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Institucionalidad agraria en revisión
Por Rosalinda Hernández Alarcón - Guatemala, 23 de julio de 2005

La derecha construye instituciones de corte autoritario.

Las críticas a la institucionalidad agraria en Guatemala se escuchan con mayor frecuencia. Es un tema de debate que tiene lugar desde la vida cotidiana en las comunidades campesinas, pasa por reuniones regionales y llega a foros de política nacional.

Entre los cuestionamientos a las instituciones que se crearon como resultado de los Acuerdos de Paz, sobresalen que estas han sido incapaces de revertir los índices de pobreza y no logran concretar políticas públicas diferenciadas que beneficien a la población campesina (según lógicas territoriales con enfoque de género y étnico, etc.). En ellas priva un enfoque que no recoge las demandas de la población excluida. Los señalamientos hacia la institucionalidad agraria se dirigen a que esta alienta el clientelismo y descarta las iniciativas que provengan de las organizaciones sociales para fortalecer las economías campesinas. A los micro y pequeños productores solo los ubican como sujetos de crédito sabiendo que la promesa de convertirlos en empresarios carece de posibilidades de éxito porque para ellos no hay inversión en infraestructura ni servicios. La derecha, representada por el partido de poder y las cámaras empresariales, ha ido avanzando sin muchos tropiezos en afianzar una institucionalidad agraria de corte autoritario. Esta solo responde a un patrón neoliberal que beneficia a un sector que ve con beneplácito los tratados de libre comercio y acepta con desenfado que las familias pobres en el campo encuentren por sí mismas sus respuestas ante el hambre y el desempleo recurriendo a la migración y a la búsqueda de empleo en las maquilas o el trabajo informal. Existen hoy voces en el movimiento campesino, tras nueve años de defender los Acuerdos de Paz y participar en múltiples procesos de negociación y cabildeo infructuosos, que afirman que tales compromisos son insuficientes para atender la crisis en el campo y, por tanto, reconocen otros retos. La institucionalidad democrática a la que aspiran no está reflejada en el Fondo de Tierras, los transgénicos, los megaproyectos, la explotación minera, ni en el endeudamiento. La construcción de esa institucionalidad democrática que atienda los graves rezagos sociales, pasa por hacer explícita sus críticas a las instituciones que están sirviendo al patrón neoliberal. En esa resistencia lleva implícita una búsqueda por perfilar nuevos derroteros. Ojalá el debate siga y se extienda.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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