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Un sueño...
Por Rita María Roesch - Guatemala, 5 de agosto de 2005

¿Cómo rescatar el legado del maya antiguo? ¿Cómo lograr que sus voces ancestrales nos guíen en nuestro camino en este tercer milenio?

Hoy me atrevo a contarles un sueño. Es un sueño sobre Guatemala, sobre el maya de ayer y de hoy. Fui tejiéndolo en mi mente (hace quince años o más), cuando recorría el país produciendo documentales de corta duración. Las documentales tenían como propósito dar a conocer la riqueza de nuestras tradiciones culturales y la belleza incomparable de nuestros paisajes. (Dos tesoros que seguimos sin apreciar).

Cada vez que entraba a un recinto de algún palacio maya y escuchaba el eco de mis pasos, recordaba a Eric Thompson, (uno de los primeros mayólogos) que vino a Mesoamérica a principios del siglo pasado.

Lo imaginaba observando detenidamente los glifos de las estelas, o tratando de comprender los rezos del agricultor en el campo antes de tirar la semilla de maíz. Thompson dedicó su vida a investigar cuáles habrían sido los valores que el maya desarrolló para forjar una civilización asombrosa y diferente al esquema de occidente. (El legado de sus investigaciones quedó plasmado en el famoso libro “Florecimiento y Decadencia de la Civilización Maya”).

En el prólogo de su libro escribió: “Deseo llevar a casa una verdad que nuestra civilización ha dudado tanto en aceptar, y es que para algunas naciones e individuos los valores espirituales son mucho más importantes que la prosperidad material”.

Esas palabras de Thompson resonaban dentro de mi ser cada vez que recorría el Juego de la pelota en Mixco Viejo, o miraba el mar verde de la selva desde la cima del Templo IV de Tikal. Una mañana calurosa, cuando observaba uno de los magníficos zoomorfos en Quiriguá, el Clarinero me dijo: “Rita podríamos tener decenas de luces encendidas en lugar de sólo Tikal, Uaxactún o Quiriguá”.

“No comprendo lo que me dices” respondí. “Me refiero a que en Guatemala tenemos decenas de ciudades mayas que son como luces apagadas que no hemos sabido encender. Siguen enterradas, abandonadas y salvajemente saqueadas. En algunos años no nos quedará nada”.

Permanecí en silencio. El Clarinero agregó: “Sueña cómo convertir esas ciudades en centros de cultura... Sueña a las selvas, que formaban parte de la vida del maya, como manantiales de vida que son respetadas”.

¡Entonces surgió el chispazo! ¿Por qué no imaginar que, así como Thompson buscaba nuevos valores que enriquecieran su vida, lo mismo buscan cientos de visitantes que viajan a los países de Oriente para aprender a meditar.

¿Por qué no imaginar que Guatemala se convierte en un destino mundial para aprender a reconectarse con la naturaleza? La unidad con el mundo natural fue uno de los principales valores en la vida del maya de ayer y sigue siéndolo en la vida del maya de hoy.

Cuando conocí al Dr. Arthur Demarest, hace ya tres años, supe que ese viejo sueño mío podía convertirse en realidad. Demarest está trabajando en un nuevo enfoque de la arqueología. El trabajo del arqueólogo tradicional no incluye la protección del sitio arqueológico ni de su entorno natural. Tampoco incluye apoyar el desarrollo de las comunidades vecinas al proyecto.

En Cancuén, el proyecto contempla el diseño de un parque arqueológico-ecológico (el centro cultural y el respeto a la selva) que para ser sostenible incluye a las aldeas asentadas en la zona. Demarest está retejiendo el sistema del maya antiguo donde el hombre, su ciudad y el mundo natural vuelven a estar unidos.

Otro gran avance que hace posible pensar que se puede realizar ese sueño, tiene que ver con los hallazgos que han sido revelados en el Simposio de Investigaciones Arqueológicas que se realizó en julio pasado. (Gracias al trabajo ad honorem de la comisión que lo organiza cada año, entre ellos, la Dra. Bárbara Arroyo, Juan Pedro Laporte, Héctor Escobedo Olga de Hazard).

Hoy podemos decir que las antiguas ciudades mayas han dejado de ser anónimas. Gracias al trabajo de notables epigrafistas y arqueólogos podemos conocer detalles de la vida diaria de las familias que vivieron en ellas.

Y una revelación más, que me indica que el sueño de reconectarnos con la naturaleza es posible en Guatemala, radica en que las lecciones del maya de ayer siguen vivas... podemos aprenderlas directamente, como una experiencia única, del maya de hoy.

Fuente: www.prensalibre.com


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