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A los veinticinco a ños de la Revolución Sandinista
por Raúl Molina Mejía- Nueva York, 19 de julio de 2004

albedrio.org
El 19 de julio de 1979, luego de intensa lucha militar, los Sandinistas, apoyados por personas en favor de la democracia en el mundo entero, derrocaron a la dinastía de los Somoza, que había ostentado el poder por más de 45 años. Esta luchó contó con la participación plena de las fuerzas democráticas de Centroamérica y se convirtió en punto de inflexión en las luchas de América Latina por alcanzar la justicia social. Afortunadamente, el Presidente Carter ocupaba la presidencia de los Estados Unidos y hacía gala de su política exterior basada en los derechos humanos. Pese a que, de manera equivocada, al principio intentó apoyar un gobierno de transición, finalmente aceptó el hecho de que los Sandinistas tenían la total confianza de su pueblo y estaban listos para iniciar una nueva era en Nicaragua.

Desde el primer momento, los Sandinistas demostraron su convicción en los derechos humanos y verdadera compasión. No el tipo de "compasión Republicana" en los Estados Unidos, que envía numerosos individuos a la pena capital y a miles de soldados a morir en el Iraq, al tiempo que matan en dicho país a decenas de miles de civiles y militares iraquíes en aras de ganancias económicas y políticas. Más bien, los Sandinistas procedieron a verdaderos actos de reconciliación. Permitieron, por ejemplo, que funcionarios y miembros de las fuerzas armadas y de seguridad de Somoza abandonaran el país. No hubo secuela de sangre, luego del triunfo de la revolución. Y después, demostraron con hechos su determinación de transformar Nicaragua para el beneficio de las grandes mayorías pobres del país. Para todos los progresistas alrededor del mundo, las palabras del cantor nicaraguense Mejía Godoy tenían mucho sentido: "Nicaragua, Nicaraguita....ahora que ya sós libre, yo te quiero mucho más".

Desafortunadamente para Nicaragua y para el mundo entero, Ronald Reagan fue electo Presidente de los Estados Unidos en 1980. Basado en las premisas y recomendaciones del Grupo de Santa Fé, en forma inmediata actuó contra los Sandinistas, nombrando a John Negroponte como Embajador en Honduras y persona a cargo de la guerra de los "contra". En la guerra contra los Sandinistas, los contras, con el apoyo de la CIA, no escatimaron ninguna acción, incluidos actos de terrorismo, para drenar las vidas de la juventud de Nicaragua --hubo más de 30,000 bajas-- y los escasos recursos de un país pobre del Tercer Mundo. No obstante, la Revolución Sandinista, pese a la agresión de los Estados Unidos, fue capaz de brindar muchos beneficios a la población nicaraguense, gracias entre otras cosas a la generosa solidaridad mundial, incluidos los esfuerzos sostenidos de miles de estadounidenses. En especial, la Revolución Sandinista pudo llenar de esperanza al pueblo nicaraguense y a los otros pueblos centroamericanos.

Por más de 10 años pudieron mantenerse los sueños y los esfuerzos de los Sandinistas, hasta que las madres no pudieron soportar más el dolor causado por las muertes de sus hijos. La población nicaraguense votó a favor de encontrar una salida a la guerra que los Estados Unidos había desatado contra su país, poniendo el gobierno en manos de un nuevo grupo político. Los Sandinistas respetaron el resultado, con la esperanza de que el nuevo gobierno pudiera sacar a Nicaragua de la crisis impuesta desde afuera. No obstante, la presión contra Nicaragua no desapareció y la Presidenta Violeta de Chamorro nunca logró la confianza del Gobierno de los Estados Unidos. Se le señaló de obeder más los mandatos de su Constitución que las exigencias de cambio de los Estados Unidos. Aún bajo los gobiernos más recientes de los Presidentes Alemán y Bolaños, incondicionales de los Estados Unidos, Nicaragua no ha pasado de ser un asterisco en las preocupaciones de política exterior estadounidense. Como resultado, Nicaragua ha vuelto a ser uno de los países más atrasados económicamente en el continente americano, perdiéndose la mayoría de los logros sociales del período Sandinista.

Hoy, veinticinco años después del triunfo Sandinista, algunos pudiera pensar que fue una experiencia fallida. Sin embargo, históricamente, siempre se dan avances y retrocesos. A pesar de los retrocesos, lo que fue sembrado por los Sandinistas a partir de 1979 puede aún recuperarse; puede volverse a encender la revolución pacífica. En primer lugar, los Sandinistas constituyen una vigorosa segunda fuerza política, con la capacidad de volver a ganar la presidencia. Se mantienen algunos de los logros del movimiento social y de las transformaciones positivas de las fuerzas armadas y de seguridad. Las fuerzas sociales siguen siendo agentes de cambio de primer orden. Si bien la solidaridad internacional ha disminuido, no ha desaparecido del todo. Finalmente, puede haber capital fresco si los Estados Unidos obedece la decisión de la Corte Internacional de Justicia de que debe pagar una indemnización a Nicaragua de $ 1,700 millones de dólares por actos terroristas contra Nicaragua en la década de 1980. Más importante todavía, sigue estando viva, desde Chiapas hasta Panamá, la convicción de que Centro América necesita una revolución real, no necesariamente violenta, para transformar tanto los estados como las sociedades de la región.

Raúl Molina Mejia es parte del lobby de autores de la Revista albedrio.org
Es miembro dirigente de la Red por la Paz y el Desarrollo de Guatemala (RPDG)
Profesor Adjunto de la New York University y la Long Island University


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