Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 4 - 2007

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Esa odiosa violencia...
Por Rita María Roesch - Guatemala, 15 de junio de 2007

“¡Denunciemos el abuso sexual!”, exclamó el Clarinero.

Muchos guatemaltecos (as) creemos que el clima de violencia en que vivimos se debe sólo a los crímenes causados por armas de fuego, arma blanca, secuestros, asaltos… Sin embargo, hay otro tipo de violencia que no es visible y que aterroriza a nuestra niñez y juventud: el abuso sexual. Esa odiosa violencia también mata, porque destruye el corazón de la joven víctima. Esa odiosa violencia, usualmente, no ocurre en las calles o en los buses, sino en el seno íntimo del hogar o en las cálidas aulas de una escuela.

La terrible paradoja está en que el hogar y la escuela son dos espacios vitales para el aprendizaje y el desarrollo de un (a) niño (a), y es allí donde se le tortura. La joven víctima vive con un angustioso sentimiento de terror que marcará su vida para siempre. La Red para la Prevención y Atención del Maltrato y el Abuso Sexual a Niños, Niñas y Adolescentes en Guatemala realizó una investigación sobre el abuso sexual, con énfasis en el incesto, en los departamentos de Guatemala y Escuintla. Durante los años 2004 y 2005, el Ministerio Público recibió 976 denuncias de los municipios del departamento de Guatemala. “Y eso que no tenemos la cultura de la denuncia”, agregó el Clarinero.

Esa cifra es muestra de un comportamiento que debe visualizarse como un problema público. El abuso sexual debe declararse como un problema de salud pública y formar parte de la agenda de las autoridades locales. Deben establecerse acciones concretas que lo prevengan. En nuestra sociedad prevalece la creencia de que el abuso sexual, como el incesto, deben resolverse dentro de la esfera familiar.

La población guatemalteca percibe el abuso sexual como un hecho reprobable. Sin embargo, no reacciona. ¡No denuncia como debería hacerlo! Esta actitud alienta al abusador, que amedrenta más a su joven víctima. La madre de la víctima generalmente no tiene apoyo del padre (peor aún si éste es el agresor). Los vecinos de la comunidad lo comentan, pero no se atreven a intervenir. ¡No puede ser! Si queremos tener una niñez y juventud sana, tenemos que denunciar cualquier tipo de abuso sexual. Es un delito grave. A continuación comento algunas de las falsas creencias que existen en nuestro imaginario social.

1. Se cree que el abuso sexual y, en particular, el incesto, es mínimo. Los estudios realizados han comprobado que es una realidad muy presente en nuestra sociedad. 2. Que los abusadores son locos o enfermos sexuales. Se ha probado que no presentan trastornos psíquicos. 3. Que ocurre sólo en hogares de escasos recursos. El abuso sexual se presenta en todos los grupos sociales. 4. Que las niñas y jóvenes provocan el abuso. Es una excusa que persigue diluir la responsabilidad del abusador. 5. Que de nada sirve denunciar, porque la impunidad prima en el Estado. Es cierto. Hasta la fecha, siguen sin aprobarse en el Congreso las reformas a los códigos Penal y Procesal Penal, que tipifican el abuso sexual; sin embargo, a pesar de ese vacío legal, cuando la víctima se siente apoyada por un familiar y diversas agrupaciones de personas, la presión social obliga a las autoridades a seguir con el proceso.

Recuerdo que, en junio del año 2004, escribí varios artículos para apoyar al Movimiento de Mujeres del Petén, que se unió para apoyar a los padres de una niña que había sido violada por su maestro en ese departamento, en el año 2000. El 28 de junio del 2004, el maestro Rolando Teyul Ical fue condenado a 8 años inconmutables. Recientemente, Prensa Libre publicó el caso de una niña de 7 años que fue abusada por su maestro, Miguel Ixpaque, en la Escuela Guardia de Honor, en Villa Nueva.

La niña no temió contarle a su mamá lo sucedido (que aquél la había tirado al piso, quitado su ropa interior, tocado y besado). La señora habló con la asociación de madres de la escuela. Las madres reaccionaron indignadas y exigieron que se condujera a los tribunales al maestro abusador. Sin embargo, Ixpaque huyó.

Para que las denuncias prosperen, se necesita que existan familias que estén dispuestas a unirse como una comunidad que sea más fuerte que el abusador, y presione a las autoridades a cumplir con la ley.

Fuente: www.prensalibre.com


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.