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El CAFTA está cojo sin el tema migratorio
por Raúl Molina Mejía- 27 de mayo de 2004

albedrio.org
Según la prensa, el Gobierno de Guatemala está pronto a firmar, el día 28 de mayo, el Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica y los Estados Unidos, conocido en los Estados Unidos como CAFTA. Funcionarios del gobierno afirman que las condiciones de dicho tratado que finalmente se acordaron favorecen a Guatemala. Lo mismo dijo Alfonso Portillo cuando se iniciaron los trámites, por iniciativa de los Estados Unidos, sin que hasta el momento nadie haya podido demostrar que el "libre comercio" favorece por igual a todos los socios que firman el tratado. Históricamente ha quedado comprobado, en Africa, América Latina, Asia y Oceanía, que si se establece el libre comercio entre dos socios desiguales, lo que se genera en la práctica es una relación de neocolonización y dependencia del socio más débil. Usualmente, los pequeños negocios no pueden competir frente a las corporaciones y son desplazados. Como decía don Juan José Arévalo, es de nuevo una situación del "tiburón y las sardinas".

Desde luego, resulta un poco tarde plantear la no firma del tratado, aparte de que deberíamos conocer mejor las provisiones del mismo, en particular la letra menuda. Una vez más, se toma una decisión que compromete al Estado guatemalteco sin que haya habido verdadera consulta y debate con la sociedad, en su conjunto. Es muy probable que en algún momento haya habido algunas consultas sectoriales, particularmente con el sector privado del país. En este sentido, cualquier quiebra que se produzca en empresas industriales y agrícolas al no poder competir con las poderosas empresas norteamericanas será responsabilidad de quienes no hayan analizado a fondo las consecuencias del tratado, como ocurre con muchas empresas de México, luego de la aplicación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA), pese a ser un país bastante más desarrollado que el nuestro.

Tampoco desde el resto de la sociedad civil existió una postura de mayor crítica, con excepción de la Iglesia Católica de Guatemala, que no solamente propició una serie de eventos para analizar el tratado centroamericano de manera más profunda, sino que manifestó públicamente sus reservas ante muchos de sus aspectos. También se produjeron algunos otros señalamientos de organizaciones obreras y campesinas y, tímidamente, del sector universitario; pero fue imposible exigir ante los gobiernos anterior y presente que sus representantes reflejaran el sentir de la sociedad civil en las desiguales negociaciones.

Desde el exterior, en donde a menudo andamos un tanto a la zaga de los acontecimientos del país, debido a la carencia de información y a las limitaciones del debate público, sí nos parece imperdonable que el tratado que supuestamente permite el flujo de todo -capitales, mercancías y servicios- no considere el flujo migratorio. En este momento, Guatemala exporta, principalmente, recursos humanos, la mayoría de los cuales llegan a territorio estadounidense en condiciones de inseguridad y de falta de respeto a su dignidad. Una vez ubicados en el mercado de trabajo de Estados Unidos, manejado justamente por grandes empresas que necesitan nuestra mano de obra barata para incrementar sus ganancias, estos recursos humanos contribuyen con sus remesas familiares a sostener la economía del país. Sin embargo, en el CAFTA ni siquiera se deja para "después" la discusión de un tratado complementario relativo al flujo migratorio. Teniendo en cuenta que todos los países de la región centroamericana y la República Dominicana, exportadores netos de mano de obra, se aprestan a estampar su firma, no cabe duda que se estará firmando un tratado cojo, producto de una negociación ciega y de los oídos sordos del socio dominante. Se han dado así varias vueltas más a la rosca de la dependencia.

Enviado a nuestra redacción por el Ing. Raúl Molina Mejia


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