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Los maestros merecen algo mejor
Por Roberto Moreno Godoy - Guatemala, 5 de septiembre de 2005

Un programa que pretende mejorar el desempeño docente.

Uno de los dilemas que enfrentan los buenos maestros es que los incentivos los alejan del salón de clases. Aquellos que aspiran a ganar mejor deben dirigir sus pasos hacia otros sectores o buscar trabajos administrativos o de capacitación en ONG o en proyectos internacionales. Solamente aquellos que logran estabilizar los ingresos de su núcleo familiar de alguna forma, quienes no encuentran otras oportunidades o quienes se resignan a vivir con limitaciones, se quedan en el salón de clases. Muchos asumen el costo de oportunidad y, atendiendo su vocación docente, permanecen en la escuela. Como sociedad debemos cuestionar y enfrentar esta situación. Los maestros merecen vivir con dignidad. Si hemos de depositar el destino de nuestros niños y jóvenes en sus manos, debemos brindarles las oportunidades y condiciones que les hagan brillar como docentes y ser felices como personas.

Recientemente, Jay Mathews, reportero del diario Washington Post, publicó un artículo que describe un programa que pretende mejorar el desempeño docente mediante una combinación de estándares altos, evaluación del desempeño e incentivos salariales. El programa, creado por la “National Board for Professional Teaching Standards”, es un esfuerzo voluntario administrado por una ONG y pagado por los maestros que participan. De ellos, quienes logran ser acreditados por el programa no solo gozan de mayor prestigio, sino que reciben un incremento salarial significativo. El reportaje presenta el caso de Mark Ingerson, un querido profesor de Historia en el Estado de Virginia, descrito como el tipo de maestro que todo distrito escolar quisiera tener. Lamentablemente, a los 31 años de edad, su sueldo base solo era de US$39 mil anuales. Mark, casado y con una hija pequeña, veía con ansiedad la necesidad de salir del salón de clases y trabajar como administrador, si deseaba proveer a su familia del tipo de vida que merecía. Sin embargo, el otoño pasado recibió buenas nuevas que le permitirán seguir haciendo lo que le gusta: ser maestro. Luego de completar un demandante proceso de evaluación, fue certificado por la Junta Nacional referida. A diferencia de otras distinciones y honores, la acreditación viene acompañada de efectivo. Implicará un incremento salarial anual de US$7 mil 500 y otras bonificaciones en los próximos años. Según el reportaje, maestros como Mark buscan acreditarse no solamente por el respeto y dinero extra que ello representa. También lo hacen para demostrar que sus métodos son efectivos y válidos.

Este ejemplo constituye una idea sobre cómo reconocer al buen maestro y darle los incentivos correctos para que permanezca en el aula. Me imagino que habrá muchos otros esquemas que se podrían considerar. En todo caso, en Guatemala no podemos quedarnos de brazos cruzados, y aceptar la idea que la vocación docente, la calidad educativa y la pobreza del maestro deben ir de la mano.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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