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María Tula de los Dolores y de los Resarcimientos
Por Rafael Gutiérrez - Guatemala, 27 de julio de 2004

Vivió agazapada acaso como la mayoría. Quizá, como todos, esperando que una voz redentora pusiera un hasta aquí a la correntada de espanto, a la manada de pezuñas y baba. Un poco indiferente, en fin. Un día el terror irrumpió de pronto cuarteando la casa de sus afectos. Y ahí empezó todo.

Pensó entonces: “ojo por ojo o la otra mejilla”. Eligió la palabra. No pretendía ser heroína ni dirigir a nadie. No deseaba amurallarse bajo ninguna coraza ideológica. Allá, en el fondo, en los resquicios de su breve y temblorosa humanidad, no se sabía santa. Tampoco mártir ni nada semejante. Solamente una mujer que tras el empellón del dolor, instalada a su pesar y por vez primera frente al mismo centro del dilema, el de los abismos o las constelaciones, dispuso hacer escuchar su voz, su fuerza, su palabra: su justo clamor indoblegable. Pensó, no más, dejarse sofocar por la Máquina de Matar.

Así vivió, a fondo y a diario, con el miedo.No dormía pero tampoco despertaba. Siempre ese miedo, el de todos y el suyo, el compartido y el egoísta, el que sudaba escamas, el que secretaba granizo. Pero también soñaba, y a veces era una agonía, pero también una visión reconfortante: el cuerpo llagado del compañero desaparecido chisporroteando chorros de una luz generosa, gentil, multicolor e inapagable por entre los agujeros de su costado.

Entonces recobraba el coraje, la templanza y la claridad. Pero luego otra vez el miedo, aquella viscosidad como de saurio, aquellas agujitas como de granizo. Pero finalmente venció. La impunidad tuvo un rostro y un nombre de pila ante los ojos del mundo. Hoy no siente su vida completa, pero tampoco feliz. ¿Acaso hubiese deseado no alzar su voz, no sentir miedo, no soñar ese sueño como una agonía o visión reconfortante a cambio del acto íntimo de abrazar aquel cuerpo palpitantemente vivo?

Hoy se sabe con la conciencia apaciguada. De haber hecho, arriesgado y amado lo suficiente. Hoy se sabe con el derecho de haber llegado hasta aquí, hasta esta plaza en la que las palomas alzan vuelo y se alejan a barlovento. De haber llegado hasta hoy, 27 de julio de 2004, con la certeza de que tanto dolor no fue a fin de cuentas en vano. Sí, se repite mientras estruja emocionada una amarillenta foto entre sus dedos, tanto dolor no fue a fin de cuentas en vano.

Tomado de www.elperiodico.com.gt - Seccion Cartas del lector


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