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A los cincuenta años de un país-cidio
por Raúl Molina Mejía- 30 de junio de 2004

albedrio.org
Este domingo, 27 de junio, se cumplen los 50 años de otro domingo, aciago y triste en la historia de Guatemala, cuando el Presidente Jacobo Arbenz Guzmán fue forzado a renunciar ante las enormes presiones del Gobierno de los Estados Unidos. Esa amarga noche, Arbenz pronunció su discurso y entregó el poder, ante la traición de los altos oficiales del ejército de Guatemala. El gobierno de Eisenhower ejecutó con gran precisión --la Operación Exito de la CIA-- un verdadero país-cidio, el asesinato del país, entre mayo y junio de 1954.

Desde luego, los guatemaltecos, aunque intuíamos el papel jugado por el Gobierno de los Estados Unidos, no conocimos la verdad sino muchos años después. La mentira que se le hizo tragar al país es que Castillo Armas había organizado el ejército de liberación nacional, había entrado exitosamente por Esquipulas y había logrado amedrentar a los oficiales del ejército nacional para que pidieran la renuncia de Arbenz.

Es históricamente cierto que hubo otros factores en el derrocamiento de Arbenz: La Iglesia Católica había puesto todo su peso en contra del gobierno; amplios sectores de las capas medias se sintieron atemorizados ante las acusaciones de que Arbenz era comunista; la iniciativa privada, particularmente la Compañía Frutera, invirtió esfuerzos y recursos para socavar al régimen democrático, incluidas varios intentos de golpes de Estado; y los gobiernos de El Salvador, Honduras y Nicaragua se prestaron para fraguar y llevar adelante las operaciones militares. Sin embargo, los dos factores esenciales de la caída del segundo gobierno democrático de la Revolución de Octubre de 1944 fueron la decisión del Gobierno de Estados Unidos de eliminar dicha Revolución y la traición militar.

Hay que hacer notar que no todos los militares fueron traidores. Algunos oficiales dirigieron las operaciones de defensa de la soberanía de manera efectiva, debiendo luego salir al exilio. No podemos olvidar la gesta heroica de los cadetes de la Escuela Politécnica que se levantaron en armas el 2 de agosto de 1954. Y la lucha armada, como ejercicio del derecho de los pueblos a la rebelión, tuvo sus inicios en el levantamiento militar del 13 de noviembre de 1960, al mando de pundonorosos militares. Sin embargo, la falta de defensa del gobierno de Arbenz sumado al papel represivo jugado por las fuerzas militares del país a lo largo de 36 años llevan a la conclusión lógica de que si un pueblo tiene todo el derecho de deshacer el ejército nacional, ese es el pueblo de Guatemala. No defendió a su pueblo cuando fue llamado a hacerlo y se volvió contra el pueblo, como instrumento de las politicas anticomunistas que Estados Unidos impuso en el marco de la Guerra Fría, al punto de cometer genocidio y violar flagrantemente todos los derechos humanos en nuestro país

En última instancia, no obstante, el enemigo principal de Guatemala ha sido Estados Unidos. Cercenó la democracia en 1954 y sostuvo y fortaleció a todos los gobiernos represivos que se fueron sucediendo, aun en los peores momentos de barbarie, bajo Lucas García, Ríos Montt y Mejía Víctores. Estados Unidos supo de la represión aplicada al pueblo de Guatemala en forma inmediata, tanto en asesinatos como en desapariciones forzadas (más de 45,000), desde el secuestro colectivo de los dirigentes del PGT, en 1963, hasta la desaparición forzada de "Mincho", poco antes de la firma de la paz. Ese país estuvo enterado de todas y cada una de las masacres de aldeas indígenas (cerca de 650) y supo siempre que se trataba de población civil no combatiente. En todos esos momentos de tragedia nacional, los sucesivos gobiernos de los Estados Unidos no hicieron nada por detener el desangramiento, el cual siempre fue considerado como el precio de los diez años de Primavera Democrática que el país gozó de 1944 a 1954.

Quizás ahora no será el momento para que se produzca la necesaria compensación al pueblo de Guatemala, porque la Casa Blanca en Washington es ocupada por alguien que no dudaría en repetir la historia guatemalteca, para garantizar "los valores cristianos y la civilización occidental". Pero, en los próximos diez años, especialmente si llegamos a contar con un gobierno de centro-izquierda que tanto necesitamos, el pueblo deberá ver dos formas de compensación: en primer lugar, el desaparecimiento para siempre del ejército nacional, destinándose sus fondos estrictamente a programas de inversión social; y el pago por parte de los Estados Unidos de una compensación billonaria, por la destrucción de la democracia en 1954, la negación del desarrollo del país a lo largo de 50 años y las centenas de miles de muertos por la guerra y los millones de muertos por hambre y enfermedad.

Raúl Molina Mejia es parte del lobby de autores de la Revista albedrio.org


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