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Adopciones, versión de esclavitud
Por Rosalinda Hernández Alarcón - Guatemala, 8 de diciembre de 2007

Ayer conversaba acerca del círculo vicioso e inhumano de la pobreza: si un ser humano nace de una mujer con hambre, crece desnutrido, recibe bajísimos salarios y muere en la miseria. Por ello es certero insistir en reconocer el acceso a la alimentación como un derecho. Solo así será posible interrumpir esa ruta casi obligada de la mayoría de la población guatemalteca, que impunemente es tolerada por las instituciones del Estado y sus gobernantes.

Esa misma reflexión viene a mi mente al recordar la historia de una joven guatemalteca, quien a sus 18 años ha tenido registros de desnutrición permanentes y en consecuencia ciclos menstruales muy irregulares, no terminó su educación primaria y solo encontró como tarea ayudar en casa a su mamá.

Ella, sin oportunidad de un empleo distinto a las tareas domésticas ni acceso a otro tipo de capacitación, encontró el gusto en la música y las amigas. Todo ello la llevó a relegar cualquier compromiso con su familia y a optar por el ocio, la fiesta y finalmente las relaciones sexuales sin protección. Tras conocer de su embarazo, ella se encontró sola ante la disyuntiva de qué hacer: tener a la criatura o interrumpirlo. Ninguna de las dos, ella sabía de la tercera opción: vender al bebé, cuyo padre ni siquiera lo reconocería ni contribuiría a su sostén, y con abuelos demasiado pobres.

Esta historia en Guatemala no es algo extraordinario. En la colonia capitalina de la zona 18 donde ella vive es de dominio público saber con quién es posible vender una criatura para después ser dada en adopción. Incluso se conoce dónde están las casas cuna ilegales y quién ya lo ha hecho, algunas más de una vez. La alternativa siniestra consiste en una cantidad que difícilmente rebasa los Q3 mil, pero incluye casa y alimentación a partir de que el embarazo ya no se puede ocultar, y les dan vitaminas y atención médica para que el embarazo llegue a buen término. Es decir, les ofrecen todo aquello que es inaccesible para alguien pobre.

Esta salida para un embarazo no deseado desde luego ignora que la mayor parte de las adopciones se realizan sin controles, están asociadas a delitos y el crimen organizado.

El Congreso está obligado a intervenir con el propósito de romper este otro círculo vicioso, de ahí la importancia de que apruebe una ley de adopciones que ponga en el centro la vigencia de los derechos de la niñez, así como de sus respectivas madres. Las otras instituciones del Estado también tienen la responsabilidad de prevenir y sancionar actos relacionados con las adopciones comerciales.

La Agencia de Noticias Lanana señala que la impunidad en este tipo de delitos alcanza el 99 por ciento.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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