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Menos pobres si hay menos ricos
Por Rosalinda Hernández Alarcón - Guatemala, 17 de septiembre de 2005

Programas como Creciendo Bien provoca más trabajo.

Cuando alguien con cierta conciencia social ha estado en un hogar donde las personas viven con menos de US$2 diarios, es difícil olvidar las secuelas que tiene el mal comer, vestir y vivir. Es en ese espacio donde el hambre, la desnutrición, la negación del conocimiento y la sonrisa, la insalubridad y la desesperanza se mezclan en una realidad dramática.

En ese orden de ideas es imposible dejar de pensar en cuántos ofrecimientos y programas para combatir la pobreza se los ha llevado el viento. El desarrollo sigue siendo un privilegio, si se toma en cuenta que la población pobre va en aumento. Así se demuestra en este continente, no importa si es México, Guatemala o cualquier otro país. Con motivo de algunos eventos internacionales, el tema del hambre se ha colocado en la opinión pública, así que hay que aprovechar la oportunidad, aunque esta problemática tendría que estar siempre presente. Todos los gobernantes expresan su preocupación por combatir la pobreza, aunque escasos son los que reconocen la responsabilidad de su Estado en negar y seguir negando el derecho a la alimentación a importantes conglomerados de su país. Sin el menor decoro los líderes nacionales anuncian nuevas metas para disminuir el número de extremadamente pobres, porque en sus argumentos ignoran la contrapartida de la pobreza. Reiteran la costumbre de programar (por lo general con escasos presupuestos) ayudas, programas, créditos, sistemas y donativos dirigidos para los más pobres; pero ninguna acción para evitar que los ricos dejen de ser tan ricos, y tener grandes privilegios sin los cuales les sería imposible acumular tantos recursos. Pocos resultados se vislumbran para mejorar la calidad de vida de los pobres en Guatemala al conocer las principales acciones de la Política Alimentaria. Una de ellas es el programa Creciendo Bien, dirigido por la Secretaría de Obras Sociales de la Esposa del Presidente, para capacitar a madres de familias de zonas remotas en hábitos nutricionales y creación de huertos familiares. Está demostrado que ese tipo de acciones provocan más trabajo y desgaste a las mujeres. En este contexto, feministas de varios países expresaron su consternación por la vergonzosa falta de voluntad política de los gobiernos para luchar contra la pobreza, fomentar la paz y garantizar los derechos humanos. Por ello, calificaron la Cumbre Mundial de Naciones Unidas, que concluyó el miércoles pasado, como un fracaso.

En un pronunciamiento, suscrito por 18 grupos, señalan que los derechos de las mujeres no forman parte del partido de póker que jugaron los representantes en esa reunión. Una vez más perdieron una oportunidad para tomar acciones audaces y significativas respecto a los problemas más críticos del mundo.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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