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Son más iguales que distintos
Por Rosalinda Hernández Alarcón - Guatemala, 6 de octubre de 2007

Pocas diferencias entre las manos empuñadas o extendidas.

Convencidos que las visiones conservadoras son preponderantes, los dos aspirantes a la Presidencia de la República en Guatemala responden a entrevistas mostrando su clara oposición a los cambios.

Tal actitud los lleva a coincidir en la política económica neoliberal, en su falta de perspectiva de género y étnica para proyectar acciones, así como en negar derechos sexuales desde una convicción patriarcal.

Ambos defienden el modelo económico que ha ofrecido el mandatario Óscar Berger, prometiendo estabilidad y buen clima de negocios, el cual le permitió lograr índices macros de crecimiento favorable, sin importar que ello carezca de referente en el nivel de vida de la población trabajadora.

Conforme se acerca el 7 de noviembre, los discursos de Álvaro Colom y Otto Pérez se aproximan.Ello, de seguro, da confianza a quienes desde el exterior les interesa seguir con la misma línea.

Al anunciar sus primeras diez acciones, ninguno de los dos tiene en cuenta a las mujeres ni a los pueblos indígenas. De seguro pensarán que las especificaciones son innecesarias, ya que los resultados de las mismas favorecerán a toda la ciudadanía. Ello significa continuar con los mismos enfoques que han demostrado falta de equidad, porque la población indígena y femenina se encuentra en situación de desigualdad, de tal manera que para garantizar sus derechos son indispensables las acciones especialmente dirigidas a ambos conglomerados.

Su referencia acerca de la pobreza es muy parecida y reitera la orientación del Gobierno actual, que canaliza algunos recursos en proyectos contra la desnutrición, en lugar de hacer fuertes inversiones sociales que permitan a las familias pobres obtener ingresos suficientes para su bienestar. La miseria sólo es posible alejarla si las personas tienen oportunidades de empleo e ingresos, no con bolsas de “incaparina” ni costales de fertilizante.

Sobre los derechos sexuales, mundialmente reconocidos, sin recato alguno, ambos políticos los niegan: al dejar el peso de la anticoncepción a las mujeres, al sentir afectada su masculinidad con una vasectomía, al rechazar cualquier posibilidad de interrumpir un embarazo (aunque este sea consecuencia de una violación sexual) y al censurar las parejas del mismo sexo.

Aunque, en la actualidad, la mayoría de votantes desconfía de los cambios, ello no niega que también existan grupos opositores, los cuales actúan en la perspectiva de cambiar el modelo económico que relega las demandas sociales y defienden con acciones los derechos de las mujeres y pueblos indígenas. Es cierto que todavía tienen poco impacto. Igual sucedió en otros países donde ahora la población tiene oportunidad de ejercer sus derechos sexuales, a la alimentación y al trabajo, sin importar las diferencias de sexo, edad, etnia y preferencia sexual.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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