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¿Puede la izquierda ganar las elecciones del 9 de septiembre?
Por Raúl Molina Mejía - Nueva York, 1 de agosto de 2007

Las condiciones que existen para las elecciones generales de Guatemala hacen muy difícil predecir quien pueda ganar las elecciones para Presidente y Vicepresidente. Con dieciséis binomios que compiten por los votos, ninguno de ellos se espera que obtenga el 50% más uno para ganar las elecciones el 9 de septiembre. De no haber decisión, los dos binomios con el mayor número de votos se enfrentarán en una segunda vuelta el 4 de noviembre.

De conformidad con la última encuesta del 22 de julio, Álvaro Colom, candidato a Presidente, encabeza la intención de voto con el 37.5%. Los dos siguientes candidatos se ubican en 20.4% y 12.1%. Sin embargo, esta encuesta ignoró la cuestión de los votos indecisos. El encuestado fue forzado a seleccionar a uno de los candidatos al preguntársele por quién votaría de ser la elección ese mismo día. Apenas hace un mes, el 40.42% de los potenciales votantes indicaba que todavía no había decisión sobre las candidaturas a la presidencia. El apoyo real para Colom, al tener en cuenta los votos indecisos, fue solamente del 20.75%. Por consiguiente, cualquiera de los candidatos podría triunfar si pudiera ganarse a la población tan llena de dudas y vacilaciones. Para ello, los votantes tendrían que tener la garantía de que esa opción política particular traería un cambio significativo para Guatemala.

Evidentemente, ninguno de los cuatro primeros candidatos en las encuestas, pese a la cobertura de los medios de comunicación, ha podido demostrar que él o ella podría producir una nueva situación en el país. Parecería que Colom está a la cabeza porque muchos votantes lo consideran “el menor de los males”. En segundo lugar en las encuestas se encuentra uno de los líderes de línea dura del ejército contrainsurgente del decenio de 1980, ejército que fue responsable de aplicar una política de genocidio y tácticas de tierra arrasada durante el conflicto armado interno. Este candidato propone ahora “mano dura” para garantizar la seguridad. En tercer lugar se encuentra un candidato del partido actualmente en el gobierno, el cual, a juicio de la mayoría de la población, debería ser castigado por su pésima administración. En cuarto lugar está Rigoberta Menchú, Premio Nobel de la Paz de 1992, quien, al rechazar la alianza con la izquierda, ha perdido la oportunidad de presentarse como la persona que podría, finalmente, lograr la Nueva Guatemala que se había previsto en los Acuerdos de Paz de 1996.

Cualquier analista político puede observar que la población se encuentra inmersa en la confusión y el cinismo. En 1986, luego de decenios de dictadura militar, había esperanzas con respecto a la transición hacia gobierno civil. No obstante, a lo largo de los últimos 20 años la clase política ha fallado, repetidamente, en el cumplimiento de sus promesas. Los demócratas cristianos, los evangélicos, los centristas, la oligarquía, los neofascistas populistas y los empresarios han intentado consolidarse como la vanguardia política de Guatemala y han fracasado. De hecho, cada sector se dedicó a perseguir sus intereses personales y de clan, al tiempo que ignoraban a las vastas mayorías pobres. Debido a ello, la población desea un cambio drástico luego de más de 50 años de gobiernos consecutivos de la derecha, que empezaron con la intervención de los Estados Unidos en 1954. Además, en este momento, la propia derecha se encuentra dividida, al igual que las familias adineradas que financian y controlan a todos los partidos políticos de derecha.

H ay confusión también acerca de la izquierda. Algunos proyectan la imagen de Álvaro Colom como otro de los muchos dirigentes de izquierda que han asumido el gobierno en América Latina. Sin embargo, aunque cuenta entre sus filas a algunos social demócratas y unos pocos izquierdistas, ninguna de las políticas o posiciones de Colom reflejan el nacionalismo o el socialismo que los movimientos de izquierda en otras partes de la región han abrazado. Rigoberta Menchú, quien pudo haberse presentado como líder de los pobres de Guatemala, al igual que el partido político que la postula, Encuentro por Guatemala, han rechazado el concepto de izquierda y afirman estar más allá de la dicotomía izquierda-derecha. De hecho, sus propuestas no difieren mucho de los programas de los candidatos de la derecha. Un ex comandante del movimiento revolucionario también aduce representar a la izquierda; pero su alianza con actuales y ex oficiales del ejército y ex miembros de las patrullas de autodefensa civil ha quemado los puentes que lo llevarían a sus antiguos camaradas en armas y, en última instancia, a la población marginada y empobrecida de Guatemala.

Como lo dijera, de manera precisa, Walda Barrios, candidata a la Vicepresidencia, durante su visita a Nueva York en julio de 2007, la única izquierda real, en posiciones y en programa, es la coalición URNG-MAÍZ que ella representa. La URNG es el partido político que fue formado en 1996 por los miembros de la organización del mismo nombre que englobaba a las fuerzas guerrilleras; como organización, firmó los Acuerdos de Paz de 1996. MAÍZ, el Movimiento Amplio de Izquierda, es la alianza de organizaciones del movimiento social y otras fuerzas sociales y políticas progresistas. El plan de gobierno de esta coalición combina dos corrientes revolucionarias: las conquistas y los legados democráticos de la Primavera Democrática del período 1944-1954; y las disposiciones de los Acuerdos de Paz de 1996. El propósito de esta coalición es dar respuesta a las necesidades de las mayorías de Guatemala, incluidas las demandas históricas de los pueblos indígenas. Si este mensaje pudiese llegar a las masas y superar así el bloqueo de los medios de comunicación social, no se podría descartar que hubiese una sorpresa de la izquierda en septiembre.

En el pasado, los candidatos de la derecha, disputándose entre ellos los votos de los pobres y de las capas medias de Guatemala, decían que votar por la izquierda era “un voto desperdiciado”. Hoy, es evidente para todos que votar a favor de un candidato de derecha es el verdadero “voto desperdiciado”. Votar por la derecha perpetúa el estatus quo y posterga las profundas transformaciones de que Guatemala está urgida. Debido a esto, crece el despertar del país, apoyado por los guatemaltecos y guatemaltecas en el extranjero. De acelerarse este despertar, suficientemente, a la pregunta inicial de este análisis --¿ Puede la izquierda ganar las elecciones del 9 de septiembre?- la respuesta concreta y precisa sería “Sí”.

Nueva York, 31 de julio de 2007

Raúl Molina Mejía, Secretario de Relaciones Internacionales de la RPDG

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