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Para ser competitivos...
Por Ronald Flores - Guatemala, 8 de diciembre de 2004

¿Qué nos hace falta como país para ser competitivos?


En términos generales, Guatemala enfrenta el reto de la globalización con miedo. Lo enfrenta con la actitud que acostumbra encarar cualquier cambio.

Después de años de condicionamientos conductuales, aquí a lo que podría ser un reto, un estimulo para ser mejores, se le llama amenaza y se le asume como tal. Ninguno como el chapín para desconfiar de las oportunidades, para pensar que las oportunidades son más bien un riesgo del que deberíamos alejarnos, porque no vaya a ser y nos vaya mal, Dios guarde.

Por supuesto que llevamos siglos sin pensar que de pronto en cada oportunidad tenemos la misma posibilidad de que nos vaya bien o que nos vaya mal, todo depende de la actitud con que lo enfrentemos. Pero aquí en Guatemala impera aquel pobre dicho: mejor lo viejo conocido que lo nuevo por conocer, y diciéndolo nos consolamos de no asumir los retos que se nos ofrecen para mejorar, superarnos, avanzar.

Y no sólo es triste que las élites que han gobernado el país hayan tenido esta actitud tan patética a lo largo de los siglos, esta actitud misma que nos ha restado oportunidades al resto de los guatemaltecos, sino que lo más triste es que no han dejado que otros que puedan innovar lleven a cabo sus proyectos, para el beneficio de todos.

A lo largo de la historia patria, en Guatemala los que mandan ni cachan, ni pichan, ni dejan batear. Ante cualquier propuesta nueva, aquí se piensa que debe haber gato encerrado. Porque aquí no hay nada más seguro que la sospecha en los demás.

Y con esa actitud sempiterna, de desconfianza absoluta de todo aquel que no sea familiar, compañero de colegio, compañero de promoción, amigo de la infancia, con aquél crecimos juntos, compadre, correligionario, con aquél hemos venido militando y desertando de los mismos partidos, no se puede avanzar. Al contrario, esta actitud excluyente y desconfiada es una de las causas de que no seamos competitivos.

En Guatemala entran a jugar muchos factores. Es ésta una sociedad en la cual es sumamente difícil moverse de manera ascendente en la jerarquía social. Si bien es casi imposible subir, también es más que imposible bajar.

Los que están hasta arriba de la pirámide social protegen a los suyos, para que no caigan, si no qué dirían de la familia. La forma en que en Guatemala operan las transacciones simbólicas en las que el apellido es moneda de cambio, es sorprendente. No importa si el fulano en cuestión es haragán, perezoso o despistado, si tiene el apellido correcto se le abren las puertas.

No. Definitivamente aquí no se estimula la creatividad, el esfuerzo, los resultados concretos, los méritos alcanzados. Aquí basta con ser de las familias correctas, tener cuello, y punto. Se tiene la vida resuelta.

Pero sólo aquí, que conste. Porque no se puede competir de esa manera con otras sociedades que sí han sabido impulsar sus talentos, que canalizan las motivaciones de ascensión social de los emprendedores y convierten eso en la energía misma de las transacciones comerciales y productivas exitosas. Y eso es precisamente lo que hoy teme Guatemala.

Competir con quienes están acostumbrados a hacerlo, con quienes están acostumbrados a trabajar para obtener resultados. El mensaje que se le brinda constantemente a la población es que los que mandan en este país ya están cabales, que no hay espacio aquí para quienes quieran descollar con talento, mérito propio y trabajo.

Recurrentemente, ese ha sido el mensaje de las élites. Nosotros estamos aquí y ustedes están ahí: confórmense. Ciertamente, con esta actitud no se obtienen resultados competitivos, porque no se estimula el esfuerzo de quienes quieren una oportunidad en el sistema y están dispuestos a trabajar legítimamente para obtenerla.

Es decir, hay que preguntarse seriamente cómo canalizar la potencialidad de un país entero que quiere superarse con base en el trabajo y darle un horizonte de posibilidades. Esperanzas, sí, pero realistas y posibles. Podemos ser mejores.

Tomado de www.prensalibre.com


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