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Distorsiones en el enfoque de género
Por Rosalinda Hernández Alarcón - Guatemala, 27 de noviembre de 2004

Las políticas de mercado si bien buscan incorporar a las mujeres al empleo remunerado, es importante señalar que esa opción a ellas les está representando duplicar sus cargas de trabajo a cambio de ingresos miserables. El Banco Mundial cuenta con estudios que demuestran que las campesinas son buenas productoras y gastan fundamentalmente sus ingresos en la familia, no en cuestiones superfluas. Ésta es la razón por la que los organismos financieros las incorporan como beneficiarias de recursos.

El enfoque de género de las políticas neoliberales, que distorsiona la visión liberadora de la propuesta feminista, tiene su respaldo en criterios de eficiencia financiera. Su enfoque no busca erradicar la discriminación de las mujeres.

Según la Unidad de Equidad de Género del Fondo de Tierras en Guatemala, ellas, como jefas de familia, cubren a esa institución aproximadamente el 90 por ciento de las deudas, mientras que los jefes de familia llegan al 60 por ciento del total.

Las críticas a los enfoques neoliberales se escuchan con mayor frecuencia. En encuentros de mujeres campesinas e indígenas (realizados en Ecuador, Cuba, Costa Rica y Oxaca, México), los manifestantes finales han coincidido en señalar que las políticas de mercado afectan a las pequeñas economías y a la población femenina, ya que niegan la distribución de la riqueza.

Los tratados de libre comercio, Plan Puebla Panamá y el ALCA condenan a la desaparición de las unidades productivas medianas y pequeñas, justamente donde hay más mujeres; promueven la apropiación privada de patrimonios colectivos, generados, especialmente, por indígenas y campesinas; y violan derechos ciudadanos al criminalizar la lucha por la tierra y las migraciones, así como alentar la creación de empleos precarios y avalar la flexibilización laboral que se traduce en otorgar salarios de hambre.

En contrapartida a las políticas neoliberales, las propuestas de cambio caracterizan el enfoque de género como una herramienta para atender las demandas de las mujeres: el acceso a la salud más allá de los servicios de maternidad; el acceso a la educación que supere el nivel de primaria; el acceso a una vida digna con descanso y recreación; así como la vigencia de los derechos a participar y decidir sobre todos sus temas de interés.

La perspectiva de género, sin distorsión, se traduce en defender los ideales de emancipación. A las feministas no nos convence el neoliberalismo que ofrece a las mujeres estar alfabetizadas para tener un menor número de hijos, estar menos desnutridas para trabajar más, tener acceso a determinados recursos para evitar que el hambre se propague en la familia, ni escuchar en discursos y proyectos “las y los”, como sinónimo de equidad.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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