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Rasgos distintos, posibles esperanzas
Por Rosalinda Hernández Alarcón - Guatemala, 23 de junio de 2007

Encontrar algo distinto no es cosa fácil.

En el escenario electoral sobresalen manos y dedos masculinos amenazadores, invocaciones de fe y pregón de cualidades fingidas, promesas inverosímiles (mentiras), pretensiones caricaturescas de hombres que quieren gobernar y un escepticismo que rodea a importantes conglomerados.

Al hablar de participación política en Guatemala es ineludible mencionar la preponderancia que tienen los hombres como candidatos, voceros, financiadores y dirigentes, en comparación con el papel que juegan las mujeres, quienes están en su mayoría como simpatizantes, algunas activistas y escasas representantes como candidatas. Si nos referimos a las mujeres empadronadas, actualmente la brecha entre población femenina y masculina se ha reducido a tres puntos porcentuales, en comparación a los diez que se registraban en 1985. Respecto a los impactos periodísticos, obviamente ellos son los que sobresalen, pero no solo sus rostros, sino por su esencia patriarcal. Así se entiende que resalten sus actitudes de mandamases, mesiánicas y “protectoras”, con discursos ajenos a la causa de las mujeres, a la juventud, a la cultura y al patrimonio natural, por mencionar algunos temas.

Encontrar algo distinto no es cosa fácil. Aunque representen excepciones, cabe traerlas a cuenta en tanto muestran otros estilos de hacer política.

Una primera cuestión la sintetiza Rigoberta Menchú, quien calificó como histórico el hecho de que organizaciones campesinas e indígenas hayan decidido romper con aquella costumbre que las hacía evitar pronunciarse a favor de algún partido o candidato, lo que llevó a sus integrantes a votar por cualquiera; “el menos malo”. Para la candidata presidencial, eso representa madurez si se busca aprovechar la coyuntura electoral para reconocerse como sujetos políticos, es decir, para dejar de estar invisibles. Ella llama a participar para que los sectores excluidos se empoderen.

Otra la expresa la portavoz de Plataforma Agraria, Úrsula Roldán, quien manifestó que su organización decidió votar por el fortalecimiento de una izquierda renovada y la proyección de una alternativa indígena (Winaq’–Encuentro por Guatemala y URNG-MAIZ), ya que la derecha –que siempre ha gobernado– ha demostrado que su proyecto es excluyente, racista, machista y supeditado a proteger a sectores tradicionales en detrimento de la mayoría de la población.

Una más tuvo lugar en un foro organizado por la Colectiva de Mujeres Feministas de Izquierda y el Núcleo de Lucha contra el Patriarcado, integrantes de MAIZ, donde se dieron cita mujeres dispuestas a defender su protagonismo electoral sin ignorar que a este proceso le falta transparencia y mayor democracia, pese a la violencia y los recientes actos de intimidación contra grupos de mujeres. “No somos figuras decorativas”, “ya perdimos el miedo para decir que somos de izquierda y feministas”, dijeron.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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