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Primero de Mayo: Día del trabajador inmigrante
Por Raúl Molina Mejía - Nueva York, 1 de mayo de 2007

Estados Unidos, pese a que una gesta laboral en Chicago dio origen a la conmemoración internacional del Día del Trabajo, es uno de los pocos países que no celebra el día de los trabajadores el primero de mayo. No obstante, las luchas de los inmigrantes en los Estados Unidos del año pasado y las movilizaciones que hoy se preparan apuntan ya a convertir la fecha acá en el “Día del Trabajador Inmigrante”.

Uno de los logros de este esfuerzo sería darle coherencia y unidad a las luchas de los trabajadores en nuestros países y las luchas de los trabajadores inmigrantes en los Estados Unidos. Después de todo, los inmigrantes se encuentran en los Estados Unidos por falta de oportunidades de trabajo en los países de origen. De existir desarrollo en el sur, solamente una fracción pequeña de nuestra fuerza de trabajo buscaría su desplazamiento hacia los Estados Unidos. Es éste un axioma elemental que ningún político estadounidense parece haber descubierto hasta la fecha.

Las clases trabajadoras al sur de la frontera enfrentan cada día desafíos cada vez mayores para gozar de una vida digna. Para comenzar, se han ido quitando, de a poco o en bloque, las diversas conquistas que los trabajadores han logrado con las más difíciles luchas a lo largo de los últimos 100 años. El derecho al trabajo, consagrado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ha dejado de tener aceptación en los círculos de poder económico y político.

En segundo lugar, el neoliberalismo ha replanteado que la acumulación del capital se debe hacer sobre la base de la sobrexplotación de los trabajadores. En la competencia brutal por obtener las mayores ganancias, es la mano de obra la variable que se prioriza para recorte en el costo de producción. De ahí los planes por desmantelar en todo el mundo el llamado “estado benefactor”, que ha sido el “estado responsable” en países social-demócratas que han buscado mayor igualdad entre los seres humanos.

En tercer lugar, las sociedades mesoamericanas (México, Centroamérica y el Caribe), debido a políticas nacionales y estadounidenses totalmente equivocadas, han venido sufriendo su creciente pauperización, lo que ha forzado a que sus habitantes se vean obligados a buscar en la migración hacia Estados Unidos la única opción para la sobrevivencia de grandes mayorías de la población. Desde luego, esa migración se produce en calidad de indocumentados, porque a los empresarios estadounidenses les conviene la falta de papeles de los trabajadores para pagar jornaleros muy por debajo del salario mínimo. A ello se agregan ahora, despiadada e irresponsablemente, los tratados de libre comercio (NAFTA; CAFTA-RD), los cuales permiten el flujo de cualquier aspecto del comercio, menos el flujo de trabajadores no calificados.

Por todo ello, el Día del Trabajo debe ser un día de movilizaciones, tanto en nuestros países de origen como en los países industrializados. Las luchas en nuestros países deben darse en contra del neoliberalismo y el imperialismo. Las luchas en los Estados Unidos deben centrarse en obtener leyes y dirigentes más humanos. Es hora de unificar las luchas. Las celebraciones del Primero de Mayo en nuestros países no pueden ignorar las dificultades y las luchas de los inmigrantes en los Estados Unidos y las marchas y protestas en este país, si bien tienen que centrarse en exigir reformas a la ley de inmigración, no pueden ignorar que es la falta de desarrollo y oportunidades en los países de origen lo que hace que la migración sea la única salida para grandes sectores de nuestros pueblos.

Fuente: www.eldiariony.com


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