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La chispa de la vida nos une
Por Rita María Roesch - Guatemala, 18 de febrero de 2005

Nos hace falta ver la chispa de vida que también existe en el “otro”, cantó el Clarinero.

El pasado lunes 14 de febrero, mundialmente conocido como el día del cariño, ví la foto de una niña de doce años (en elPeriódico pág. 8), llamada Tania Liset Escobar, que jalaba con carita triste y cansada una gran bolsa negra con basura que había recogido en la playa de las Lisas.

Su acción y sus palabras me conmovieron. Ella dijo: “No quieren sus playas, por ello tiran basura”.

Tania tiene razón, pensé. Los chapines no queremos a nuestras playas. Si las quisiéramos, estarían limpias. Si quisiéramos a nuestros ríos y lagos, permanecerían prístinos.

Respetaríamos nuestros bosques. Necesitamos con urgencia saber manejar nuestra basura. Es lo mínimo que podemos hacer para el bien de todos. Pero la realidad no es esa. Los guatemaltecos lo sabemos, y duele decirlo, pero no nos queremos a nosotros mismos ni queremos a nuestro país.

Las niñas y los niños que piensan y actúan como Tania son la esperanza de Guatemala. Ellos pueden ayudarnos a hacer el cambio de mente que necesitamos los adultos y aprender a pasar por el proceso de respetar la vida en todas sus dimensiones. Si los chapines fuéramos respetuosos de la vida, no existiría hambre, ni violencia, ni injusticias, ni discriminación entre nosotros.

Los problemas nacionales que enfrentamos son esencialmente, problemas de falta de amor entre nosotros. Nos hace falta ver la chispa de vida que existe en el “otro” (aunque piense diferente).

De igual manera tendremos que aprender a ver la chispa de la vida que existe en el mundo natural que nos rodea: en las playas y mares, en los ríos y lagos, en las montañas y volcanes con su fauna y flora. Todos somos parte del universo.

La foto de Tania es como un espejo de los temas que se discutieron en el “Primer Seminario Iberoamericano de la Creatividad y la Innovación. Yo Formo Parte del Cambio”, al cual asistí en la ciudad de Antigua Guatemala.

Este Seminario fue un evento organizado por el “Proyecto Cultural el Sitio” del 9 al 11 de febrero de este año. En mi opinión, en todos los que participamos se sembró la inquietud de atrevernos a iniciar los cambios que queremos en el país.

Por ejemplo: generar un movimiento de amor por Guatemala que comience legitimando a los demás como auténticos seres humanos. Legitimar a otro ser humano es ver la chispa de la vida que compartimos con todo lo que existe.

En este seminario descubrí poderosos y alentadores recursos que pueden ayudarnos a crear una nueva historia. Podemos sacudirnos la desesperanza que nos ha permeado hasta el tuétano.

Si nos atrevemos a creer en nosotros mismos. Podemos imaginar y generar modelos nuevos de vida ética. El primer paso para crear un espacio creativo, que los pueblos necesitan para iniciar el cambio que anhelan, que exista respeto entre todos nosotros.

Necesitamos dialogar para construir un clima de confianza que permita encontrar pautas comunes, hilos de conexión.

Es difícil ver a las otras persona tal y como es. Nuestros prejuicios, nuestra cultura y nuestra historia personal muchas veces nos deforman. Lo mismo ocurre cuando vemos a un árbol o nos relacionamos con un animal.

Vemos al árbol que nosotros hemos fabricado en nuestra mente pero no vemos la chispa de la vida que se manifiesta en el árbol. Cuando aprendemos a suspender nuestro juicio cuando disminuimos nuestras fronteras personales, es más fácil encontrar en el “otro” la chispa de la vida que nos une. La magia del cambio ocurre cuando cambia nuestra manera de pensar y de sentir en nuestro corazón. Es la magia de reconocer el valor de la vida.

Guatemala es un país diverso, rico en culturas, en idiomas en paisajes y recursos naturales. Nuestra diversidad, en lugar de unirnos y fortalecernos nos ha fragmentado. Una vez somos capaces de ver la chispa de la vida en el “otro”; estoy segura que podremos ver la chispa de la vida en ese mar y playas que Tania reclama en nombre del amor.

Fuente: www.prensalibre.com


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