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Medalla y Cruz
Por Ronalth Ochaeta - Guatemala, 26 de abril de 2005

La condecoración de la justicia que les faltaba fue impuesta. Mario Orantes recibió su “cruz” de culpable y con ella la confirmación de su crucifixión...

La condecoración de la justicia que les faltaba fue impuesta. Mario Orantes recibió su “cruz” de culpable y con ella la confirmación de su crucifixión, la misma que recibió Gestas en el Monte Sinaí. Los Lima recibieron medalla en el grado de “gran cruz” de culpables. La más alta condecoración que responsables de un crimen reciben por parte de la sociedad representada en el poder Judicial. Su complicidad y falta de colaboración en esclarecer el crimen selló su suerte. Sólo ellos saben las razones de su silencio.

A siete años de la infame ejecución del Obispo Gerardi, se hace justicia para un hombre leal y justo. La ignominia de la mentira no tiene cuatro patas y la luz de la verdad, parcialmente, llegó para todos. La alegría no es completa, pero da fuerzas para tener disposición de perdonar a quienes expresen su arrepentimiento e invocan el perdón.

La sentencia condenatoria debe satisfacer el trabajo realizado por la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala (ODHAG) con apoyo de la jerarquía católica. Por su parte los animadores de la Reconciliación sentirán reivindicado su esfuerzo de construir un mejor país. El movimiento social por los derechos humanos se fortalece y la comunidad internacional tiene otra luz señalando que su contribución para la Reforma de la Justicia no es algo bizantino.

Quienes seguimos de cerca el proceso judicial observamos que la mezquindad estuvo presente. El frío de la indiferencia, la insidia y la incomprensión, fueron acompañantes de la ODHAG en este escabroso camino, pero el carisma y presencia del espíritu de la obra y vida de monseñor Gerardi fueron más fuertes que los obstáculos. Las instituciones del Ministerio Público y del Poder Judicial, supieron sobreponerse cuando fueron alcanzados a las presiones de los poderes ocultos cuyos rostros más visibles, el de los Lima y Orantes, les persiguieron y amedrentaron como hicieron con abogados y testigos.

Con lógica contrainsurgente pretendieron dar un signo ideológico a la invocación por Justicia. Cual si fuera el tiempo de la monarquía francesa quisieron encasillar la elección de buscar justicia entre derecha e izquierda. Por si no fuera suficiente, una fallida campaña de marketing (operaciones psicológicas) pretendió demoler la ODHAG, la memoria de monseñor Gerardi, y desvirtuar la verdad para presentar a los acusados como inocentes.

De una manera hábil y perversa, al mejor estilo de una Fuerza de Tarea en campaña militar, se montó la estrategia mediática que buscó ganar la mente y el corazón de la gente. A su turno, periodistas extranjeros, columnistas y formadores de opinión, algunos neófitos en derecho y teoría procesal, otros personajes ligados a instituciones académicas, se esforzaban en construir el imaginario social que permitiera por presión, no sólo liberar a los Lima y Orantes, sino evitar que las luces de la justicia se enfoquen en su autor intelectual.

La estrategia nazi “¡miente, que algo queda!”, no logró revertir la verdad, la sentencia colegiada en primera y segunda instancia son claras e imperativas: culpables. Lo aberrante llegó a su clímax con los Collabos Vendu*, Maité Rico y De Lagrange apuntalaron esta estrategia a través de un libelo. Presumiblemente coludidos con quien la evidencia y declaraciones de Byron Lima Estrada apuntaría a ser el responsable intelectual de este horrible hecho de sangre.

Recordemos cómo desde la cárcel en entrevista a 'elPeriódico', Byron Lima Oliva manifestó que este caso era dinamita y que explotaría en el escritorio de un ex ministro de la Defensa, si no lo ayudaban. ¿Se referiría al mismo personaje que -en palabras de una académica y ex funcionaria del gobierno panista- dice, sorprendió al ex presidente Arzú y por lo cual posteriormente estaría deprimido? No lo sabremos en tanto los condenados no decidan romper su silencio. Lo cierto es que a cambio de la guarda y custodia de su secreto continuarán compensados con privilegios mientras purguen su condena en la cárcel.

Hay razones para pensar que otro ladrillo del muro de impunidad se cae. El Ministerio Público y el Poder Judicial edifican con creces un clima de confianza en que el ciudadano se sienta protegido. Hay camino por recorrer, pero la esperanza en la justicia crece en detrimento de la visión de que ésta es serpiente que muerde sólo al descalzo.

* Argot para referirse a los “collaborateurs” que se vendieron colaborando con los ocupantes nazi durante la Segunda Guerra Mundial en Francia bajo el régimen de Vichy, dirigido por el Pétain y la ocupación alemana.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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