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Retroceso significativo
Por Renzo Lautaro Rosal - 8 de febrero de 2005

El papel de la SAE no termina de aclararse.

La reciente renuncia del secretario de Análisis Estratégico, Edmundo Urrutia, y los posteriores avances sobre las personas entre las cuales saldrá el sustituto definitivo, ponen al desnudo las fragilidades y tensiones del actual equipo de gobierno. Es además una muestra clara del grado de influencia que siguen teniendo los poderes fácticos.

Llama la atención que ningún funcionario de gobierno haya hecho declaración alguna sobre este caso, que permitiera mayor claridad sobre las razones de fondo que dieron lugar a la renuncia.

Los elementos apuntan a que este suceso forma parte de una trama mayor, en donde destaca el peso de intereses divergentes al interior del mismo Organismo Ejecutivo. Tal parece que el peso de las tensiones y las diferencias es mayor a lo que se cree. Las diferencias afloran respecto a temas altamente sensibles. Lo relativo al análisis estratégico es uno de ellos, más cuando parece ganar espacio la visión que vincula este tipo de análisis con el modelo tradicional vinculado a la dimensión militar.

Conforme avanza la gestión gubernamental, se hacen más visibles las diferencias. Lo que parecía granítico del inicio, cede paso a la explicitación de las tensiones. Los acuerdos temporales que hicieron posible la conformación del gabinete tambalean frente al peso real de los intereses estructurales.

Es hora de la reconformación del “equipo” que requiere contar con personas más cercanas, de mayor confianza con la línea que se impone. Prueba de ello radica en que este cambio no produjo al interior del gobierno mayor declaración de apoyo o desaprobación.

Lo que ha ocurrido con la SAE no sólo no es casual, sino parece ser una primera manifestación de otros movimientos a futuro. En aras de mostrar resultados, se debe hacer cualquier movimiento que resulte beneficioso; no al país sino a la oportunidad del momento: 2005 año crucial para producir resultados, aunque éstos no apunten a objetivos de mediano plazo.

El papel de la SAE no termina de aclararse. Sus objetivos siguen estando en una “zona gris”. A su alrededor merodean intereses que persiguen la vuelta a posiciones de quieren hacer de esta institución un parte central del aparato de inteligencia no civil.

Por el otro lado, personas y sectores que reconocen la importancia del análisis estratégico como mecanismo orientador de la gestión de todo gobierno en la medida en que cumple una función que apunta a pensar más allá de los remolinos del corto plazo.

La balanza está por inclinarse hacia un lado, con lo cual se pierde la oportunidad, otra más, de mostrar avances significativos en temas de trascendencia. En política, más cuando ésta se ejecuta con alto grado de pragmatismo, las decisiones se deben hacer con cierta direccionalidad, con sentido de avance. En este caso particular, las coordenadas apuntan a lo contrario.

¿Quién o quiénes toman las principales decisiones nacionales? ¿Hasta cuándo seguiremos con este alto nivel de vulnerabilidad política? Los escenarios sobre los que debe librarse la política deben aclararse, sus actores también. Ese es el papel central que debe atender una entidad dedicada al análisis estratégico.

El carácter de instituciones como la SAE no debe desdibujarse por intereses particulares. La institucionalidad aún precaria, se daña más en la medida que los intereses de las organizaciones cambian con rapidez, en forma radical y no llegan a madurar. Ojalá su objetivo más profundo se retome en algún momento a futuro; a corto plazo parece que estará dedicada a otros menesteres.

Fuente: www.prensalibre.com


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