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La rutas no paralelas de Guatemala y Venezuela
por Raúl Molina Mejía- Nueva York, 14 de agosto de 2004

albedrio.org
El domingo, 15 de agosto, Venezuela estrenará una nueva fórmula democrática para el manejo de la gestión pública en la región latinoamericana: el referendo revocatorio. La experiencia señala que en los años recientes la mayoría de los pueblos de América Latina han venido perdiendo la fe en sus experimentos democráticos, al encontrar que quienes llegan al poder, aun quienes han contado con apoyo popular, pronto gobiernan en favor de minorías privilegiadas, ignorando las necesidades de las grandes mayorías. El referendo revocatorio se convierte así en el ejercicio de un voto de censura o de apoyo que quizás ayude a la profundización de la democracia en la región.

La aplicación del referendo en Venezuela tiene mucho de contradictorio. En primer lugar, no surge de una demanda popular (la mayoría de la población parece apoyar al gobierno de Chávez) sino que de los intereses de sectores políticos y económicos que han gozado antes del poder y de privilegios; una parte considerable de quienes han promovido este ejercicio democrático utilizaron, previamente, el nada democrático sistema del "golpe de estado" y meses de desestabilización; aun peor, algunos de los "líderes" del movimiento han dicho llanamente que respetarán el resultado del referendo únicamente si es contrario a Chávez, manteniendo abierta la puerta de la rebelión armada.

A finales del año pasado, algunos analistas pretendían establecer un falso paralelismo entre Portillo y Chávez. La verdad es que lo único que compartían en común era el hecho de haber llegado al gobierno desde una posición populista y de estar enfrentados a sectores oligárquicos. De ahí en adelante, ni las acciones de gobierno ni la oposición a las mismas guardan verdadero paralelismo. Chávez ha convocado a la revolución bolivariana, para darle respuesta a las necesidades de las grandes mayorías pobres, mientras que Portillo siempre habló mucho e hizo poco. Portillo fue aliado incondicional de los Estados Unidos y mantuvo su apoyo hasta el final, mientras que Chávez ha tenido su animadversión constante. Fue claro que en el golpe de estado contra Chávez y en el financiamento de la campaña en contra de él, el gobierno de los Estados Unidos no ha permanecido neutral. Ha ejercido su usual actitud intervencionista para sacar del poder a un presidente que no se adherido a la políticas guerreristas en el mundo. Finalmente, los partidarios del FRG recurrieron a la violencia y el temor, como mecanismo de presión, mientras que los que sostienen a Chávez han optado por el respeto y la aplicación de la ley.

Sin duda, el Presidente Chávez habrá cometido errores en la gestión de su gobierno y acciones oportunas suyas pudieron haber disminuido la polarización del país. Sin embargo, comparado su gobierno con el de muchos otros países de América Latina, particularmente el gobierno anterior de Guatemala, resaltan cuatro virtudes: ha respondido a las necesidades de las grandes mayorías pobres de su país, invirtiendo en políticas sociales; ha evitado la corrupción que socava la democracia en tantos otros lugares de la región; ha mantenido el principio de la libre determinación y ha ejercido la soberanía venezolana; y, finalmente, ha respetado el marco democrático.

Este último aspecto es mucho más importante de lo que parece. En una sociedad altamente polarizada, con una aguda confrontación de clases, el gobierno venezolano ha respetado los derechos humanos y el estado derecho, renunciando a la represión como instrumento de control. Aun en los casos del golpe de estado y de la organización de paramilitares colombianos para desestabilizar a Venezuela, el gobierno ha aplicado la ley y no el terror, como ha sido la práctica en gran parte de la región latinoamericana. La realización misma del referendo, y el público sometimiento a sus resultados que Chávez ha manifestado, constituyen una muestra clara del respeto a la Constitución y la democracia venezolanas. Esto tiene que ser debidamente apreciado por propios y extraños.

El gobierno de Berger, que lleva apenas siete meses, tiene mucho que aprender de la Venezuela de hoy. Hay muchas quejas ya, en este corto tiempo, sobre el olvido y marginación de nuestras grandes mayorías. Periodistas de varios medios de comunicación social han denunciado actos de corrupción que empiezan a producirse en esta administración. El estado guatemalteco sigue siendo sumamente débil frente a las presiones para alinearse internacionalmente, con efectos negativos en el ejercicio de nuestra soberanía. Y existe el peligro de que los derechos humanos y el fortalecimiento de la sociedad civil sean afectados con el combate a la violencia y la criminalidad, al tiempo que aparatos clandestinos siguen operando impunemente. Todas éstas son recetas para el desastre político que tienen que ser atendidas.

Lo cierto es que tanto el pueblo venezolano como el guatemalteco merecen vivir en democracia real y participativa, tener gobiernos que atiendan las necesidades de las grandes mayorías pobres y contar con la plena solidaridad internacional. Al confiar en que el referendo de Venezuela sirva para el fortalecimiento democrático, señalamos que Guatemala necesita profundizar su propia democracia, para lo cual la creación de una opción distinta al poder oligárquico y al populismo se hace urgentemente necesaria. Como fue expuesto claramente en el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, nuestras grandes mayorías no pueden seguir esperando a un futuro hipotético.

Raúl Molina Mejia es parte del lobby de autores de la Revista albedrio.org
Es miembro dirigente de la Red por la Paz y el Desarrollo de Guatemala (RPDG)
Profesor Adjunto de la New York University y la Long Island University


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