El recurso del miedo
Por Renzo Lautaro Rosal - Guatemala, 27 de noviembre de 2008
El tema de la inseguridad es el imaginario más fuerte que se manifiesta en América Latina. Los imaginarios son elementos constitutivos del orden social. La dialéctica del miedo se ha ido construyendo entre imaginarios y realidades de inseguridad ciudadana, respondiendo a complejas relaciones de poder y de mercado.
El imaginario del miedo se constituye como elemento que gobierna, por excelencia, e invade a las colectividades y a los mismos individuos. No hay nada que escape a su control. El miedo es, al mismo tiempo, un hecho social que se ha ido construyendo con base en la acumulación de evidencias concretas. Percepción o realidad… Queda clara la posibilidad real de manipular el peso real de este fenómeno.
Las ciudades son el epicentro del miedo, lo cual no exime de que progresivamente este imaginario invada las áreas rurales. Este fenómeno genera conductas de la población acordes con él (nadie puede enfrentarlo, cada quien busca salidas por su propia mano). El miedo se transmite con mayor velocidad que la confianza.
Las cifras del miedo son aquellas percepciones, individuales o colectivas, producidas cuantitativamente sobre personas y/o lugares, para medir los índices de la violencia.
La estadística no es la simple representación cuantitativa de una realidad social, es también una creación que sirve para devolver a la sociedad una imagen codificada de sí misma, para controlarla o modificarla. La estadística es un mecanismo que permite el ejercicio del poder represivo o disuasivo a través del saber criminológico (Foucault, 1975).
La estadística también es un proceso de acumulación de conocimientos, mediante los cuales las sociedades se organizan política y culturalmente.
El momento actual es clave para observar cómo el fenómeno del miedo alcanza niveles nunca antes vistos en Guatemala.
Existe una relación directa entre el crecimiento de este imaginario y la mayor propensión a las crisis económicas. Es previsible que ciertos sectores de poder, que tienen mayores posibilidades de salir perjudicados por la crisis global, “necesiten” de catalizadores para mantener sus ejes de dominación. Mantener y exacerbar el clima de inseguridad es una alternativa, perversa pero factible.
Existen sectores que se aprovechan de este estado generalizado de miedo, para posicionarse en contraposición con la poca acción de las instancias estatales, generar un ambiente de mayor desestabilización, o sacar provecho de un marco de tensión generalizada, que favorece el desaliento y la desconfianza. Los imaginarios no son creaciones espontáneas; son generadas por sectores que buscan beneficios en medio de las crisis.
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