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Señores de la fuerza de la vida
Por Rita María Roesch - Guatemala, 15 de julio de 2005

“No es que las piedras sean mudas: sólo guardan silencio”. Humberto Ak’kabal

Quiero recordar el primer encuentro entre la carabela española y la canoa maya frente a las costas de Yucatán en 1502. Vuelvo al momento en que el capitán español observa detenidamente la bella vasija (que le regaló el comerciante maya que viajaba en la canoa).

Imagino la confusión de sus sentimientos cuando mira las extrañas figuras de hombres —jaguares, hombres— serpientes y hombres-venados. Adivino su expresión de asombro y de rechazo al preguntarse: “¿Qué significan estos mitad hombres y mitad animales?”.

El capitán español estaba muy lejos de imaginar que el venado como el jaguar y la serpiente, le habían enseñado, al maya, a sobrevivir en un medio tan hostil como es la selva tropical húmeda. Los animales y las plantas fueron sus grandes maestros.

De ellos, el maya, aprendió que “todo estaba conectado con todo”, que todo tenía una fuerza, un alma, y que él, como ser humano, formaba parte del misterioso torrente de la vida. Para el maya el universo es un espacio vivo y sagrado poblado por divinidades como el sol ( Kinich Ahau), la lluvia (Chaac), el mono (Chuen).

El maya le otorga un espíritu a todo lo que existe y por eso, el maya, legitima todo lo que está vivo. “Para los Zinacantecos Mayas todo es valioso e importante porque tiene su chu’lel (su alma): los animales domésticos, las plantas, la sal, los hogares, las cruces, los santos, los instrumentos musicales, el maíz y otras deidades de su panteón.

La relación más importante en el universo no es entre las personas y los objetos, sino entre el alma de las personas y el alma de las cosas materiales” (Schele, Linda, Maya Cosmos, 1993, pág. 182).

Para quienes hemos sido educados con la mentalidad de Occidente la concepción de la vida, de la naturaleza y del alma es muy diferente. Nosotros, los occidentales, le quitamos el “alma a las cosas”. Vivimos separados de la naturaleza y creemos que el mundo es como una piedra “inerte”, que tenemos que dominar.

Asumimos que el ser humano es lo único importante porque sólo él tiene espíritu. Sin embargo, las nuevas ciencias están demostrando una realidad distinta.

Desde principios del siglo pasado, Einstein manifestó en su teoría de la Relatividad que lo que existe no es materia, sino que es energía. Y a la energía no se le puede considerar que no está viva. (¡O sea que el universo está vivo!).

En mi opinión, el maya mira las cosas con una luz distinta porque percibe en la naturaleza la fuerza vital (el alma) que debe respetarse.

El maya creó un lazo “mágico”, un vínculo singular para comunicarse con ese espíritu de la vida que anima todo lo que existe.

Y es el nahual. El nahual, para el maya (de ayer y de hoy) es su intermediario con el “Dios Mundo”. El nahual puede ser un animal, una planta o un cuerpo celeste.

Es un acompañante espiritual, un guía en la vida (se le asigna a la persona de acuerdo al día que nace según el Calendario Sagrado).

Los pueblos mayas durante el período clásico llamaron a sus gobernantes Ch’ul Ahau, que significa “Señores de la fuerza de la vida”. Los gobernantes eran considerados intermediarios entre los dioses y los seres humanos. Tenían a su cargo la delicada tarea de nutrir a los dioses con su propia sangre (lo más sagrado para el maya) para que la vida continuara.

Los Ch’ul Ahau danzaban durante sus rituales y se transformaban en sus nahuales.

Ahora sabemos que las figuras extrañas que el capitán español miró en la vasija representaban a “Los señores de la fuerza de la vida” que danzaban como venados, como serpientes y como jaguares…

“¿Qué pasa cuando nosotros, en Occidente, le quitamos el alma a la montaña, al río, a los pájaros, a las piedras y al universo?”, preguntó el Clarinero.

(La próxima semana del 18 al 22 de julio se llevará a cabo el Simposio de Investigaciones Arqueológicas en el Museo Nacional de Arqueología y Etnología. Estudiosos guatemaltecos y del mundo darán a conocer los resultados de sus últimas investigaciones. ¡No se lo pierda!).

Fuente: www.prensalibre.com


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