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¿Para quién gobierna Berger?
por Rosalinda Hernández Alarcón - 24 de abríl de 2004

Sin duda es cierto, tras 100 días de ocupar la silla presidencial, Óscar Berger ha establecido su forma de gobernar. Bien merece revisarla si es que está dispuesto a gobernar para toda una nación y no para los poderes económicos y militares.

El carácter empresarial de su gestión no lo puede disimular. Es evidente que sus prioridades son las políticas neoliberales, generadoras de pobreza. Al revisar su política agraria, se demuestra cómo sobredimensiona las virtudes del mercado, ignora las demandas campesinas y oxigena instituciones que se subordinan a las leyes del mercado y a mantener la impunidad de quienes violan los derechos laborales y se oponen a pagar impuestos con base a sus ganancias y propiedades.

En otro renglón que demuestra la visión de empresario, gira en torno a la defensa de la minería como mecanismo para generar empleo. Sostener ese argumento es ignorar las jugosas ganancias que esa actividad representa para las transnacionales explotadoras del oro o níquel y compartir el cuento de que eso es “progreso” para los pobres. También significa desestimar las investigaciones que demuestran cómo las minas dañan el patrimonio natural y la salud y los exiguos réditos que en lo concreto aportan las concesionarias. Ya los campesinos de San Marcos han expresado su rechazo a tales permisos.

Un tercer elemento que perfila la perspectiva empresarial, es la criminalización de la lucha campesina. Al priorizar la ejecución de órdenes de desalojo de fincas y capturas de líderes, en lugar de resolver los conflictos agrarios y laborales, este gobierno se está ganando el calificativo de protector de finqueros, como dicen dirigentes campesinos de varias organizaciones.

Si el Gobierno insiste en la simplista ecuación de que inversión es igual al crecimiento económico, ello se traduce en mantener las abismales diferencias sociales y los privilegios para los poderes económicos.

El carácter pro militar de la gestión de Berger se va perfilando. Algunos rasgos así lo demuestran. El gran protagonismo delegado a su comisionado de Seguridad, el general retirado Otto Pérez, quien lleva la voz cantante en el Ejército y todas las acciones de las otras fuerzas de seguridad, opacando la actuación del Ministro civil de Gobernación y otros funcionarios.

La actuación de ayer del primer mandatario tiene una fuerte connotación. Evitó –no por olvido– decir con todas sus letras que la institución castrense y su aparato de inteligencia fueron los autores del asesinato de la antropóloga Myrna Mack. Si bien Berger abogó porque esos hechos no se repitan y pidió perdón en nombre del Estado guatemalteco, omitió resaltar la responsabilidad del Ejército en este hecho. Cabe recordar que está pendiente la aprehensión del ex jefe militar, autor intelectual de ese crimen político, a quien se alertó en un confuso incidente entre policías y castrenses para evitar su captura.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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