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La reactivación necesaria y posible
Por Ricardo Rosales Román - Guatemala, 25 de agosto de 2004
rosalesarroyo@intelnet.net.gt

A Laura, mi nieta

Para quienes en algún momento pensaron que el gobierno del presidente Berger no era un gobierno de los ricos, para los ricos y en beneficio de los ricos, es decir, un gobierno pro oligárquico, quizás ahora puedan disponer de mayores elementos para saber que así es y a qué atenerse. Vamos por partes.

1. - El Organismo Ejecutivo necesitó siete meses para disponer de un proyecto de reactivación económica y social. Lo primero que esto confirma es que cuando el actual mandatario llegó a la presidencia de la República no contaba con un plan de gobierno y de lo que disponía era de promesas y más promesas resumidas en el eslogan de que con Berger ganábamos todos. No era textualmente así como se presentaba la publicidad del actual presidente, pero es así como corresponde ponerlo en un artículo como éste y empezar diciendo que no somos todos los que vamos a salir ganando sino sólo unos cuantos privilegiados que apoyan al Gobierno. La anunciada reactivación económica y social es un plan concebido en esa dirección, no en otra.

Con el plan de reactivación económica y social planteado se confirma, además, que en Guatemala lo que sigue predominando es el coyunturalismo, y que si se planifica --y esto es ya decir mucho-- es para salir del paso sin la menor visión de mediano y largo plazo. De ello resulta, entonces, que es casi seguro que el gobierno que "sea electo" en el 2007 lo primero que va a hacer es tirar por la borda este plan y si es que se da la eventualidad de un continuismo de la actual gestión gubernamental, los ideólogos, tecnócratas y burócratas de la oligarquía local tendrían que montar la continuidad de su gestión sobre los despojos de un proyecto que se quedará en eso, en un proyecto y nada más que en eso. Esto es sólo una parte de un problema mayor.

Institucionalmente el país carece de una política de Estado capaz de asegurar la continuidad de la gestión pública. Hasta ahora no ha habido una fuerza política que al llegar al poder sea capaz de articular un proyecto de tal trascendencia, sea por su propia debilidad política, su falta de competencia o por ambas razones a la vez. La reactivación económica y social del país no se va a lograr siguiendo la ruta trazada en el plan gubernamental en cuestión. Este plan ahondará aún más la brecha social que separa a los ricos de los pobres y servirá para que unos cuantos acumulen mucho más riqueza y poder. La inmensa mayoría de la población, en el mejor de los casos, seguirá estando como hasta ahora y, en el peor de ellos, tenderá a ser mucho más pobre, marginada y excluida de los beneficios sociales.

Una real, efectiva y verdadera reactivación económica y social tendría que asentarse y tratar de apuntalar estructuras en proceso de transformación profunda y estar dirigida a fin de que los beneficios sociales de la gestión gubernamental se distribuyan equitativamente y no se compartan sobre la base de la desigualdad, los privilegios y la exclusión. La pobreza, el atraso, la miseria, el desempleo, la insalubridad, el rezago educacional y la falta de seguridad ciudadana son, entre otros, males que corresponden a caducas y obsoletas estructuras económico-sociales y es, a su vez, sobre estas caducas y obsoletas estructuras que se asienta el sistema de opresión y explotación prevaleciente en el país y que también hay que cambiar.

Los gobiernos anticomunistas, conservadores, reaccionarios, contrainsurgentes y pro oligárquicos que han estado en el poder desde 1954 para acá no han podido ni querido acabar con esas caducas y obsoletas estructuras y menos intentado eliminar el régimen de opresión y explotación prevaleciente. Hubieran dejado de ser lo que hasta ahora han sido. Y es por ello que han fracasado y condenado al país a que esté entre las naciones de mayor rezago social, atraso económico y fragilidad institucional. Un país así y con gobiernos así no va a avanzar, desarrollarse y progresar. Puede decirse que es un proceso de expansión de las carencias y rezagos económicos y sociales para la mayoría de la población y de concentración de la riqueza y las utilidades en manos de unos cuantos.

Guatemala en lo económico, social e institucional está como en un hoyo del que ni gobiernos como el actual ni proyectos reformistas van a poder sacar. No quiero decir con ello que el plan de reactivación económica y social sea un proyecto reformista. Ni a eso se aproxima. Este plan puede definirse sin ninguna exageración como un plan pro oligárquico, conservador y reaccionario. No es lo que el país necesita.

2. - En reiteradas oportunidades he dicho y sostenido que para que un plan o un proyecto tenga perspectiva real de lograr alcanzar lo que se plantea o propone tiene que contar con una fuerza política capaz de llevarlo hasta sus últimas consecuencias. Esto no sucede con el plan de reactivación económica y social planteado. La razón es muy sencilla. El gobierno del presidente Berger no tiene tras de sí esa fuerza política capaz de llevarlo adelante. El contingente electoral que llegó a capitalizar durante las votaciones del 2003 me atrevo a decir que tiende a reducirse a su mínima expresión. Además, es un plan cuyas bases en que se asienta lo hacen objetivamente hablando inviable. La reactivación económica y social proyectada se asienta sobre planteamientos de lo más vagos como decir que será una reactivación para comprometer a todos los guatemaltecos en el esfuerzo porque Guatemala "crezca y compita". Eso sigue sonando a campaña electoral y no a un planteamiento programático serio.

Con la información tan deficiente con que se cuenta sobre el plan, es muy difícil que con seriedad pueda pensarse que los sectores mayoritarios de la población lo van a secundar y hacerlo suyo. Es una abstracción. Pero, además, es que no puede secundarse ni hacerse suyo un plan que en nada va a beneficiar a esas mayorías. Para lo que servirá es para apuntalar el proyecto de privatización y concesiones de los bienes del Estado. Dicho en otras palabras: el plan buscará la profundización del proyecto neoliberal de globalización de la economía en beneficio de los ricos locales, las grandes transnacionales y en interés de la metrópoli imperial.

Tal como está concebido el plan y por los objetivos que delinea, resulta difícil hacerse a la idea de que se va a "abatir la pobreza" y "disminuir la exclusión". Ello, en las condiciones propias del país y la situación que impera en el área centroamericana, es algo más que imposible. La reactivación necesaria y posible tendría que arrancar de otras premisas y concebirse como el instrumento llamado a producir los cambios económicos, sociales, políticos e institucionales profundos que el país necesita. En lo económico, social, político e institucional, lo que cuenta son los intereses de clase en juego. Así como los Acuerdos de Paz en manos de un gobierno pro oligárquico se desnaturalizan y se les desvirtúa en su contenido sustantivo, así también el plan de reactivación económica y social no puede dejar de verse como un plan que corresponde a los intereses de clase que el gobierno del presidente Berger representa.

3. - En los últimos 50 años las fuerzas conservadoras y reaccionarias han tenido el control del poder. Dudo que hayan sabido dirigirlo. Pareciera ser este un período ya muy prolongado pero no hay que verlo así. El problema está en que en la medida que pasan los años y que un gobierno sucede a otro, por circunstancias y factores muy concretos y específicos y que habrá que examinar en su momento, en Guatemala no se ha configurado y definido la fuerza alternativa revolucionaria real de poder. Esta es la cuestión principal. No se trata de algo impensable de alcanzar. Es una tarea muy concreta que además de voluntad política requiere de decisión política. Es un esfuerzo organizativo, ideológico y político que unifique y cohesione fuerzas y sectores a la vez que supere todo tipo de desviaciones de derecha y de "izquierda", el acomodamiento y oportunismo en que han caído la mayor parte de las dirigencias del movimiento social, popular y sindical y la fuerza principal llamada a estar al centro de este gran esfuerzo nacional.

En ese marco --y para empezar-- es posible lograr: a) una reforma a fondo del Estado y sus instituciones; b) la transformación y cambio radical de las caducas y obsoletas estructuras económicas y sociales; y, c) instaurar un verdadero y real Estado social de derecho en una nación multiétnica, pluriculural y multilingüe y una democracia real y participativa. Es así como se va a lograr que el país deje de ir a la deriva y se gobierne con honestidad, seriedad, responsabilidad y eficientemente. ¿Idealismo?... tal vez. Pero también --y desde luego-- una necesidad urgente e impostergable.

Tomado del diario La Hora - www.lahora.com.gt


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