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Masacre en la USAC: 25 años de Impunidad
Por Raúl Molina Mejía- Nueva York, 14 de julio de 2005

Hace 25 años, los sectores poderosos de Guatemala habían lanzado ya al país por el despeñadero de la represión brutal y genocida en contra de amplios sectores de la población. Todos los limites habían sido traspuestos con la masacre de la Embajada de España, las desapariciones forzadas masivas de sindicalistas y los numerosos asesinatos de ciudadanos, entre otros, los de autoridades, profesores, estudiantes y trabajadores universitarios.

En ese clima de violencia y terrorismo de Estado, me tocó asumir la Rectoría de la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC), justamente porque el Rector, el Lic. Saúl Osorio Paz, había sido obligado a salir hacia Costa Rica para salvar su vida. El 14 de julio de 1980, mientras firmaba yo el acta de toma de posesión como Rector en funciones, las fuerzas de seguridad del gobierno irrumpieron en la ciudad universitaria y dispararon indiscriminadamente en contra de todas las personas que a temprana hora circulaban en gran número. El saldo fue de ocho estudiantes de ingeniería muertos y varias decenas de heridos: valiosas vidas que se perdieron en un instante por la demencia de los gobernantes del momento y de sus asesores nacionales y extranjeros. Con ello se vedó al país de ocho prometedores profesionales. Hoy, una vez más, como ex Rector, me solidarizo con el dolor de sus padres, familiares y amistades.

Han pasado 25 años y el Estado guatemalteco no ha hecho absolutamente nada por clarificar el hecho y llevar a la justicia a los responsables de esta masacre –de hecho, en general se ha logrado muy poco en contra del muro de la impunidad en el país, que protege a los responsables de más de 200,000 muertos y 45,000 desaparecidos, las peores cifras en el continente americano. Se sabe que el primer responsable fue Romeo Lucas García, quien meses antes había afirmado que la USAC era “el centro de la subversión”, verdadera declaración de guerra que la historia ha demostrado que no tenía ningún fundamento, como se puede apreciar en el documento “Guatemala: Memoria del Silencio” que la Comisión para el Esclarecimiento Histórico (CEH) entregó en 1999. Nada se ha hecho por deducirle responsabilidades a dicho personaje. Igualmente, Donaldo Álvarez Ruiz, entonces Ministro de Gobernación, sigue disfrutando de su mal habida fortuna en Miami y México, sin que hasta el momento prosperen las gestiones de extradición que se han iniciado. Si bien no se tienen los nombres de los autores directos de la masacre, el jefe y la tropa del comando de la fuerza de policía que la cometió, para las autoridades del gobierno actual seria muy fácil encontrarlos si hubiese voluntad política para esclarecer este hecho y promover el juicio del mismo.

Se ha comprobado que la USAC fue violentada y atacada más que cualquier otra universidad de América Latina y no se ha hecho nada por hacer el mínimo de justicia ni por dar el resarcimiento debido a las víctimas. La falla comienza en las mismas autoridades universitarias, que no han tenido el valor de darle continuidad a la exigencia que en 1980 hicimos de investigar la masacre y castigar a los responsables. De hecho las autoridades universitarias después de 1980 y hasta la fecha no se han propuesto, como es su deber, rescatar la memoria de los miles de universitarios asesinados y desaparecidos. Pero la responsabilidad mayor, en ultima instancia, es del Estado de Guatemala, autor de los hechos bajo los gobernantes de turno y responsable de la impunidad de los mismos, hoy y durante los 25 años transcurridos. Un Estado que tiene la responsabilidad de cumplir con las recomendaciones de la CEH y que en forma irresponsable las ignora, con lo cual el país continuará sin opción de reconciliación y en peligro permanente de recaer en el enfrentamiento.

La masacre en la USAC el 14 de julio de 1980 no puede verse aislada de las otras 646 masacres del período de represión y genocidio; pero tampoco puede caer en el olvido de la sociedad o en la indiferencia de los medios de comunicación. El mejor homenaje a los universitarios muertos, para nosotros que creemos en su condición de mártires, es la exigencia de la verdad, la justicia y el resarcimiento. Es tiempo de que el Consejo Superior Universitario asuma su responsabilidad de conducir este esfuerzo, al interior y al exterior de la USAC, para bien de la sociedad y el Estado de Guatemala y es tiempo también de que la prensa se quite la mordaza militar o la venda de los ojos de quienes no quieren ver.

Raúl Molina Mejia es parte del lobby de autores de la Revista albedrio.org
Rector en funciones de la USAC en 1980. Es miembro dirigente de la Red por la Paz y el Desarrollo de Guatemala (RPDG)
Profesor Adjunto de la New York University y la Long Island University


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