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Identidad contrainsurgente o ciudadana
Por Rosalinda Hernández Alarcón - Guatemala, 12 de febrero de 2005

“Le servimos al Ejército y a los finqueros”.

Las posibilidades de que ex patrulleros reciban un pago por una mal llamada “compensación” se ha cerrado en Guatemala. Se abren entonces diferentes vías para aquellas personas, que mediante un protagonismo de corte paramilitar, han presionado para obtener varios miles de quetzales.

Las propuestas gubernamentales van desde darles gallinas hasta árboles, en lugar de dinero. Organismos humanitarios insisten en rechazar cualquier indemnización a los integrantes de esa estructura contrainsurgente, por los señalamientos que existen en su contra como violadores de derechos humanos durante el conflicto armado interno.

Como siempre es sano recordar, hay que tener en cuenta que la razón de ser de las Patrullas de Autodefensa Civil (PAC) fue controlar los movimientos de la ciudadanía en el campo y la ciudad para inhibir la organización social y sembrar el terror. El protagonismo de las ex PAC carece de un enfoque social, es de corte paramilitar, en tanto amenaza a personas e instituciones, además está vinculado a quienes fueron jefes militares responsables de ejecutar las políticas contrainsurgentes.

El número exacto de ex patrulleros nunca se conocerá. Naciones Unidas reportó que en 1996 se desmovilizaron más de 270 mil. Otros informes señalan que sumaron entre 800 mil y un millón. Rara es la comunidad rural donde no habite algún ex PAC. Difícilmente alguna agrupación comunitaria o campesina puede asegurar que en sus filas no hay hombres que pertenecieron a esa estructura paramilitar.

Es importante anotar que no todos los ex PAC se sumaron a las listas para recibir un pago en efectivo, a pesar de la pobreza en que viven. Para luchar por sus demandas, miles de ellos están participando en grupos sociales, precisamente porque rechazan cualquier forma de agrupación paramilitar. Algunos se organizan en su comunidad y otros defienden programas que incluyen transformaciones estructurales. Son quienes lamentan haber patrullado obligadamente y por tanto rechazan una identidad que los vincule a lo militar. “Aunque no nos guste decirlo, le servimos al Ejército y a los finqueros”, comentó recientemente un ex patrullero.

La posición de quienes se reivindican como ex PAC de cualquier manera implica obtener algún beneficio por los servicios que prestaron al Ejército o al Estado contrainsurgente. La respuesta que les han dado es que no les darán dinero. La disyuntiva que tienen esos campesinos o desempleados pobres es seguir extendiendo la mano para recibir un pago o terminar de una vez por todas con aquella identidad que les quita su condición de ciudadanos. La pobreza y la falta de oportunidades llevan a las personas a aceptar limosnas o bien a organizarse para exigir sus derechos democráticos.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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