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El neo-oscurantismo
Por René Poitevin - Guatemala, Guatemala, septiembre de 2005

El niño pálido y tímido, que anda por ahí con su cabra.

En estos tiempos, es de tal magnitud el cúmulo de hechos atroces que se pueden observar en el panorama internacional, y sus respectivas consecuencias en lo nacional, que en muchos círculos académicos de Estados Unidos y Europa se empieza a hablar del neooscurantismo, como la etapa actual del neoliberalismo, con su cauda de consecuencias absurdas y monstruosas tanto en el plano social como el político.

En primer lugar, debemos recordar que hacemos referencia a ese período histórico por el que transitó Europa, después de la caída del Imperio Romano y las sucesivas invasiones de los bárbaros, que tuvieron como principales características: el desorden social y político; la ausencia de autoridad central; la proliferación de hordas de delincuentes y el florecimiento de creencias y supersticiones absurdas; el eclipse del pensamiento filosófico y los rudimentos de la ciencia que existían a la fecha; la decadencia del arte; la elevación de la ignorancia a dogma y la proliferación de falsos profetas religiosos, entre otras. Desde luego, las similitudes con nuestros tiempos, son obvias, salvadas las distancias.

No fue sino después de muchos siglos, que se restableció un orden, impuesto a sangre y fuego por monarcas y se fue forjando el Estado y la nación, los cuales perduran hasta nuestros tiempos con diferentes signos y características.

En segundo lugar, se constata que hoy, después de veinte o treinta años de aplicar doctrinas y dogmas neoliberales, las consecuencias nefastas no solamente son ya inocultables sino además, de tal gravedad, que no es exagerado pensar que con el fracaso del neoliberalismo entramos en un periodo histórico de clara descomposición económica y de civilización.

Hasta hace poco, una idea que sustentaban por igual las utopías y discursos políticos de derechas e izquierdas, era la creencia en que por diversos métodos y apoyados por el desarrollo científico y tecnológico, la humanidad si bien no podría eliminar del todo la pobreza, la llevaría a límites mínimos y tolerables dentro de cada país, en el marco del capitalismo que quedaba como el sistema económico absolutamente hegemónico y globalizado. Sin embargo, según datos de Naciones Unidas, en los breves momentos en que usted lee estas líneas, han muerto varias personas, por causas relacionadas con el hambre. Es más, cada tres (3) segundos muere de hambre un niño. Todos sabemos que la pobreza en el mundo aumenta y que además se hace cada vez más crítica y profunda, a la par que aumenta también de manera dramática la desigualdad entre los que son cada vez más ricos y los que son cada vez más pobres. En estas circunstancias uno no puede sino reconocer que algo anda muy mal, y que un sistema para desarrollarse y para que prospere algo menos de un tercio de la humanidad hace necesario que el resto, o sea la gran mayoría, mantenga y acreciente su estado de pobreza.

Podrán darse muchas explicaciones, y seguramente habrá quienes traten de justificarlo porque para eso existe siempre esa estirpe canalla, de los llamados “intelectuales orgánicos” o defensores interesados y simplistas del fundamentalismo y del orden establecido, pero detrás de todo está la verdad inocultable, que moral y políticamente es más que inaceptable.

La política neoliberal ha aumentado la pobreza en EE.UU.

La tercera característica de la aplicación del neoliberalismo como dogma ha sido el debilitamiento del Estado y con esto, se ha puesto en entredicho el orden social. La globalización y las compañías transnacionales, cada día, con desprecio, atropellan a pequeños y medianos Estados y promueven sin descanso la espiral del absurdo: un mercado con absoluta libertad, es decir sin freno, orden o concierto. Es la lógica demencial del más listo, del más corrupto o del más “emprendedor de lo que sea”.

La tragedia del huracán Katrina ha puesto al desnudo no sólo la turbidez de los razonamientos de Mr. Bush, sino hasta qué punto sus acciones han sido nefastas y atentan incluso en contra de los ciudadanos de los Estados Unidos. Mucha tinta ha corrido para demostrar que la desorganización del Estado norteamericano, su pertinaz achicamiento; su erróneo trastrocamiento administrativo al privilegiar la lógica de la guerra externa y de la amenaza terrorista, unidos al empecinamiento de negarse a firmar el protocolo de Kyoto por defender intereses particulares, han puesto en evidencia, que no hay Estado cuando más se necesita, así se trate del país bélicamente más poderoso del planeta, que no pudo responder con eficacia a una catástrofe natural de gran magnitud.

La política neoliberal desde Reagan hasta Mr. Bush jr., ha aumentado la pobreza en Estados Unidos hasta el punto que hoy es ya el 13 por ciento de la población, y esa cifra no deja de crecer. Como dice el periodista Miguel Ángel Benestier, el neoliberalismo no sirve para defender al ciudadano y el Estado es todavía insustituible. Ante esto, no podemos dejar de pensar en nuestra realidad y la enorme amenaza de la violencia y narcoactividad, que aunque brutal, apenas está comenzando a hacerse sentir. En tal situación, no podemos menos que reclamar más Estado, y claro está no sólo policial y represivo sino democrático, social y preventivo.

Finalmente otro aspecto que hace necesario relacionar el neoliberalismo con el neo-oscurantismo, es el estigma de barbarie asociada al desprecio y clara negación de la ciencia. ¡Y vaya si no la actitud de Mr. Bush respecto de la investigación con células madre o su respaldo al creacionismo!, son un culto a la estupidez y la vulgaridad que se promueven consistentemente como producto “cultural” válido, ¡porque el mercado las cobija! La conversión de lo intelectual y del pensamiento analítico en antivalores y su reemplazo por productos light, por epígonos mediáticos de pacotilla, no son sino evidencias de un mal mayor: el resurgimiento de los fundamentalismos de índole religiosa, étnica o doctrinaria que, claro está, no son sino expresión de la ignorancia y la falta de pensamiento riguroso.

Fuente: www.elperiodico.com.gt -13-160905


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