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Carta abierta al poder fáctico
Por Ronald Flores - Guatemala, 29 de diciembre de 2004

Los miembros del poder fáctico del país deben hacer su mejor esfuerzo en este nuevo año.

No ha sido acostumbrado que alguien se dirija a quienes ejercen el poder fáctico del país, sea quienes sean y donde quiera se encuentren. Sin embargo, es importante realizar este esfuerzo de razonamiento por el bienestar colectivo del país.

Nadie ignora que son estos individuos, algunos anónimos y otros demasiado conocidos, quienes al fin y al cabo mandan, los que les dicen a sus representantes lo que debe hacerse y ejercen la presión necesaria para que su voluntad se materialice. De ellos, en múltiples formas, depende el futuro de Guatemala.

Considero indispensable que reflexionen sobre la forma en que han conducido los asuntos públicos. Es cierto. A pesar de que no estamos tan mal como pudiéramos estar, la mayoría de la población padece no sólo de pobreza sino que también carece de confianza en el sistema.

La mayoría de los guatemaltecos, acosados por la violencia social diaria, la falta de un sistema económico que recompense adecuadamente su esfuerzo emprendedor y la falta de un sistema político estable, ve con desesperanza su situación de vida a corto, mediano y largo plazo en este país.

Por eso no debe resultarnos extraño que deseen migrar en busca de una mejor oportunidad, que es precisamente lo que este país les niega.

De hecho, quienes hoy viven en Guatemala deben estar agradecidos con estos miles de compatriotas que mantienen a flote este país a partir del trabajo que desempeñan en los Estados Unidos.

Estas personas que, después de hacer malabarismos con su propio presupuesto, logran enviar dólares a sus familiares deben ser tomados como una suerte de héroes patrios. Han conformado un Estado benefactor invisible pero efectivo. Sin el aporte que realizan desde el extranjero este país estaría en una verdadera zozobra económica.

Pero como sistema, no podemos depender de que las remesas familiares sean nuestro principal ingreso ni que la migración sea nuestra única alternativa.

Hace falta, casi doscientos años después de la independencia, forjar una nación; o al menos un sistema administrativo que permita un grado aceptable de desarrollo de sus habitantes y proporcione la cohesión simbólica indispensable para hacer la vida social posible.

Que conste que esto no es una diatriba, sino que más bien una apelación, un llamado de atención un tanto tardío pero no aún catastrófico. Este país necesita también de quienes ejercen ese papel de liderazgo tras bambalinas.

Cuando uno emprende una lectura detallada de la historia de este país se percate que aún hace falta que surjan liderazgos que inspiren a la población esperanzas, que motiven los más altos sentimientos y los más caros esfuerzos.

La mayoría de los líderes de este país, a lo largo de su historia, se han conformado con inspirar miedo, cuando no odio. Pero no han podido contar con la simpatía generalizada de la población a quienes encabezan. Es cierto. Han podido mandar, imponerse, ejercer el poder, pero no han podido ganarse el cariño, la confianza, la estima de la ciudadanía.

No han podido darle sentido a la acción social, horizonte de futuro, sentimientos de pertenencia.

El nuevo año está por comenzar y es triste constatar que este país poco ha cambiado desde la colonia. La estructura y la dinámica de funcionamiento del sistema tampoco estimula el esfuerzo del grueso de la población.

Una de las vías para mejorar, para que podamos tener un país mejor es si el poder fáctico comienza a darse cuenta que necesita emprender acciones que no sólo garanticen su bienestar, sino que también produzcan bienestar para todos. Al margen de esto, feliz Año Nuevo.

Tomado de www.prensalibre.com


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