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Los Centroamericanos lamentamos la muerte de Ronald Reagan
por Raúl Molina Mejía- 11 de junio de 2004

albedrio.org
Además de las élites políticas y económicas que aprovecharon plenamente las políticas de Ronald Reagan en Centroamérica, las grandes mayorías de centroamericanos que sufrimos las consecuencias de sus políticas en la región lamentamos su temprano deceso. Pese a que tenía 93 años, murió muy pronto, porque no hubo tiempo de abrirle juicio por las gravísimas violaciones de derechos humanos y los crímenes de guerra en Centroamérica.

En Centroamérica, durante el decenio 1980, contrario a lo que ocurre en el Iraq hoy, las tropas estadounidenses no fueron acusadas de crímenes de guerra, porque solamente desempeñaron papeles de "asesoría y adiestramiento". Sin embargo, los contras, organizados por la CIA, y los ejércitos de El Salvador, Guatemala y Honduras se prestaron a ser los dóciles y directos instrumentos de Reagan en su mesiánica lucha en contra de todo lo que él y sus asesores pudieran denominar "comunista". Y esos ejércitos y bandas violaban los derechos humanos y perpetraban crímenes de guerra cotidianamente.

Recordemos que la llamada “guerra de la contra”, que el gobierno de Reagan presentaba orgullosamente como la batalla de los "luchadores de la libertad", segó las vidas de más de 50,000 personas, la mayoría de ellos civiles. Esa guerra sangrienta e injusta detuvo el desarrollo social y económico de ese pais e impidió que la Revolución Sandinista cumpliera sus promesas. Para apoyar esa guerra, Reagan pasó por encima del Congreso de los Estados Unidos e hizo tratos ilícitos con el Irán (el escándalo Irán-Contra), que en ese tiempo era su enemigo. La guerra de la contra también causó la subversión del Estado y la sociedad en Honduras, en donde miles de hondureños y otros fueron perseguidos, asesinados o desaparecidos en operaciones conjuntas del ejército hondureño y los contras, bajo la vigilancia de los asesores estadounidenses. La situación calamitosa, hoy, tanto de Honduras como de Nicaragua, es legado de Reagan en Centroamérica.

En El Salvador, Reagan no necesitó que las bandas se organizaran como contras, porque ya estaban organizadas como grupos paramilitares al servicio de las fuerzas armadas y de seguridad en una campaña que costó la vida a cerca de 150,000 salvadoreños, mayormente civiles. Entre los "logros" de las fuerzas militares del Gobierno de El Salvador están los asesinatos del Arzobispo Oscar Romero, cuatro monjas católicas de Estados Unidos y seis sacerdotes jesuitas.

Guatemala sufrió las más terribles consecuencias de las políticas de Reagan en Centroamérica. Si bien es cierto que la represión había comenzado en Guatemala antes que él, fue bajo sus auspicios que las violaciones de los derechos humanos alcanzaron el nivel de genocidio, como lo demostró la Comisión para el Esclarecimiento Histórico. Durante los 17 meses de gobierno del General Efraín Ríos Montt, protegido especial de Reagan, más de 600 aldeas mayas fueron totalmente destruidas, un millón de personas fueron desplazadas forzadamente y 70,000 personas fueron muertas o desaparecidas. Y todo en nombre de los valores cristianos y de la civilización occidental, como parte de las políticas de Guerra Fría del entonces Presidente de los Estados Unidos Ronald Reagan.

El Tribunal Penal Internacional nació muy tarde y, desafortundamente, muy maniatado. Los sistemas judiciales no se atreven todavía a tocar a personajes ominosos como Kissinger. Y todavía está por crearse un Tribunal Especial para el genocidio y las violaciones de derechos humanos en Centroamérica. Sin embargo, los centroamericanos esperamos y confiamos en que, pese a que hoy en día muchos se desviven por alabar a Ronald Reagan, la historia terminará por desenmascarar el período siniestro que él personificó y que otros recrean hoy y lo hacen más aberrante.

Enviado a nuestra redacción por el Ing. Raúl Molina Mejia


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