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¿Y las demandas de las campesinas?
Por Rosalinda Hernández Alarcón - Guatemala, 23 de abril de 2005

La división sexual del trabajo coloca a las mujeres en desventaja.

Apartir de los Acuerdos de Paz, el Estado guatemalteco crea instituciones para atender problemas relacionados con la distribución y tenencia de la tierra para campesinas y campesinos. Al pasar la lupa a la gestión de los últimos gobiernos, tres premisas generales se desprenden:

1.La vía del mercado para facilitar el acceso a la tierra no ayuda a disminuir la brecha que el modelo agrario latifundista-minifundista ha generado entre ricos y pobres, así como entre hombres y mujeres.

2.La atención de los conflictos sobre la tierra excluye a las campesinas y los diálogos en lugar de responder a las reivindicaciones populares, buscan desactivar la protesta social e imponer respuestas autoritarias bajo una supuesta legalidad que privilegia a los grandes propietarios.

3.Las acciones encaminadas a la problemática agraria poco responden a las necesidades de la población más pobre del país, como tampoco se dirigen a eliminar la situación de desventaja que viven las mujeres.

El análisis con enfoque de género descubre las relaciones asimétricas de poder existentes en la realidad, a partir de esa constatación, busca la integración de las mujeres como sujetas sociales, económicas y políticas, reconociendo las diferencias y desigualdades que existen entre ellas y los hombres. Esta perspectiva implica la ejecución de políticas públicas con proyectos de desarrollo que reconozcan la división sexual del trabajo que coloca a las mujeres en situación de desventaja.

Con base en lo anterior los proyectos específicos para la población femenina tienen que contribuir a mejorar su calidad de vida y, al mismo tiempo, atender sus necesidades prácticas, por ejemplo: la libertad de decidir sobre su cuerpo; el libre ejercicio del derecho de participación; la facultad de cambiar las leyes e instituciones discriminatorias.

Ante la falta de una política nacional de desarrollo rural, en Guatemala se desarrollan proyectos puntuales en zonas específicas. A las campesinas les otorgan proyectos de generación de ingresos (cría de animales pequeños, hortalizas, artesanías, tiendas) y de bienestar y servicios (estufas, letrinas, techo mínimo). Éstos les imponen largas jornadas y reproducen los roles de madre, ama de casa y esposa que subordina a las mujeres, es decir, que poco o nada hacen para favorecer su autonomía.

La gestión gubernamental está incorporando a las campesinas a proyectos aislados, pequeños, inmediatistas y sin repercusión en el desarrollo de sus comunidades. La atención a las demandas de las mujeres carece de partidas presupuestarias para impulsar políticas nacionales con impacto social. Las acciones se centran en proyectos asistencialistas o capacitaciones con pocas oportunidades de aplicación. En suma, los planes y programas no se basan en un enfoque que contribuya a la emancipación de las llamadas beneficiarias.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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