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Niños y niñas “XX”
Por Rita María Roesch - Guatemala, 19 de noviembre de 2004

La columna de este viernes va dirigida a los padres de familia, a los diputados, a los funcionarios del Estado y a todos los guatemaltecos que son sensibles al pavoroso tema del tráfico de niños que ha sido disfrazado escabrosamente a través de las adopciones internacionales que se realizan en Guatemala, desde hace varios años. (Ha sido un “secreto a voces”. Ningún gobierno anterior demostró la voluntad política para investigarlas y normarlas).

El problema es serio. Las adopciones internacionales, de acuerdo con Josefina Arellano, de la Procuraduría General de la Nación (PGN), “se realizan sin la intervención de autoridades competentes”.

Naciones Unidas recomendó suspenderlas en octubre pasado (durante el seminario internacional sobre adopciones) debido a las irregularidades que se han observado durante sus procesos. “El Comité de los Derechos del Niño de Naciones Unidas ve mal que el 90 por ciento de las adopciones sean internacionales, por lo que recomienda encarecidamente al Estado que las detenga”. ( elPeriódico, 16.10.04 pág. 6) ( El ejecutivo o el legislativo tienen la potestad para hacerlo.)

En mi opinión, la suspensión es la medida más sana y correcta que debería llevarse a cabo.

(Hay que romper el nudo gordiano de estas adopciones criminales para impedir que se siga traficando con nuestros niños). Las adopciones internacionales deberían reanudarse hasta que la nueva ley de adopciones esté vigente.

Es urgente evitar que más niños y niñas se conviertan en “XX”, como los miles de infantes que fueron dados en adopción en los años pasados. A estos niños les “borraron” su pasado. No hay datos de sus padres biológicos porque la gran mayoría de ellos fueron robados, “encargados” o secuestrados.

Tampoco se conoce su futuro, nadie sabe el destino que les ha tocado vivir. Desconocemos si realmente estos niños han tenido la suerte de vivir con padres amorosos o si cayeron en las garras de los traficantes de órganos, o si son víctimas de la gente degenerada que maneja la red mundial de prostitución infantil. No sabemos nada.

En los procesos de adopción por la vía notarial no se contempla el seguimiento ni el monitoreo de los infantes. Una vez el abogado entrega al niño se olvida de él. ¡Es una infamia! Sin embargo, cada “adopción” tiene un costo aproximado de Q250 mil.

No comprendo cómo ciertos abogados han tenido el descaro de justificar públicamente los “gastos” de cada adopción. ¿Por qué no se les ha investigado para que demuestren que su trabajo no atenta en contra de los derechos de estas inocentes criaturas?

El viernes pasado me referí al dramático caso de Marisela, la niña de 12 años que recientemente dio a luz a una bebé. La dramática experiencia de Marisela es una evidencia clara del trafico de niños en el país.

Marisela fue traída de su pueblo natal con engaños por una jaladora (que los abogados las llaman “acompañantes”). Fue conducida a una casa donde habían otras mujeres embarazadas, quienes seguramente también entregarían a sus hijos como se lo pidieron a Marisela. Si Marisela hubiera entregado a su bebé, la infeliz criatura habría pasado a engrosar el oscuro listado de niñas “XX”.

Para cambiar la dantesca historia de las adopciones internacionales en Guatemala debe investigarse el paradero de los niños “XX”, que ya salieron del país. Guatemala tiene la responsabilidad de aclarar lo que ha ocurrido con ellos.

Es necesario pedir apoyo a los países hacia donde fueron conducidos estos niños como “nuevos ciudadanos”. Esta información es necesaria para transparentar el proceso y fortalecer la nueva Ley de Adopciones.

En la nueva ley se ha considerado la creación de una autoridad central (como existe en todos los países del mundo) que tendrá facultades para conocer a los padres biológicos del infante, buscar una familia idónea para cada niño y darle seguimiento adecuado hasta que lleguen a la mayoría de edad.

Insisto que nos pronunciemos a través de telegramas al Congreso y a los medios de prensa para respaldar la suspensión de las adopciones internacionales y que declaren de urgencia nacional la nueva ley de adopciones. ¡Ni un niño “XX” más!, exclamó el Clarinero.

Fuente: www.prensalibre.com


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