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Los guatemaltecos no leemos
Por René Poitevin - Guatemala, Guatemala, 3 de junio de 2005

La incapacidad de expresarse evidencia confusión mental.

Cuando Giovanni Sartori publicó el libro Homo Videns en el año 1998, trazó las constantes de un mal que con la postmodernidad, cada vez se difunde más. El sociólogo italiano destacaba que el hecho de que no se lea o se lea cada vez menos y que la lectura de libros se sustituya por la lectura abreviada de cortos mensajes en la red o en las pantallas de los teléfonos celulares, produce de hecho una alteración en la capacidad de abstracción y razonamiento. Este fenómeno se ve además facilitado por la contracción del tiempo, pero no como una paradoja física, sino debida al acelerado ritmo de vida que provoca que nuestras acciones se sobrepongan unas a otras de manera desordenada.

Es decir, la galaxia Gutemberg reposaba sobre ciertas destrezas y formas de pensamiento que ahora lo menos que podemos decir es que se están alterando.

Planteo esto porque es sin duda un reto y una preocupación que la postmodernidad nos trae, pero en el caso de Guatemala, resulta que en este aspecto, ni siquiera hemos alcanzado la modernidad y sus bondades, y ya estamos sumidos en los vicios y defectos de la postmodernidad.

En Guatemala, tenemos un grave déficit de lectura debido al analfabetismo real y funcional. Aquí la “educación” se ha convertido en transmisión de datos e ideas sueltas e inconexas, que dañan o imposibilitan la capacidad de razonar a secas, ya no digamos en forma crítica. Esto se hace aún más evidente cuando tomamos conciencia de las grandes dificultades que muestra el guatemalteco para expresarse con claridad. Es común recurrir a muletillas, proferir disparates, empobrecer el lenguaje, atropellar la lógica, no terminar las frases y escupir vocablos inconexos, que si los analizamos no sabremos si ponernos a reír o llorar. Baste, para el lector avisado, sintonizar la radio o encender la televisión, para escuchar un rosario de sandeces, en especial en aquellos programas en que el público se expresa. Aclaro que no es un simple prurito formalista, sino que se trata de que el idioma es el vehículo del pensamiento, y que la incapacidad de expresarse claramente, evidencia confusión mental. Y este es el problema de fondo.

Ya sabemos los problemas que en nuestra sociedad tenemos con la lectura, no sólo como ejercicio y medio idóneo y necesario de formación, información y comunicación, sino especialmente como medio de superación intelectual. A esta problemática, se suma ahora la postmodernidad y el desprecio por la lectura, considerada no sólo por los jóvenes sino por la mayoría, como ardua y tediosa actividad, especialmente por no ser rentable, ya que en estos días no se valora el conocimiento sino la información encapsulada, el “tip” que pueda garantizar el lucro.

Por todas estas razones, creemos que los esfuerzos que lleva adelante el Ministerio de Educación por revalorizar la lectura son pertinentes, importantes y necesarios.

Ahora bien, de la capacidad crítica mejor hablamos en otra ocasión, paciente lector.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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