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Objetivos y metas del milenio
Por Renzo Lautaro Rosal - 25 de enero de 2005

La importancia de la Declaración del Milenio para acelerar la agenda de país.

El pasado 17 de enero el Secretario General de las Naciones Unidas hizo un especial llamado al mundo: impulsar con un mayor esfuerzo el alcance de los Objetivos y Metas acordados entre las principales autoridades políticas de 189 países, incluida Guatemala, en septiembre de 2000, que asistieron a la llamada Cumbre del Milenio y aprobaron la “Declaración del Milenio”.

Estos consisten en un conjunto de objetivos, con plazos definidos, para combatir la pobreza, el hambre, la falta de educación, las enfermedades, la discriminación contra la mujer y la degradación del ambiente.

La Declaración del Milenio se hizo a partir del reconocimiento de los valores fundamentales que son esenciales para las relaciones internacionales en el siglo XXI: la libertad, la igualdad, la solidaridad, la tolerancia, el respeto a la naturaleza y a la responsabilidad común.

Este nuevo llamado representa una vuelta a la necesidad de considerar que lo suscrito en el 2000 aún se encuentra en fase de incumplimiento. En el caso de la región centroamericana, es evidente el rezago en el que se encuentran los indicadores sociales (por no hablar de otros), siendo Guatemala el país con mayor retraso.

En el caso nacional, coincide este recordatorio de carácter estratégico con el inicio del segundo año de gobierno, en donde se ha recalcado la necesidad, o mejor dicho, la urgencia de emprender una ruta con mayor claridad, precisión y prioridad. Cuando uno lee y analiza con atención lo contenido en la Declaración del Milenio, encuentra una total congruencia con el espíritu y contenido de los Acuerdos de Paz; al cumplirse uno de estos grandes marcos de compromisos, se cumple el otro. En nuestro caso, el elemento diferenciador debe ser dado por la realidad multicultural.

Los Objetivos y Metas del Milenio no podrán cumplirse a plenitud, al menos en el caso guatemalteco, en los plazos previstos, por ejemplo: reducir a la mitad, entre 1990 y 2015, el porcentaje de personas cuyos ingresos sean inferiores a un dólar por día; o reducir a la mitad, entre 1990 y 2015, el porcentaje de personas que padecen hambre.

Sin embargo, es deseable que se emprendan acciones coherentes y definidas para acercarnos a estas metas. Tenemos ante nosotros una oportunidad irrepetible: o nos ponemos a trabajar con especial ahínco en esta ruta, o definitivamente nos quedaremos sin futuro.

De poco o nada sirven los llamados que diferentes sectores lanzan para embarcarnos en las diversas rutas que nos impone la llamada “globalización”. En Guatemala, hablar de globalización parece como un grito dirigido al fondo de un abismo interminable.

No está demás recordar que antes de, o al menos en paralelo a, deben solventarse problemas de proporciones mayores. Lo sucedido hace unos días a raíz del inicio de la explotación minera en San Marcos es tan solo un pequeño llamado de conciencia, que en lo más profundo demanda la atención de lo importante, no sólo de lo urgente.

La Declaración del Milenio es más que una serie de objetivos, metas e indicadores. Representa un espacio para establecer grandes acuerdos nacionales. Los valores universales que encierra permiten coincidir a sectores y personas que en otros temas pueden estar contrapuestos.

Si en otros temas ha sido posible que los guatemaltecos nos pongamos de acuerdo (en casos de desastres naturales, en la lucha contra la hambruna, por ejemplo), por qué no en temas sustantivos como los que encierra esta trascendental Declaración.

Fuente: www.prensalibre.com


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