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Las campesinas en Guatemala
Por Rosalinda Hernández Alarcón - Guatemala, 9 de julio de 2005

Mientras los niños pueden ir al río a nadar, las niñas van al río a traer agua o a lavar.

La esencia de las campesinas está determinada por su relación productiva con la tierra y la cría y venta de animales, recursos que trabajan como medio principal de sobrevivencia y respecto de los cuales tienen derechos específicos. Estas trabajadoras del campo realizan tareas domésticas, comunitarias y agrícolas que combinan con otras actividades para complementar los ingresos económicos familiares.

Situar a la campesina sólo como complemento de una pareja revela una forma de discriminación, que se encuentra plasmada en leyes, políticas y acciones del Estado. A partir de dicha interpretación, organizaciones políticas o sociales, empleadores y mucha gente no la ve en su condición de mujer, con dignidad y capacidad de decidir; tampoco identifican su aporte en las actividades productivas, comerciales, comunitarias y domésticas. En suma, es un sujeto económico, social, político y cultural sin reconocimiento.

Una mujer es campesina porque habita y trabaja en el campo, su aporte económico no sólo existe, sino que es fundamental, ya que incluso en momentos en que su pareja no percibe ingresos, ella garantiza la subsistencia de la familia y la unidad productiva agraria.

Las desigualdades, discriminación, abandono y falta de información que rodean la vida de las campesinas, desde su niñez, se traducen en sacrificios y carencias de todo tipo a lo largo de su vida: menos educación, deterioro de energías, enfermedades, violencia, desgaste emocional y dependencia a las decisiones de otras personas, en especial del padre y esposo o compañero de vida.

Al incumplimiento del Estado de su obligación de garantizar el bienestar material y el desarrollo integral de la población, especialmente de las mujeres, se suma una cultura de exclusión femenina determinada por la asignación de las tareas domésticas y cuidado de las hijas e hijos, que absorben toda su vida, así como una práctica constante de falta de responsabilidad paterna.

Mientras los niños pueden ir al río a nadar y pescar, jugar fuera de la casa después de sus estudios o labores en el campo, las niñas van al río a traer agua o a lavar, cuidan de sus hermanos, participan en actividades productivas y hacen labores domésticas diversas. Desde muy temprana edad, a través de juegos se les asignan sus deberes de futuro: la cocina y el cuidado de los pequeños.

Si se reconocieran las capacidades y aportes de las campesinas serviría para impulsar el ejercicio de sus derechos. No hacerlo significa mantener a este importante conglomerado social en Guatemala excluido y discriminado.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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