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Vergüenza guatemalteca
Por Rita María Roesch - Guatemala, 9 de septiembre de 2005

A la niñez y a las personas menores que son explotadas sexualmente se les mata el alma.

“¡Quién lo habría creído!,” pensé, cuando leí en los medios de prensa escrita, que el defensa de la selección de fútbol de Guatemala, Ángel Sanabria, tuvo la bajeza de violar a una niña de once años, dejarla embarazada y seguir su vida tranquilamente apañado por nuestra permisiva sociedad machista que trató de ocultar lo sucedido. ¡Qué vergüenza Guatemala!

Sin embargo, este terrible hecho ya trascendió a la opinión pública y lo de Sanabria confirma que, en Guatemala, ocurren innumerables violaciones sexuales a niñas, niños y adolescentes (por hombres de todos los estratos sociales) y los guatemaltecos no hacemos nada, ¡nada! para evitarlas ni condenarlas.

Las acciones delictivas de los violadores sexuales y de la red de explotadores sexuales de niñas, niños y adolescentes con fines comerciales que operan en todo el país permanecen en la más rampante impunidad.

La columna de hoy es un mensaje para los guatemaltecos (as) que respetan la vida en todas sus dimensiones y la fomentan en sus hogares, en sus trabajos, en las escuelas y en sus comunidades.

Va dirigido a los padres y madres de familia que aman, protegen, orientan y respetan a sus hijas e hijos. Es un llamado S.O.S para que no callemos y denunciemos cualquier agresión sexual.

Es urgente promover una cultura de rechazo al abuso sexual en contra de nuestra niñez y de personas menores de edad. La explotación sexual comercial de niñas, niños y adolescentes comprende, además, tomarles fotos de contenido sexual o erótico, hacer tomas para películas pornográficas y utilizarlos en espectáculos sexuales.

La explotación sexual comercial de niñas, niños y adolescentes en Guatemala, de acuerdo a la OIT-IPEC, va en aumento. Sin embargo, los chapines esconden la cabeza como el avestruz.

“No quieren ni ver, ni oir, ni hablar de eso”. ¿Por qué será? Entre las principales razones que reproducen y legitiman socialmente las violaciones sexuales y la explotación sexual comercial se debe a nuestra cultura machista.

Una muestra de ello, es la actitud demostrada por los señores diputados. Desde hace más de siete meses tienen en sus manos las reformas al Código Penal que tipifican como delitos graves las violaciones sexuales y la explotación sexual con fines comerciales en niñas, niños y adolescentes, y ésta es la hora que no han sido aprobadas.

A continuación cito solamente dos de los muchos dolorosos testimonios que ví en el video “La Sombra de la Región” producido por OIT-IPEC, (Oficina Internacional del Trabajo- Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil) sobre la explotación sexual comercial a que son sometidos, nuestras niñas, niños y adolescentes en Centroamérica y en la República Dominicana.

Una menor, llorando, dice: “Los clientes me pegan y me patean. A veces sacan hasta una pistola. Me da miedo que me maten” Otra niña narra: “Yo buscaba ayuda. Vi una patrulla y les pedí que me llevaran a un hogar. Los policías se desviaron del camino. Me golpearon, abusaron de mí y me dejaron tirada. Yo me quería morir”.

Los chapines no podemos permitir que Guatemala se convierta en una nación que sea un “paraíso” para pedófilos, turistas sexuales y guatemaltecos sin escrúpulos (todos merecen años de cárcel).

No podemos permitir que los violadores sexuales y los explotadores proliferen como un cáncer social. Es imprescindible sensibilizar a la población guatemalteca para que cobre conciencia que la visión patriarcal tradicional tan arraigada en nuestra cultura contribuye a la violencia intrafamiliar y atenta en contra de los derechos de la niñez y de la juventud.

Se sabe que las niñas o personas menores que son explotadas sexualmente con fines comerciales primero fueron violadas sexualmente por su padre, o su hermano, tío, primo, abuelo o vecino.

Para el “macho”, la niña, o la persona menor, es como la mujer. Es un “objeto que le pertenece” al hombre y que puede ser tomado como él quiere y cuando quiere.

Urgen sanciones efectivas para combatir este flagelo social que es intolerable. Si no lo hacemos, seremos cómplices del crimen al alma que se comete con tantas víctimas inocentes.

Fuente: www.prensalibre.com


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