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El futuro es lo primero - “¿ Qué vendés María?” preguntó el Clarinero. María le contestó: “Minería a cielo abierto”
Por Rita María Roesch - 7 de mayo de 2004

Dedico este artículo a la niñez y a la juventud guatemalteca. El concepto de sostenibilidad tiene su raíz en las generaciones de jóvenes. Desarrollo sostenible significa no afectar el bienestar de las generaciones futuras. Nuestros hijos y nietos sufrirán las consecuencias de las decisiones que los guatemaltecos de hoy asumamos. Si no cuidamos el agua, las montañas, los bosques, los animales y la fertilidad de la tierra, ¿qué futuro estaremos heredándoles?

El tema que me preocupa y, en mi opinión, pone en juego nuestro capital natural, es la aprobación de las 300 concesiones mineras, que el gobierno pasado otorgó a varias empresas extranjeras. Las compañías mineras de metales pretenden explotar toda la región montañosa de Guatemala. (Informe del Colectivo MadreSelva).

La minería a cielo abierto no es una actividad sostenible. Es la actividad industrial más agresiva por su alto impacto ambiental, social y cultural. En el año 2003, Costa Rica prohibió las explotaciones de minería a cielo abierto en todo el país. No es justo que antes de elegir el camino más destructivo, los guatemaltecos no nos detengamos y reflexionemos sobre el tema.

Elegí el juego, netamente chapín, “¿Qué vendés María?” para ilustrar, en la columna de hoy, el diálogo de sordos que existe entre quienes apoyan la presencia de las mineras en Guatemala y los que no estamos de acuerdo con su devastadora actividad. Necesitamos dialogar sobre lo que son las ganancias y las pérdidas de los proyectos de minería a cielo abierto.

Esta actitud madura y cívica es el mejor mensaje para nuestros jóvenes. Por eso en las decisiones nacionales, el futuro es lo primero.


“¿ Qué vendés María?” preguntó el Clarinero. María contestó: “Minería a cielo abierto”. “¿Conoces qué es la minería de metales?” María solo respondió “Minería a cielo abierto”. El Clarinero continuó diciéndole: “Es la actividad que se dedica a sacar de abajo de la tierra los minerales metálicos que se encuentran en la roca dura.

Estas empresas extranjeras invierten en la búsqueda y en la explotación de minerales como el oro, la plata, el níquel para venderlos en el mercado mundial”. “¿No te importa destruir la red que hace millones de años formó la tierra para darnos vida?”, insistió el Clarinero. María, sin inmutarse, le dijo: “Minería a cielo abierto”.

“¿Conoces el proceso de extracción de los metales,?” preguntó el Clarinero. “El proceso principia cuando el gobierno le otorga la licencia de búsqueda y explotación de los minerales a las compañías. Si la tierra está habitada, sacan a los pobladores del lugar. Abren caminos y hacen pruebas con explosivos.

Cortan y destruyen el bosque. Ahuyentan y matan a los animales”. “Los modernos equipos de excavación, las cintas transportadoras, la gran maquinaria...Todo permite hoy remover montañas enteras en cuestión de horas”. (Frente Nacional de Oposición a la Minería de Oro a Cielo Abierto, Costa Rica) “Perforan la tierra, utilizan sustancias químicas como el cloro, el cianuro y el sodio para separar el metal de la roca.

Usan millones de galones de agua para sacar el mineral metálico lo cual contamina las cuencas hidrográficas y trastornan para siempre los hábitats de la vida silvestre. Los químicos contaminan el aire y los suelos, los dejan estériles para la siembra”, terminó diciendo el Clarinero. “Minería a cielo abierto” fue lo único que María le respondió.

“¿No te importa que Guatemala se parezca a Marte, sin agua y lleno de piedras?” “Minería a cielo abierto”. “¿Sabes que los chapines no tenemos la capacidad para monitorear el proceso de contaminación que conlleva la actividad de estas mineras?” “Minería a cielo abierto”.

“¿Crees que habrá una mejora notable en la calidad de la vida de las comunidades vecinas? No”. dijo tristemente el Clarinero. “Contribuye al incremento de la pobreza. El empleo es de pico y pala para abrir los caminos en la fase de la exploración. Es un pésimo negocio para el país. Un centavo para Guatemala por cada quetzal que gana la minera”. “Minería a cielo abierto”, repitió María.


“¿ Una escuela, una clínica o la instalación de luz eléctrica en las comunidades vecinas al proyecto compensan las pérdidas ambientales irreversibles que afectarán definitivamente el futuro de Guatemala?” concluyó diciendo el Clarinero. María permaneció callada y sus ojos se le llenaron de lágrimas.

Tomado del diario Prensa Libre- www.prensalibre.com


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