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Primero golpes, después la muerte
Por Rosalinda Hernández Alarcón - Guatemala, 4 de diciembre de 2004

De paso por Madrid, el Día Internacional de la No Violencia contra las Mujeres asistí a uno de los actos para repudiar la violencia machista. Según las cifras dadas a conocer por las organizadoras, en España (con casi 40 millones de habitantes) han muerto 102 mujeres en hechos de violencia intrafamiliar. En el mitin, una de las oradoras hizo alusión a Guatemala, y cómo no hacerlo si aquí el número de muertas por la misma causa suman aproximadamente 119. La gran diferencia es que en este país centroamericano sólo viven 12 millones de personas.

La cifra de 119 es una aproximación si se toma en cuenta que hasta la fecha los registros reportan 442 muertes violentas de mujeres en Guatemala en lo que va de 2004 y –entre ellas– el 27 por ciento corresponden a casos de violencia doméstica.

En contraste con lo que sucede en Guatemala, en España la presión social de diversos grupos feministas y otros sectores han logrado que las investigaciones de tales asesinatos ubiquen el perfil de los victimarios y se lleven a juicio a los agresores.

Entre los autores de las muertes violentas, un porcentaje importante son hombres que con anterioridad habían recibido alguna pena por agresiones contra sus compañeras de vida. Eso significa que los asesinos, previo a cometer el crimen, habían recurrido a las agresiones físicas entre ellas, el ataque sexual.

El pasado 25 de noviembre, en Madrid, los grupos de mujeres reiteraron que la violencia intrafamiliar es un delito. La organización Mujeres de Negro, que tiene sedes en varios países del mundo (Europa, Israel, Colombia, Costa Rica y Estados Unidos), sostiene que las manifestaciones de violencia incluyen cuestiones físicas, psicológicas, económicas, políticas, de discriminación racial y a través de los medios de comunicación.

Esta agrupación aboga por superar el anonimato y la impunidad: “conocer los asesinatos de mujeres, permite que se le dé importancia como problema político y social”.

Aquí en Guatemala, las investigaciones son tan deficientes que todavía es imposible precisar el perfil de los asesinos ni el móvil de las muertes violentas. Otro problema es que de manera irresponsable las instituciones estatales llevan registros con criterios muy variados, situación que provoca que un mismo crimen sea interpretado “por razones amorosas” o “problemas entre maras”. Inculpar a un integrante de pandilla por el asesinato de una mujer y al mismo tiempo descartar que sea violencia intrafamiliar, es un gran error.

Coincido con algunas periodistas europeas, la violencia contra las mujeres no sólo destruye vidas, sino que también impide el desarrollo social porque imposibilita que la población femenina ejerza su plena ciudadanía.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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