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Democracia a prueba
Por Renzo Lautaro Rosal - Guatemala, 12 de julio de 2005

Las consultas populares ponen a prueba la democracia

La reciente consulta ciudadana realizada en el municipio de Río Hondo, Zacapa, ha servido para poner sobre la mesa una discusión clave que trasciende lo particular y dirige su mirada hacia una dimensión nacional.

Se trata de analizar el tema de la democracia directa, de si son o no vinculantes sus resultados y del campo de acción de un Estado que no está preparado para este tipo de ejercicios.

Diversos articulistas han escrito en estos días sobre esta consulta. Unos apuntan por la importancia de este mecanismo, que hará posible abordar temas de importancia local y nacional; lo ven como un espacio positivo digno de réplica.

Otros dudan del ejercicio, lo ven como peligroso para la democracia porque su uso se puede generalizar, incluso favorecido por algunos sectores “oscuros”, y con ello atentar contra la gobernabilidad, aún incipiente.

El filósofo italiano Norberto Bobbio destaca en sus escritos que la economía de mercado ha permitido el difícil camino de la democracia. Esta relación puede ser considerada mortal puesto que esta economía, tal como se ejemplifica en diversas democracias occidentales, oprime a la democracia hasta conducirla a diversas formas de degeneración.

El proceso democrático instaurado en Guatemala se enmarca tras el modelo de la democracia liberal.

Siguiendo a Bobbio, este modelo se asienta en una lógica caracterizada por la figura del hombre consciente, que sobresale del grupo y que está emancipado de la dependencia de sus viejos nexos sociales; pero que se muestra mucho menos interesada en los nuevos procesos sociales, en las nuevas dependencias y en la pobreza de la que tratan de emanciparse los nuevos sujetos que están emergiendo.

El modelo liberal es conservador, cuando no presta atención al crecimiento de intereses elementales de los cuales el hombre consciente (propietario) ya se ha emancipado, aun cuando sean intereses difundidos entre sectores mayoritarios.

El mismo Bobbio señala que el segundo gran objetivo del liberalismo consiste en la sistematización de los procedimientos, de las formas y las garantías tendientes a estabilizar la protección del individuo ante otros individuos y ante el Estado.

El Estado liberal se configura como estado de Derecho puro, como Estado solamente garante o Estado abstencionista. El Estado liberal tiende a proteger y garantizar más bien la estática que la dinámica social; es el Estado guardián de las relaciones de mercado y de las transacciones privadas. Para este Estado la soberanía popular es un mero dato coyuntural.

El liberalismo aparece como una fuerza política conservadora, dirigida más a moderar las presiones que a organizarlas o dirigirlas.

La democracia que prefiere el liberalismo es una democracia minimal, que apuesta por los procedimientos, el tecnicismo y el formalismo jurídico construido para la defensa de una pirámide que privilegia las garantías, que tiene en su vértice al individuo privado que ya ha sobresalido por encima de las dificultades elementales en las que todavía están inmersas las grandes masas.

Su horizonte visible es el del mercado, en de la competencia, el del combate social. Esta evidencia transforma en un sistema de valores todo lo que concierne al nivel formal, individual y procesal de la vida moderna.

El modelo de democracia que Guatemala requiere para su perfeccionamiento debe acercarse paulatinamente al planteamiento de Gramsci: la democracia debe hacer coincidir a gobernantes y gobernados en aras de instaurar un estado de Derecho que permita ver los progresos del consenso y la reducción de la coacción.

Fuente: www.prensalibre.com


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