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Los partidos políticos de Guatemala y los guatemaltecos y guatemaltecas en el exterior
Por Raúl Molina Mejía - Nueva York, 26 de agosto de 2007

Es tiempo de elecciones en Guatemala y, de repente, los partidos políticos se han recordado que los guatemaltecos y guatemaltecas en el extranjero existimos de verdad. Los dirigentes de los partidos se dan cuenta, una vez más, de que 1.5 millones de guatemaltecos y guatemaltecas en los Estados Unidos y otras partes del mundo tenemos familiares en Guatemala, quienes sí pueden votar. Aún más importante, las comunidades guatemaltecas en el exterior, si se les convenciera, podrían ayudar a financiar, parcialmente, sus respectivas campañas políticas. Además, genera una agradable imagen en los anuncios y programas de televisión mostrar el “profundo compromiso” del candidato presidencial con los “héroes” en tierras extrañas que sostienen la débil economía guatemalteca. No obstante, si de recordar se trata, los guatemaltecos y guatemaltecas en el extranjero también tenemos muy presentes las múltiples promesas vacías que anteriormente han hecho los partidos políticos y sus líderes de atender nuestros intereses. Recordamos también el récord miserable de la mayoría de los candidatos y partidos en el cumplimiento de esas promesas.

Poco tiempo después de la inauguración del Presidente Oscar Berger, él vino a los Estados Unidos para hablar con los líderes de las organizaciones y comunidades guatemaltecas. Se encontraba agradecido, porque entendía que los guatemaltecos en el exterior habíamos desarrollado una intensa campaña en contra del General Ríos Montt y el FRG. También estaba consciente de la importancia que para entonces las remesas ya tenían para la economía guatemalteca y nos agradeció las contribuciones que hacíamos. Por consiguiente, en nombre de la GANA y el Partido Patriota, que lo habían apoyado en el proceso electoral, el Presidente Berger prometió, entre otras cosas, que apoyaría en el Congreso las reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos que implementaran el derecho a elegir y ser electos de los guatemaltecos en el exterior. Sobre la base de dichas promesas, nosotros, particularmente los miembros de la RPDG, de inmediato iniciamos esfuerzos en Guatemala a favor de las reformas a la Ley. Ningún congresista o partido político nos dijo alguna vez que no éramos elegibles para votar o que debiésemos esperar 8 años para que se lograra la autorización.

No obstante, una vez volvíamos a los Estados Unidos de nuestros múltiples viajes a Guatemala, ningún partido político, ni de la derecha ni de la izquierda, movía un solo dedo para producir las reformas necesarias. Podemos entonces afirmar que los guatemaltecos y guatemaltecas en el exterior fuimos traicionados por todos los partidos políticos representados en el Congreso, particularmente por la GANA, el Partido Patriota, el FRG y la UNE, los cuales tenían un número importante de curules y la capacidad de promover las reformas. Nosotros en el exterior nos acercamos también a Nineth Montenegro, hoy dirigente de Encuentro por Guatemala, para pedirle que fuera la defensora de nuestra causa. Le pedimos que se convirtiera en líder incuestionable del derecho al voto de todos los ciudadanos guatemaltecos. Pese a su innegable compromiso con otras causas de derechos humanos, no tuvo la voluntad política de responder positivamente a nuestro requerimiento. Con respecto a este asunto, todos los líderes políticos nos fallaron.

Los guatemaltecos y guatemaltecas en el exterior estamos igualmente frustrados con la respuesta que nos brindaran tanto el gobierno como los partidos políticos cuando les pedimos apoyo para obtener el estatus de protección temporal (TPS) para los guatemaltecos y guatemaltecas indocumentados que viven en los Estados Unidos. Cuando el Huracán Stan golpeó Guatemala en octubre de 2005, además de enviar a nuestro pueblo toda la ayuda que pudimos, nos dirigimos al Presidente Berger para darle a conocer que se daban todas las condiciones para que le pidiera al Presidente Bush que nos otorgara el TPS. Por algún tiempo, el Presidente Berger nos apoyó, de manera distinta a los partidos políticos que, prácticamente, no generaron ninguna presión ni sobre la Embajada de los Estados Unidos en Guatemala ni sobre Washington DC, pero luego agachó la cabeza cuando el Gobierno de los Estados Unidos tomó una actitud rígida e intransigente en la cuestión migratoria. Se nos dejó solos en nuestra lucha. De nuevo, debemos decir que la clase política de Guatemala brilló por su ausencia cuando se le necesitaba.

Por todo esto, no tenemos ninguna razón para creer a la mayoría de los candidatos presidenciales cuando ahora nos ofrecen defender nuestros intereses y nuestras causas. Ninguno de los candidatos en la lista de los cuatro que marchan a la cabeza en las encuestas conoce cuáles son nuestros intereses o causas o se preocupan por ellas. Hace cuatro años, Álvaro Colom ofrecía una Secretaría del Migrante mientras que Oscar Berger prefería un Viceministerio de Relaciones Exteriores para hacerse cargo de la cuestión. A la larga, no es importante el tipo de estructura de gobierno, ya que ésta seguirá sin tener sentido alguno si no se le adjudican recursos humanos y financieros. Si Berger nunca llegó a entender lo que era necesario hacer con respecto a las verdaderas necesidades de los guatemaltecos en el extranjero, su sucesor como candidato de la GANA sabe aún menos. Por otro lado, Rigoberta Menchú y Encuentro por Guatemala sí saben cuales son las necesidades de los guatemaltecos en el exterior; pero no han tenido ni la capacidad ni la voluntad política de perseguir o promover lo que ha sido urgente. Peor aún, no poseen la fortaleza política para cuestionar las políticas inmigratorias de los Estados Unidos. Para finalizar, Pérez Molina todavía intenta inventar la rueda o el “agua azucarada”. En su plan de gobierno de 56 páginas de longitud hace falta la cuestión de la migración y cuando su partido envía sus llamamientos a la población en el extranjero, con la pretensión de que se preocupa por nosotros, la única medida que propone está atrasada cuatro años.

Para ser ecuánimes en el tema de los guatemaltecos y guatemaltecas en el exterior, los partidos de la izquierda tampoco respondieron durante tres años. Nosotros, miembros de la RPDG, nos reunimos varias veces con congresistas y dirigentes de la URNG y la ANN para presentarles nuestras demandas. Aunque encontramos comprensión, apoyo y compromiso, jamás vimos iniciativa alguna. Solamente después de que se formara MAÍZ, con la participación de la URNG, se invitó oficialmente a la RPDG a ser miembro y a proponer políticas con relación a los guatemaltecos en el exterior. Por otro lado, sólo la coalición URNG-MAÍZ aceptó la petición que hicimos a todos los partidos políticos de nominar a guatemaltecos o guatemaltecas en el exterior para cargos electorales. Los otros partidos políticos ni siquiera acusaron recibo de nuestra nota de petición.

Más importante aún, la coalición URNG-MAÍZ asumió por medio de Walda Barrios, candidata a Vicepresidenta, durante su visita a los Estados Unidos, los compromisos siguientes: apoyar la lucha de los trabajadores migratorios por encontrar trabajo seguro y digno; apoyar y conducir la lucha por el voto en el exterior; y exigir al Gobierno de los Estados Unidos un estatus de protección para los guatemaltecos a fin de detener las deportaciones y empezar la regularización de los trabajadores migratorios, que son esenciales para la economía de los Estados Unidos. Con esta iniciativa, la coalición URNG-MAÍZ asume un compromiso de largo plazo con la población migratoria, un nuevo sector de la sociedad guatemalteca que a la vez se ha hecho poderoso y vulnerable. El compromiso no se basa en las matemáticas electorales; es el compromiso permanente de la izquierda con los derechos humanos y con los seres humanos.

Reafirmamos, una vez más, nuestro mensaje a nuestros compatriotas: “No desperdicies tu voto en el país, vota por URNG-MAÍZ”.

Nueva York,24 de agosto de 2007
Raúl Molina Mejía, Secretario de Asuntos Internacionales de la RPDG

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