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GUATE-ANÁLISIS No. 9
La Izquierda y otras fuerzas democráticas deben impedir un retroceso, “de Guate-mala a Guate-peor”
Por Raul Molina Mejia* - New York, 2 de noviembre de 2007

El próximo domingo, los guatemaltecos y guatemaltecas irán a las urnas de nuevo para decidir quiénes serán los próximos Presidente y Vicepresidente durante los cuatro años siguientes. En la primera ronda de elecciones, en septiembre pasado, Álvaro Colom terminó en primer lugar con un margen de cerca del 4% por arriba de Otto Pérez. No obstante, la decisión final será hecha por los votantes que en septiembre pasado votaron por uno de los otros doce candidatos o anularon su voto.

Algunos analistas creen que los sectores urbanos de Guatemala se han movido tanto hacia la derecha, y se encuentran tan preocupados por los niveles extremadamente altos de inseguridad y violencia, que pueden estar listos a exigir un gobierno autoritario. Son los sectores en las ciudades y pueblos que pueden olvidar que la violencia en Guatemala fue instituida por las fuerzas armadas como un componente esencial de sus políticas contrainsurgentes, así como el hecho de que Guatemala sufrió el peor baño de sangre posible durante el conflicto armado interno --casi el 95% de las 200,000 víctimas fueron muertas por las fuerzas del gobierno, según la Comisión para el Esclarecimiento Histórico. Estos sectores urbanos pueden olvidar fácilmente los hechos y las cifras porque la mayoría de los muertos fueron campesinos e indígenas, que han estado lejos de su realidad cotidiana.

Hace una semana, en Guatemala, tuve la oportunidad de escuchar en persona al General Pérez cuando se dirigió a un grupo de representantes de los guatemaltecos y guatemaltecas que vivimos en el extranjero. Además de su ignorancia de los problemas de los guatemaltecos y guatemaltecas en el exterior, me indignó su declaración, al tratar de vender su enfoque de "Mano dura", que afirmó "Hay más personas muertas hoy en Guatemala que durante el conflicto armado interno". Obviamente, los campesinos y los Mayas no son "personas" para él. Según fuentes confiables, la violencia en Guatemala bajo el Presidente Arzú cobró unas 1,500 personas muertas por año, cifra que subió a 2,000 por año bajo Portillo y saltó a 6,000 por año bajo Berger --de hecho, fue el ex Ministro de Gobernación de Berger quien ya aplicara el enfoque de "Mano dura" para producir la mal llamada "limpieza social" a cargo de la policía y otras fuerzas de seguridad. El General Pérez ignoró en su declaración, e ignora en su mente, el hecho de que durante el período de 17 meses de Ríos Montt como Jefe de Estado, cuando el mismo Pérez era comandante en el terreno en las zonas de conflicto, más de 70,000 personas fueron asesinadas y el ejército fue culpable de actos de genocidio y tácticas de "tierra arrasada". Obviamente, el General Pérez quiere que creamos que el aniquilamiento de 646 aldeas y las masacres de hombres, mujeres y niños indígenas, de las cuales dan fe las exhumaciones que se han realizado en todo el país, no fue "violencia".

La Izquierda y otras fuerzas democráticas --los demócratas liberales, los Demócrata-Cristianos, los Social-Demócratas y la gente de buena voluntad-- no pueden nunca olvidar y no deben perdonar, antes de que se logren la verdad, la justicia y el resarcimiento, lo que los Generales y la mayoría de los otros oficiales del ejército son responsables de haber hecho en Guatemala. He leído relatos específicos de la participación personal del General Pérez en la tortura y asesinato de personas durante el oscuro período de "la violencia" en Guatemala; según esos relatos, en vez de ser candidato a la Presidencia, Pérez debería ser llamado ante un Tribunal Especial de la ONU sobre el Genocidio y los Crímenes de Guerra en Guatemala, ya que la justicia no ha podido funcionar en el país pese a los Acuerdos de Paz de 1996. También se ha publicado recientemente un libro muy bien documentado de un académico estadounidense-guatemalteco que asevera que el General Pérez se encontraba entre los autores intelectuales del asesinato del Obispo Juan Gerardi en 1998, después de la firma de los Acuerdos de Paz. No se ha presentado una acusación ante los tribunales en contra de Pérez por ninguno de los crímenes que supuestamente cometió y debemos recordar, en todo caso, que Guatemala continúa siendo "el país de la eterna impunidad".

Algunas personas en la Izquierda y en otros sectores democráticos han analizado los dos proyectos electorales en Guatemala y han llegado a la conclusión de que ambos son igualmente malos. Es el mismo argumento que algunas personas progresistas en los Estados Unidos utilizaron en las elecciones de 2000 en dicho país, permitiendo que los Republicanos ganaran y se consolidaran. Varios años más tarde, cualquiera puede darse cuenta de que hubiese sido muy distinto para los Estados Unidos, y para el mundo entero, el haber tenido al Sr. Gore, hoy galardonado con el Premio Nobel de
la Paz, que tener al Sr. Bush en la Casa Blanca. Debemos evitar lamentos posteriores en el caso de Guatemala.

La Izquierda y otros sectores democráticos no pueden abandonar al
movimiento social y a las víctimas de las atrocidades pasadas. Las organizaciones populares y las víctimas de la represión fueron nuestra fuerza en el pasado, nos hace falta su apoyo en el presente y serán la única verdadera fuerza para el futuro. Si por algo se nos puede criticar es de no luchar como debimos en contra de la impunidad, a fin de apoyar plenamente a este grupo que nos apoyaba. Si los Generales guatemaltecos gozan confortablemente de su retiro y su pensión, como Contreras y Pinochet lo hacían en Chile, es porque no hemos participado con el vigor necesario en esa cruzada fundamental. Ahora, al menos debemos impedir con nuestros votos que Guatemala se convierta en el único país en el continente americano que sea gobernado por un oficial contrainsurgente del ejército.

Eso no es solamente retornar al pasado; es lo peor de nuestro pasado reciente.

Reiteramos nuestra posición. Para la Izquierda y los otros sectores democráticos nuestra responsabilidad moral es ir a las urnas, depositar nuestros votos válidos y dar muchos más votos a Colom. Entendemos plenamente que Colom no va a resolver los problemas del país y no podemos tener la expectativa de que su gobierno vaya a ser mucho mejor que cualquiera de los gobiernos que hemos tenido desde 1954. No obstante, no podemos permitir una pesadilla aun más sobrecogedora para Guatemala. A nosotros, los guatemaltecos y guatemaltecas en el exterior, nos disgusta mucho la expresión "de Guatemala a Guatepeor" que se ha acuñado para dar a enteder un retroceso en cualquier situación. Tenemos la expectativa de que la Izquierda y otros sectores democráticos garanticen que esa expresión no se convierte en una realidad viviente a partir del 14 de enero.


*Secretario de Asuntos Internacionales de la RPDG

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