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Es hora de ponernos de acuerdo
Sin Estado fuerte, no hay posibilidad de futuro para Guatemala.
Por Renzo Lautaro Rosal - 11 de enero de 2005

Diversos artículos de prensa han abordado los retos que deberán asumirse para el 2005, especialmente desde los organismos Ejecutivo y Legislativo. Este tipo de análisis se queda corto, si no se consideran otros ingredientes que permitan hacer viable la concreción de las buenas intenciones.

Un elemento común de los gobiernos democráticamente electos que hemos tenido los guatemaltecos desde 1986, ha sido esa especie de arrogancia política. Ningún gobierno ha estado ajeno a esta característica que bien puede entenderse como consecuencia de un proceso democrático incipiente con derivados de autoritarismo, al que hemos sido sometido por décadas.

Esta arrogancia se expresa al mismo tiempo de la llegada al poder, en donde a pesar que los discursos plantean la posibilidad de incorporar las propuestas de diversos sectores nacionales, en la realidad de los hechos se cierran a esta posibilidad real y se alistan a poner en práctica la acción política con base en sus propias lógicas.

Esta fórmula está plenamente agotada. Ningún gobierno puede pensar en la conducción del país sin tomar en cuenta las referencias, visiones y propuestas de las principales expresiones organizadas.

De la misma forma, ningún gobierno puede gobernar si lo hace en el marco de la lógica particular establecida por algún sector que ha tenido la habilidad de dejar de lado a los demás, haciendo uso de determinado poder que se convierte en dominante. Estas posiciones, aunque distintas, expresan una misma lógica de las democracias en construcción: discurso populista y acción conservadora.

Nos encontramos ante una valiosa oportunidad de modificar este modelo político. Para ello, es preciso dejar a un lado esta arrogancia propia de los actores políticos. Es necesario impulsar mecanismos reales de diálogos e incorporación de propuestas, que aunque no provengan de los sectores cercanos a la esfera de poder, si convengan para el país.

A lo largo de los últimos 20 años se han generado diversas mesas de diálogo, cuyos resultados deben servir de insumo para lo que ahora se propone. Han sido diálogos coyunturales, sobre temas específicos que se pierden en el tiempo en la medida en que sus ejercicios se convierten en una larga sucesión de buenas intenciones sin sentido de viabilidad política.

Corresponde ahora poner en marcha otros mecanismos de interacción política orientados a fortalecer el Estado como principal activador de otros mecanismos nacionales. Apuesto por el fortalecimiento del Estado como vía primigenia para poder canalizar adecuadamente las demandas que en la actualidad constituyen una bomba de tiempo por la imposibilidad de prestarles atención.

Los problemas que hoy se presentan son, en lo fundamental, consecuencia de la debilidad y/o inexistencia de un Estado real. La inseguridad ciudadana, la fragilidad de las políticas sociales, la insostenibilidad del tema agrario, la dependencia económica sobre las remesas, entre otros, sólo pueden entenderse a la luz de un Estado absolutamente disminuido que ni siquiera puede "sacar la cabeza del agua para tomar aire".

El gobierno actual tiene ante sí la oportunidad de dejar como legado el trazo del camino que debemos emprender en los siguientes períodos. Alentar el diálogo nacional respecto de la reconstrucción del Estado guatemalteco debe ser uno de los propósitos para el período 2005-2006. Pensar en más puede sonar a ingenuo; pensar en menos sería expresión de mediocridad.

Actuar con base en cuatro años es equivalente a tomar decisiones personales pensando en que la muerte llegará al día siguiente.

Fuente: www.prensalibre.com


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