contra del gobierno de ese entonces, el general Romeo Lucas García, el ministro de gobernación; Donaldo Alvarez Ruiz, el ministro de la defensa; General Benedicto Lucas, el director de la Policía Nacional; German Chupina Barahona.

Este 31 de enero cuando de nuevo el calendario maya marcará el Belejeb’ (nueve) Kawoq (Medicina), familiares, amigos, compañeros, de los caídos volverán a recordarlos, algunos lloraran y otros solo dirán “tan buenos que eran” o “pobres”.

El reto para nosotros

Verlos a ellos como nuestra luz en esta oscuridad, cuando nuevamente la tierra por la que peleaban está nuevamente en peligro, todo por la ambición de los gobiernos de turno y de las transnacionales. Está en peligro por la construcción del mega proyecto Plan Puebla Panamá un proyecto norteamericano con apoyo del “monaguillo” gobierno mexicano. Además por la explotación minera que se inicia y que va dejando las secuelas de muerte, como lo sucedido el 11 de enero 2005, cuando indígenas Kaqchikeles, decidieron no darle paso a un equipo que serviría para explotar las minas de San Marcos en el occidente de Guatemala, dejando varios muertos en su camino.

Hoy los indígenas mayas de Guatemala, no solo debemos recordar a nuestros mártires, sino tratar de seguir sus ejemplo de lucha y que no se dejaron comprar por míseros dólares del imperio. No quisieron competir en elecciones populares, para seguir desde las trincheras luchando por su tierra y territorio.

Ahora que se anuncia un nuevo decenio para los pueblos indígenas, debemos pensar que la lucha no solo está en que se firme la “Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos Indígenas” o la “Declaración Americana de los Derechos de los Pueblos Indígenas”, tampoco para que se vuelvan a crear oficinitas indígenas, que sirven solo para pelearnos. La lucha real debe ser defender la autonomía y los territorios indígenas. Que en los países en donde las constituciones ya reconocen las pluriculturalidad o plurinacionalidad, exigir a los gobierno para que cumplan con ese compromiso y en donde todavía no, como Guatemala, no nos empeñemos a hacer reformas a la Constitución, sino asumir el derecho a la desobediencia para defender lo nuestro y construir así un territorio libre, como lo soñaban Vicente Menchú, Antonio Pop y otros más.

Debemos comenzar a construir procesos que nos lleven a descolonizar nuestros territorios, nuestras organizaciones, nuestras instituciones y sobre todo nuestra mente.

Un proceso como esto, solo será posible cuando existan hombres y mujeres nuevos, hombres y mujeres libres y hombres y mujeres descolonizados.

“Por la recuperación de nuestra madre tierra y nuestro territorio, caminemos hacia un nuevo B’aqtun Descolonizado”.

[1] Nombre con el que se le conocía a Guatemala en la época prehispánica. Significa: “Lugar del Maíz” o “Tierra de árboles”.

[2] Nombre con el que conocen los indígena Kunas a la región de América Latina

[3] La abuela xmukane, según el libro sagrado de los mayas, el Pop Wuj o Popol Wuj, ayudó a Tz’aqol y B’itol a crear a los hombres y mujeres de maìz.

[4] Según el mismo libro de los mayas, ella desobedeciendo a sus padres, se acerca al “palo de la vida” y queda embarazada y de ella nacen los gemelos prodigiosos “Junajpju e Xbalamke”, siendo estos los vencedores del mal.

[5] Según nuestra cosmovisión, cada uno de los pueblos está rodeado de trece cerros, valles y montañas, que son lo guardianes y acompañantes del proceso.

[6] De Vos, Jan, Nuestra Raíz, CIESAS-CLIO, México 2001.

[7] Ibid pag 156

[8] Oxlaju Ajpop, Fuentes y Fundamentos de la Naciòn Maya K’iche’, Guatemala.

Kajkoj Ba Tiul Maya Poqomchi, guatemalteco, filosofo, teólogo y antropólogo, consultor en el tema indígena para varios organismos internacionales, ensayista, articulista, conferencista, analista político, actualmente estudiante de la Maestría en Ciencias Sociales con especialización en Estudios Etnicos en la FLACSO-Ecuador

Amalia Velásquez Pérez Maya Kiche, guatemalteca, Politòloga, maestra de mùsica, cantautora, ha grabado su primer disco con canciones sobre la cosmovisión maya en Kiche, actualmente enseña música a jóvenes indígenas en La Tacunga, Ecuador

Tomado de www.rebelio.org


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