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No olvidemos a los nuestros
Por Renzo Lautaro Rosal - Guatemala, 30 de agosto de 2005

Un llamado para solucionar el caso de los refugiados guatemaltecos en Bolivia

En esta ocasión, abordo el caso de los refugiados guatemaltecos en Bolivia. Son un pequeño grupo de familias y sus descendientes, que sin pensarlo ni quererlo están en dicho país, deseando que los guatemaltecos y sus autoridades vuelvan la mirada sobre su presente y futuro.

El caso ha cobrado notoriedad, pero sin resolverse en definitiva; aún prevalece en estas personas confusión, amargura y el desarraigo.

El punto de origen fue la persecución por su pertenencia a la Iglesia Católica (ejercían actividades pastorales, como catequistas, ministros de la palabra o visitadores de enfermos).

Eran miembros de comunidades eclesiales de base. Esta situación les llevó a huir en 1981 a Honduras, en donde trabajaron como jornaleros y otros fueron obligados a acogerse a la caridad. Fueron concentrados en un campamento de refugiados de la ONU.

Ante la amenaza de su deportación, se acogieron a la ayuda de Cáritas y del Comité Evangélico de Emergencia Nacional.

A pesar de ello, la situación seguía siendo difícil, por lo que solicitaron el apoyo de Acnur, quienes crearon para ellos el campamento El Tesoro, en donde no contaban con las garantías mínimas que una condición de refugio debe observar.

En junio de 1983, miembros de los ejércitos de ambas naciones irrumpieron en el campamento y capturaron a 17 refugiados, quienes fueron conducidos a la frontera con la intención de internarlos en Guatemala, lo cual fue impedido por la intervención internacional. Algunos lograron regresar al campamento, habían sido golpeados y torturados. Los otros quedaron detenidos, acusados de ser miembros de la guerrilla.

Tras meses de negociación y acuerdos, Acnur buscó un tercer país para ellos, sus familias y parientes cercanos. Los primeros 10 llegaron a Bolivia en junio de 1983, después llegaron sus familias y otros refugiados que también fueron amenazados (en total, 109).

Poco después Acnur terminó el contacto con ellos, quedando la tutela bajo el Gobierno boliviano.

El grupo fue ubicado en una zona pantanosa, con tierra incultivable. Perdieron sus terrenos en 1991-92 a raíz de grandes inundaciones. Desde entonces, viven en la miseria y la marginación.

Trabajan como jornaleros en fincas en donde ganan alrededor de US$2.50 por día. Perdieron su condición de refugiados, han tenido un dilatado y sostenido aislamiento.

Todos parecen darle la espalda, a pesar del marco que da el Acuerdo para el Reasentamiento de las Poblaciones Desarraigadas por el Enfrentamiento Armado y la posterior Ley Temporal de Documentación Personal.

En 2003 establecen comunicación con la Unión Nacional de Comunidades y Organizaciones pro Derechos Humanos y con el Centro Padre Hermógenes López, requiriendo solidaridad y apoyo.

Estas organizaciones, aunque cuentan con voluntad, no han encontrado la cooperación deseada; razón por la cual los avances han sido pocos.

Este caso se sitúa en el plano de la urgencia para no seguir postergando la resolución de temas que tienen tanto tiempo de estar estancados; significa también volver la vista sobre la importancia de reconocer que las repercusiones de la guerra interna aún permanecen con buena dosis de actualidad y que no son rasgos “del pasado”, como algunos quisieran.

El camino de la reconciliación pasa necesariamente por tener a mano la totalidad de los capítulos de la historia, hacerlos parte del presente y buscar la resolución de todos los ángulos que aún presentan vacíos.

Ojalá este recordatorio sirva para algo...

Fuente: www.prensalibre.com


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